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Red de Redes
Columna
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La conspiranoia contra Kate Middleton

¿Está en coma? ¿Ha muerto y la reemplazará una doble? Alejada de los focos desde diciembre por una cirugía, en redes se especula, por las risas, con su estado vital

Kate Middleton
Kate Middleton, en octubre de 2023, en Nottingham.Samir Hussein (Getty)

Algo pasa con Kate Middleton. La princesa de Gales lleva alejada de los focos desde el 25 de diciembre. Desde el palacio de Kensington se ha informado de que el pasado 16 de enero se sometió a “una cirugía abdominal planificada” que se resolvió con éxito. También se advirtió de que Middleton permanecería dos semanas hospitalizada antes de regresar a casa para seguir con la recuperación y que no retomaría su calendario de apariciones hasta finales de marzo. A la conversación de redes, esta explicación le da absolutamente igual. ¿Una justificación lógica a una ausencia? Ni interesa ni importa. La verdad, en redes, no es verosímil porque en esencia es algo mucho peor: aburridísima. Así que, por las risas, no se ha hecho otra cosa que especular con el estado vital de la princesa.

La gente está convencida de que todo va terriblemente mal con Middleton. Y no hablamos de opiniones tímidas. Son afirmaciones con alcance global, tal y como recoge la etiqueta #WhereIsKateMiddleton. La conspiranoia sobre este lapso ausente de la princesa no conoce límites de ingenio o provocación y se ha convertido en uno de los entretenimientos más audaces en lo que llevamos de 2024. De Middleton se ha dicho que está en coma. Que su matrimonio se ha roto por culpa de los supuestos escarceos sexuales de Guillermo y que por eso está en paradero desconocido (en X abundan los montajes a lo Rosamund Pike y Ben Affleck en la película Perdida). Que ha muerto y la reemplazará una doble de cuerpo —una teoría algo vaga por repetitiva, ya que esa trama sirvió para especular con Avril Lavigne o Melania Trump—. Que se cortó mal el flequillo y está esperando a que le vuelva a crecer. Que está superando una cirugía estética que salió regular. Que participó en ese fiasco que fue hace unos días la experiencia Willy Wonka en Glasgow. Tal ha sido el nivel especulativo y delirante con su persona que fuentes de Kensington han insistido a la revista People en que la princesa “sigue estando bien”.

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Nada de esto debería sorprendernos. La conspiranoia está tan cómoda en nuestras vidas que hasta hemos normalizado que aquel tío nuestro que se hizo Facebook inocentemente hace una década para ver las fotos familiares haya acabado convertido en antivacunas. Pero si algo sorprende en el género paranoico y delirante que nunca cansa a la conversación digital es su capacidad de mutación (y su sentido del humor). No tiene las mismas connotaciones sociales o políticas el #Pizzagate (del que se valió políticamente Donald Trump) con jugar a dónde está Kate Middleton. Pero si algo conecta a todas estas teorías, tal y como cuenta el filósofo Pepe Tesoro en el reciente y estimulante ensayo Los mismos malvados de siempre: una teoría de las teorías de la conspiración (Ediciones Pensamiento), es que todas nacen fruto de la crisis de información y del perfeccionamiento de las tecnologías que nos la ofrecen.

Rescatando la teoría del “mapa cognitivo del pobre”, Tesoro recuerda que la información es poder y que entre nosotros están los “cognícratas” (quienes poseen acceso a la información para procesarla) y el “cognitariado” (los que carecen de una cosa y de la otra). La conspiranoia, como aclara, no es solo una búsqueda de respuestas a un mundo complejo y cambiante. Es una reacción que se siente válida en un planeta cada vez más desigual, violento y enfermo. Un sistema donde se degradan las condiciones materiales de quienes lo habitamos, provocándonos desorientación y poca capacidad de reacción. Como él mismo resume: “No necesitas una explicación del mal cuando el mal está ausente de tu vida”. De ahí que nos fascinen y repliquemos, aunque la gran mayoría no nos la creamos, todas las fantasías de las conspiranoias.

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