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EDITORIAL

Señales desde Italia

El revés sufrido en las urnas por la reforma judicial de Giorgia Meloni demuestra que el discurso ultra también tiene un límite para los ciudadanos

Meloni votaba el día 23 en Roma en el referéndum sobre la reforma judicial. DPA / Europa Press

Algo se ha movido en Italia. Giorgia Meloni, la primera ministra ultraderechista, sufrió una contundente derrota en las urnas en el polémico referéndum celebrado hace una semana en el que proponía reformar la Constitución para modificar las carreras de los integrantes del poder judicial. Según los críticos con la reforma, de ese modo quedaría gravemente mermada la independencia de uno de los pilares del Estado democrático. Los ciudadanos italianos compartieron esta visión, y el 53,7% —más de 14 millones de votantes— rechazó la medida y propinó a la líder de Hermanos de Italia su primera gran derrota en las urnas desde que llegó a la jefatura del Gobierno en 2022.

La líder populista se había embarcado en una reforma legislativa que, lejos de ser original, sigue la misma deriva por la que han optado gobiernos afines ideológicamente en otras democracias del planeta: intentar minar la independencia de los jueces para extender sin cortapisas el poder del Ejecutivo. La polémica estaba servida desde el primer momento, pero, por si hubiera dudas, Giusi Bartolozzi, jefa de gabinete del Ministerio de Justicia —e implicada en la irregular puesta en libertad de un militar libio acusado de crímenes contra la humanidad— insultó a los jueces tachándolos de “pelotón de ejecución” y anunció que, de vencer en el referéndum, los echarían a todos.

Esa arrogante forma de actuar en una democracia terminó de despertar a una opinión pública cada vez más recelosa del papel que gustosamente ha jugado Meloni como interlocutora privilegiada en Europa de la internacional ultraderechista y de Donald Trump, que confunden los insultos con argumentos. Las masivas protestas en las calles italianas contra la guerra de Gaza y el ataque injustificado a Irán ya eran por sí solos la demostración evidente de que la fascinación del electorado ante el discurso populista de su primera ministra se estaba quebrando. Los números lo reflejan: en pocas semanas, pasó de prever que ganaría el referéndum por 10 puntos a perderlo por casi ocho. Y no se trata solo de que los jóvenes y el sur del país votaran en masa en contra, sino que además, según las encuestas, se produjo una fuga hacia el no entre los votantes de los tres partidos de la derecha, alcanzando incluso el 23% en la xenófoba Liga del vice primer ministro Matteo Salvini.

Las dimisiones posteriores de la citada Bartolozzi, de la ministra de Turismo, Daniela Santanchè —con dos causas abiertas por falsedad contable y estafa a la Seguridad Social—, y del subsecretario de Justicia, Andrea del Mastro —tras conocerse su relación con un mafioso—, probablemente no le bastarán a Meloni por sí solas para recuperar a un electorado que ha demostrado que incluso el discurso ultra tiene un límite. Y que ha mandado una señal de lo que puede ocurrir en las legislativas previstas para septiembre del año que viene.

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