La extrema derecha francesa y el cuento de la princesa
Jordan Bardella, una “cáscara vacía” moldeada a golpe de ‘storytelling’, ha operado un sorprendente giro comunicativo al alimentar los rumores de su relación con María Carolina de Borbón de las Dos Sicilias


Jordan Bardella nunca deja nada al azar. Cada palabra, gesto, sonrisa, cita de un libro ―que, por lo general, no ha leído― o anécdota familiar es ensayado, calculado al milímetro. Por muy alto que vuele en las encuestas, el miedo a cometer un faux pas que le obligue a quitarse la máscara no abandona jamás al gran favorito de las presidenciales de 2027, cuya carrera meteórica ha sido moldeada a golpe de media training para “transformar la concha vacía en un facha simpático”, en palabras de su exasesor en comunicación, Pascal Humeau. La obsesión llega a tal punto que el delfín de Marine Le Pen habría empleado 130.300 euros de fondos del Parlamento Europeo destinados a la formación de los eurodiputados del Reagrupamiento Nacional (RN) para pagar servicios destinados a moldear su imagen de cara a las presidenciales de 2022: el caso está en manos de la Fiscalía después de que su antiguo spin doctor revelara en noviembre el fraude en Le Canard Enchaîné. Por ese motivo, no han sido pocos en la prensa francesa los que se han preguntado cuáles eran las intenciones de Bardella cuando se dejó ver, hace unas semanas, acompañado nada menos que de la princesa María Carolina de Borbón de las Dos Sicilias.
Las imágenes de ambos subiéndose a un coche ya caída la noche a la salida del Grand Palais, donde el diario conservador Le Figaro celebró su bicentenario, se hicieron instantáneamente virales en las redes galas y fueron ampliamente comentadas en la prensa italiana, que vio en ellas la confirmación de un posible romance. Una información que, hasta la fecha, Bardella no ha desmentido, manteniéndose incluso deliberadamente ambiguo, y alimentando de facto no solo, naturalmente, titulares en la prensa rosa sino también cabeceras como Le Monde. “Al mostrarse con una heredera real, Bardella corre el riesgo de empañar su imagen”, pronosticaba el diario hace unos días, sin llegar a entender muy bien qué estrategia subyace a esta operación de comunicación en plena revuelta de los agricultores.
🔴⚡Info @lemondefr Pendant que les agriculteurs manifestaient contre le Mercosur, @J_Bardella traînait avec la fille de Charles de Bourbon, héritière d'une famille royale Italienne.pic.twitter.com/of0kfievF2
— Victoire Populaire 2027 🔴🟣🟢 (@NupesNews) January 16, 2026
La imparable ascensión del siempre impecablemente trajeado Bardella en el RN y en el corazón de los franceses es inseparable del storytelling que el treintañero se ha forjado a lo largo de su corta carrera: el de un chaval sencillo, proveniente de una familia de inmigrantes italianos humildes, criado en la banlieue, y que vivió en sus carnes las escaseces de las que hablan sus votantes, esos ciudadanos invisibles que las élites desprecian. Un relato en buena parte falso, como han demostrado varias investigaciones periodísticas: aunque vivió con su madre en Saint-Denis tras el divorcio de sus padres, su progenitor, pequeño empresario, no dejó de sostener económicamente a la familia, ofreciendo a su hijo —que nunca tuvo que trabajar hasta entrar en política— un Smart con 19 años y un piso con 20. Pero por muy manipulado que sea, el cuento ha calado en su electorado.
Las redes sociales de María Carolina de Borbón de las Dos Sicilias, duquesa de Calabria y de Palermo, cuya fortuna se estima en varios millones de euros, son pura ostentación del lujo. Paseos en yates, sesiones de fotos en hoteles de cinco estrellas, fines de semana en la exclusiva estación de esquí de Saint-Moritz en Suiza, y una colección de bolsos ―de Hermés a Dior― que valen lo que una votante de Bardella gana en un año pueblan el perfil de la princesa influencer (192.000 seguidores en Instagram), cuya familia fue invitada en marzo de 2018 a Mar-a-Lago por Donald Trump, entonces recién elegido. De confirmarse la relación, ¿qué giro comunicativo va a operar el político para defender lo que a todas luces parece una traición a sus valores, y convencer a sus seguidores de que no se ha pasado del lado del mal?
El gran trilero de la política gala ya no es el plan b: Marine Le Pen, a menos que ocurra un milagro judicial, está prácticamente descartada para la carrera a las presidenciales. Bardella, cuyo entorno ha destacado su fascinación por el dinero y los círculos de poder, su gusto por los restaurantes caros y eventos mundanos, tiene la vista puesta en la conquista del Elíseo. Y para ello parece haber abandonado el modelo encarnado por Le Pen, que a pesar de su patrimonio familiar siempre había jugado la carta de la austeridad y de la hostilidad hacia las élites, para abrazar una estrategia más propia de Sarkozy. En su candidatura de 2007, el que sería posteriormente apodado el président bling bling asumió con total descaro la defensa de “la France d´en bas”, “la que madruga para ir a trabajar”, a la vez que ostentaba su afición al lujo y su cercanía con las grandes fortunas. Aún no existían las redes sociales, pero el alcalde del muy selecto Neuilly-sur-Seine, inspirado en Berlusconi, supo como nadie instrumentalizar el deseo aspiracional de las clases medias y populares. A casi un año de las presidenciales, queda por ver si Bardella, esa “cáscara vacía” incapaz de salirse del guion, conseguirá reeditar la hazaña de Sarkozy sin su experiencia política ni un atisbo de su talento.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































