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ANATOMÍA DE TWITTER
Columna
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Y ahora Hitler les desea Feliz Navidad

Un congresista peruano, que se llama como el dictador de Alemania, provoca una conmoción en X con su mensaje navideño. En Perú, por cierto, 3.942 personas se llaman así. En España, 182 son Adolf, según el INE

Manuel Viejo
Hitler Saavedra, en la felicitación navideña del perfil de X del Congreso del Perú.
Hitler Saavedra, en la felicitación navideña del perfil de X del Congreso del Perú.

Ahora que ha pasado la Navidad, conviene recordar una decembrina que ha pasado desapercibida. Mientras los españoles comprobábamos el 22 cuánto habíamos recuperado en la lotería, el Congreso del Perú tuiteó un vídeo de 20 segundos pasadas las cuatro de la tarde. Comenzaba con un plano fijo de unas puertas de madera vieja, muy brillantes y muy altas, que se abrían al unísono para dar entrada a un hemiciclo vacío, con la bandera peruana rojiblanca a lo lejos. Y de pronto apareció Hitler ―ropopompom— sonriente, repeinado y ataviado con un traje azul y una corbata roja. Y soltó: “Que el nacimiento de Jesús traiga paz y felicidad en todos los hogares peruanos”. Ya, ya. Calma. Por partes.

El mensaje de la cuenta oficial del Parlamento decía así: “El congresista Hitler Saavedra envía un cálido saludo para todos los hogares peruanos. ¡Feliz Navidad!”. Lo más sorprendente de esto es la tranquilidad con la que el hemiciclo de sus señorías andinas consideró que esto era un mensaje navideño más, sin importancia. “Peor sería llamarse Adolf”, pensarían. Y tienen razón. Pero lo suyo era ir de cara y haber eliminado también el apellido Saavedra. Si te llamas Hitler, qué más dará Saavedra, Pérez o Rodríguez. Otra cosa sería Hitler Franco, eso sí. Tiempo al tiempo. Para ser francos y según el INE, 182 se llaman Adolf en España. 1.277 son Franco. 43.000 se apellidan Franco. Y 545 tienen apellidos Franco Franco. No está mal, francamente.

Vamos con Hitler. El mensaje del rey Felipe, con la cuenta oficial de la Casa Real, alcanzó las 400.000 visualizaciones. El de Hitler —el congresista peruano, perdón por aclararlo, pero no es fácil— va por cinco millones. Hitler provocó más de 9.000 comentarios con su felicitación. “Gran decisión de los padres en la elección del nombre”, escribió uno. “Seguro que eran personas equidistantes. Ni de izquierdas ni de derechas”. Otro: “Todo bien con que tus viejos no te quieran, pero si te vas a hacer político, ponte un pseudónimo”. Uno más: “Feliz Navidad a ti también, señor Hitler”. De propina: “Tienes mi voto, Hitler”. Y el mejor: “Sería interesante ver la cara del funcionario de migración alemán cuando lea en el pasaporte el nombrecillo de este congresista”. Ceviche para todos.

Hitler, el peruano, cuenta también con un perfil de Facebook. Decidí escribirle porque en esta red social se viene a jugar. “Hola, ¿podría, por favor, hablar con Hitler?”. Y respondió: “¡Hola! Gracias por ponerte en contacto con nosotros. Recibimos tu mensaje y agradecemos tu interés”. Insistí porque ese plural indicaba que, al menos, había dos Hitler, cosa obvia, por otra parte. “Entiendo que es complicado hablar con Hitler, y más en estas fechas, pero, ¿sería posible?”. Respuesta: “¡Hola! Gracias por ponerte en contacto con nosotros. Recibimos tu mensaje y agradecemos tu interés”. Los Hitler no quieren cuentas.

Indagué y la cosa fue a más. Resulta que 3.943 peruanos se llaman Hitler, según un reportaje del diario peruano La República publicado el pasado año. 99 son Adolfo Hitler. Y tres, Adolf Hitler; más clásicos. Hay mucho Hitler suelto en el Perú. Tantos, que hay otro Hitler —también político, claro— que se llama Hitler Alba Sánchez. Fue alcalde de Yungar, un pueblito de 3.000 vecinos a 400 kilómetros de Lima. Bueno, pues este Hitler se enfrentó por la alcaldía hace cinco años a Lenin Vladímir Rodríguez. Lenin. Vladímir. Rodríguez. Tela.

Un teletipo de la agencia Efe resumía con este titular aquella jornada electoral: Lenin contra Hitler: la batalla por la alcaldía. Ganó Hitler. Según las crónicas, los eslóganes fueron clave. “Hitler es del pueblo”. “Hitler es confianza”. Hasta en una entrevista televisiva, el mismísimo Hitler decía: “Soy el Hitler bueno”. Bueno, bueno, bueno.


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Sobre la firma

Manuel Viejo
Es de la hermosa ciudad de Plasencia (Cáceres). Cubre la información política de Madrid para la sección de Local del periódico. En EL PAÍS firma reportajes y crónicas desde 2014.

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