Hazañas bélicas
¿Cuáles son los objetivos de esta guerra? Pues ninguno, uno, muchos, quién sabe


El programa nuclear iraní había sido destruido, según la Casa Blanca, en junio de 2025. Había que intervenir en Irán en febrero de 2026 porque estaba a punto de alcanzar la capacidad nuclear. La operación estaba siendo un éxito asombroso. No se sabía quién iba a ser el siguiente líder porque había algunos candidatos pero resulta que los habíamos matado. Había otros, pero quizá los habíamos matado también. ¿Quién iba a pensar que Irán iba a cerrar el estrecho de Ormuz si, como recuerda Ángeles Espinosa, la doctrina de guerra naval asimétrica de la Guardia Revolucionaria incluye desde hace 30 años la advertencia de que “si Irán es atacado, el estrecho no será seguro”? ¿Quién podría pensar que fuera imposible provocar un cambio de régimen con bombardeos aéreos cuando ese cambio había resultado imposible cada vez que se había intentado? ¿Y menos cuando llevaba tiempo preparándose para algo así? ¿Quién podía concebir que un ejército menos poderoso pudiera detener a uno más capacitado? ¿Cuándo había pasado en la historia? Desde luego nadie podía imaginar, después de unos años de guerra en Ucrania, que drones baratos fueran capaces de causar problemas a una potente máquina de guerra. Y mucho menos que una intervención tuviera consecuencias inesperadas. ¿Cuáles eran los objetivos de la guerra? Pues ninguno, uno, muchos, quién sabe. Pero ahora uno de los objetivos de la guerra era conseguir abrir el estrecho de Ormuz, que estaba abierto antes de iniciar la guerra. El broker del secretario de Defensa intentó invertir en defensa poco antes del ataque a Irán, según el Financial Times. El posible uso de información privilegiada le llevó a escoger un fondo que perdió dinero: tiene mérito. “No habría ningún problema en el estrecho si no fuera porque Irán dispara”, argumentó el secretario de Defensa, en modo Trampa 22. Una de las consecuencias de la guerra sería el aumento del precio de productos que vendían adversarios y enemigos. Otro de los efectos de la contienda era levantar las sanciones sobre el petróleo del país contra el que se estaba combatiendo. El presidente apuntaba “mejor digo operación militar”, porque una guerra requeriría la aprobación del Congreso. Estábamos a punto del pacto o del apocalipsis (para el enemigo). A punto del acuerdo o de bombardear las desalinizadoras. Cuando un periodista preguntó si anunciaban crímenes de guerra, la secretaria de Prensa le reprochó que sus preguntas se las pasaran “expertos”. Uno de los objetivos de la guerra ahora es salir como sea, aunque el estrecho de Ormuz siga cerrado.
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