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Anatomía de Twitter
Columna
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A mis seguidores

¿Qué hago yo, una escritora, publicando noche y día en la red social? Dedicar. Dedico mi odio de clase y mi amor de mujer

Twitter
Una persona navega por la página de inicio de Twitter en su móvil.Unsplash

Hoy quiero dirigirme a mis seguidores de Twitter. A aquellos que son testimonios activos y conscientes de mi odio de clase y de mi amor de mujer, los dos únicos sentimientos que me hacen tuitear una y otra vez en este servicio de microblogueo, también los dos grandes sentimientos que atraviesan, siempre, mi escritura. Escribir es un oficio. Tuitear, en cambio, no lo es. O al menos no es el mío. Escribir es un gesto solitario y en soledad. Tuitear, en cambio, puede ser, y lo es mayoritariamente, un gesto público, un gesto juzgado públicamente, in situ, para bien o para mal, un gesto juzgado públicamente por fans o detractores. Y es a ellos, a fans y a detractores, a los que me quiero dirigir en esta columna, como escritora y no como tuitera. Supongo que por eso mismo, porque una escritora siempre se dirige a todos sus lectores, tanto a los que la leen o la leerán por su talento como a los que la leen o la leerán por su mediocridad. Pero, ¿qué hace una escritora en Twitter? Y, sobre todo, ¿a quién se dirige una escritora que tuitea día sí, día también? Yo, particularmente, como escritora, en Twitter, no me dirijo a nadie. Yo, personalmente, como escritora, en Twitter, dedico. Entonces, otra pregunta: ¿a quién dedico y qué dedico en mis tuits, yo, una escritora treintañera de principios de este siglo XXI?

Dirigirse a alguien o dirigir algo solo es posible si se escribe, ya que dirigir comporta una intención organizada y disciplinada. Yo, escribiendo, dirijo mi odio de clase y mi amor de mujer de forma organizada y de forma disciplinada: dirijo el odio y el amor de forma literaria, organizo y disciplino mis sentimientos para que acontezcan en literatura. Escribir no tiene nada que ver con el capital de visibilidad y de representatividad, no tiene nada que ver ni con los followers ni con los likes, no tiene nada que ver con las lógicas de mercado. Cuando se escribe, se piensa y se discute, para con uno mismo y para con los demás. ¿Es posible pensar y discutir en Twitter? No. ¿Por qué? Porque el neoliberalismo es absolutamente lo contrario al pensamiento y a la discusión, es absolutamente contrario a la inteligencia y al talento, a la sensibilidad, al sentimiento, es absolutamente contrario a la escritura, a la literatura. No es casualidad que en una sociedad capitalista la organización y la disciplina críticas, eso es auténticas y no cosméticas, sean algo muy difícil o casi imposible. Actualmente, en plena fase neoliberal del capitalismo post-tardío, la literatura, el oficio y el gesto de escribir, se dirige, de forma intrínseca y natural, contra el capital. Sorry, tuiteros y tuiteras, vuestros artículos y vuestros libros no son literatura, son productos y mercancías al servicio de la mediocridad intelectual y sentimental, política y artística.

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Vuelvo a esa pregunta que planteaba en un inicio aún sin responder: pues, ¿qué hago yo, una escritora, tuiteando noche y día en Twitter? Dedicar. Dedicar implica destinar algo a un fin determinado, es una de las escasas posibilidades y potencialidades revolucionarias, junto a la difusión y la propaganda, que los marxistas podemos utilizar y ejecutar en las plataformas digitales y las redes sociales que configuran, ya, un tecnofeudalismo que urge empezar a combatir. En Twitter, yo, dedico mi odio de clase y mi amor de mujer. Sin compasión. A veces, incluso, con gracia y salero, haciendo del insulto un arma eufemística de constatación y desprestigio de cuentas y discursos fascistas, y de las polémicas que se generan, a su vez, un arma de divulgación y expansión de la constatación y la demostración del clasismo, el racismo y el machismo. Ante la imposibilidad de dirigir algo verdadero, de organización y de disciplina, en Twitter, dedico. Dedico mi odio y mi amor. Dedico para destinar toda mi inteligencia, toda mi sensibilidad, todo mi sentimiento a un fin determinado: la lucha de clases en la era de internet.

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