_
_
_
_
_
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Sobre arrieros, conserjes e inteligencia artificial

No hace falta tener acabada la primaria para comprender que el desarrollo de la IA es imparable y que si aún queda un resto de inteligencia natural convendría aprovecharlo para no quedar rezagado

ChatGPT
Una mujer utiliza en su portátil la aplicación de inteligencia artificial ChatGPT.ALEX ONCIU

La inteligencia artificial, con sus ramificaciones en materia de producción e innovación, se ha convertido en uno de los motores principales de la economía mundial. Lo expuso días atrás Jensen Huang, director ejecutivo de la empresa de elaboración de chips Nvidia. La demanda y las inversiones crecen a ritmo acelerado, y no son pocos los expertos que asocian esta nueva tecnología con cambios de enorme magnitud en los modos de vida de la especie humana. Huang se refirió en su intervención a la inteligencia artificial generativa, por tanto, a programas capaces de crear a partir de órdenes sencillas textos, imágenes o películas. No hace falta tener acabada la primaria para comprender que este desarrollo es imparable y que si aún queda un resto de inteligencia natural convendría aprovecharlo para no quedar rezagado esperando que otros inventen, regulen y copen los beneficios, por más que sea comprensible cierta incertidumbre cada vez que surgen inventos de fuerte impacto social. Hace unas décadas circuló un librito titulado, si mal no recuerdo, Poemas escritos con computadora. Hubo revuelo de poetas despechados ante la idea de que una máquina pudiera sustituirlos, incluso con garantías de calidad. Ese temor es antiguo y persiste. La imprenta reemplazó a los amanuenses, la automoción a los arrieros, el portero automático a los conserjes. Enternece y da pena leer que unas librerías españolas, en solidaridad con el gremio de los ilustradores, se niegan a vender un libro porque la imagen de la cubierta fue confeccionada total o parcialmente con un programa de inteligencia artificial. Y el actual ministro de Cultura, sobre cuya idoneidad para el cargo abrigo dudas crecientes, ha anunciado que su ministerio no subvencionará, premiará ni contratará obras creadas con IA, lo cual equivale a la pretensión de parar un tsunami con un cubo de playa. Apuesto a que no tardará en desdecirse.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites
_
Normas
Tu comentario se publicará con nombre y apellido
Normas
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_