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COLUMNA

Alicante Nostra

Se vive en, por y para la calle. Viva la vida mediterránea. El problema surge cuando hay quien se toma la calle, que es de todos, como si fuera su casa a todos los efectos, fastidie a quien fastidie

Pistas de pádel y piscina en la urbanización de vivienda protegida Les Naus, en la playa de San Juan, Alicante.Joaquín de Haro

En Alicante, habla una alicantina, se vive en, por y para la calle. Todas las preposiciones sirven para unir la ciudad y la vía pública en un lugar donde hay más días de sol que motocicletas, todo el mundo lleva unas sillas y una mesa de playa en el maletero del coche por si acaso, y darle cuartelillo a una horchata a la fresca es el plan nuestro de cada noche para todas las edades y clases sociales. Nada que objetar. Viva el estilo de vida mediterráneo. El problema viene cuando hay quien se toma la calle, que es de todos, por su casa a todos los efectos, joda a quien joda. Lo sé porque he visto cosas que no creeríais. Desde a una familia de dos docenas de miembros plantar un toldo de una hectárea en el césped de una rotonda para comerse la mona de Pascua a gusto, a señoras atalajadas cual damas de Elche plantarse con todo su papo en la única plaza de aparcamiento libre para guardásela al marido y no quitarse ni con grúa. Por no hablar de mis vecinos del narcobajo de mi barrio que, por Navidades, plantan una carpa de esas de boda con flamenco a todo trapo y, en verano, un castillo hinchable con piscina para que se refresquen los críos en la mismísima acera. Lo público, como es de todos, es suyo, así que tonto el último y los demás, que arreen, piensan. Como todos esos que compraron un terrenico en el campo con un chamizo de aperos, fueron ampliando hasta tener el casoplón con piscina y, ya nuevos ricos, exigieron al Ayuntamiento, el alcantarillado, el colegio y el centro de estética, servicios mínimos esenciales, y que se mueran los pobres y los feos.

Rumiaba una todo esto a propósito del escándalo de las viviendas de protección pública a tiro de frisbee del cogollito más pijo de la playa de San Juan, que se han autoadjudicado a dedo ciertos munícipes de Alicante. Según la propia policía local, dos de cada tres adjudicatarios no son los vecinos humildes a quienes iban destinadas, sino hijos, sobrinos, primos, hermanos, suegros y demás familia de ciertos jerarcas y peces gordos de esa pecera, sean notarios, cryptobros o influencers. La investigación sigue en marcha y ya van varios dimitidos. Pocos me parecen. Yo los ponía de ninots en las Hogueras y no los indultaba ni loca. Serán más pijos y más finos, pero no son distintos, ni mejores ni menos ladrones que mis vecinos de las carpas y los hinchables. Al menos, ellos los pagan con su dinero, por muy negro que sea, y no esquilmando fondos públicos en la jeta del alcalde. Nunca me harán hija predilecta.

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