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ANATOMÍA DE TWITTER
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

La mejor reseña de la historia

Hace ya años que lo valoramos todo. Y lo peor es que nos hemos acostumbrado a hacerlo desde el móvil y enfadados, perdiendo de vista la empatía, la buena educación y el sentido del humor

El crítico gastronómico de la película 'Ratatouille' (2007).
El crítico gastronómico de la película 'Ratatouille' (2007).
Jaime Rubio Hancock

“He visto guiones más flojos que esta reseña”. Es uno de los comentarios que se lleva la crítica de un reloj que el locutor Roberto Deglané descubrió en Amazon y compartió en Twitter. En su reseña, Enrique (así firma el autor) cuenta que le regaló el reloj al novio de su hija y que el chico quedó encantado y agradecido: “Le puedo pedir cualquier cosa. Ayúdame a colocar leña, y el chaval me ayuda. Sube a esa escalera y limpia el canal, y el chaval lo hace. En fin, que me hacía falta un yerno así y un reloj como este. Cómpralo, no te arrepentirás”. Cuatro estrellas.

En las respuestas al tuit hay más reseñas de Enrique, también escritas con gracia, como la de un parasol que puso en su barco: “Cuando lo instalé, mis vecinos de pantalán empezaron a tratarme de usted, ahora creen que tengo dinero (lo que no saben es que soy más pobre que las ratas)”. Cinco estrellas.

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Dejar reseñas con gracia y además útiles no es fácil. Las de Enrique parecen sinceras, pero en Amazon siempre han tenido recorrido las escritas con intención puramente humorística, muchas de ellas tras hacerse populares en el foro estadounidense Reddit. Un ejemplo clásico es el de la navaja suiza Wenger, con más de 80 piezas y un centenar de funciones. Inspiró comentarios como estos:

“No esperéis nada del otro mundo. Le faltan algunas cosas, pero trae más o menos las herramientas necesarias para sustituir la fábrica de Ford de Almusafes”.

“Entre las ranuras #721 (grúa con bola de demolición) y #722 (plataforma de salto de esquí olímpica) me encontré a un ingeniero suizo (Sr. Ing. Dr. Urs Maier), que por lo visto se les ha olvidado ahí en el montaje final”.

“No le doy las 5 estrellas porque no tiene su propio satélite, espero que en el próximo modelo lo incluyan”.

Estos comentarios se hicieron tan populares que Amazon llegó a publicar un libro recogiendo muchos de ellos, Did You Read That Review? (¿Leíste esa reseña?), en el que hay críticas de camisetas con lobos, cortadores de plátanos y bolígrafos “para mujeres” (rosa y malva). Lo que no hay son comentarios de empleados de Amazon sobre cómo es trabajar en Amazon, pero bueno, para eso está Glassdoor.

Estas reseñas son un pequeño alivio si tenemos en cuenta cómo suelen ser los comentarios en internet, sobre todo en hostelería. Es verdad que a veces son útiles. Por ejemplo, si andamos perdidos en una ciudad que no conocemos y tememos caer en una trampa para turistas. Pero a menudo encontramos venganzas mezquinas de clientes contra camareros que han servido una aceituna de menos en el vermut o que han cometido la osadía de intentar cerrar a su hora, como recoge a menudo @soycamarero.

Hace ya años que lo valoramos todo. Y lo peor es que nos hemos acostumbrado a hacerlo desde el móvil y enfadados, perdiendo de vista la empatía, la buena educación y el sentido del humor. Le exigimos a todo el mundo un servicio que merezca una media cercana a las cinco estrellas. Si está por debajo, no es digno de nosotros. Y olvidamos además que no solo los clientes puntúan los servicios, sino que también hay muchos servicios que puntúan a sus clientes, como es el caso del servicio de taxis Free Now, de Uber, de Cabify y de Airbnb… O del Gobierno chino con sus ciudadanos.

Aquel episodio de Black Mirror, Nosedive, nos va a parecer una comedia. A este paso llegará un momento en el que no querremos entrar en ningún bar porque ninguno estará a nuestro nivel, pero además ningún bar querrá que nosotros entremos porque somos los peores clientes de la historia de la cristiandad. Y entonces quizás recordemos a Enrique y las cuatro estrellas que le puso al reloj, y lamentaremos no haber sido algo más amables con el móvil en la mano. Aunque llegados a ese punto, es probable que pensemos que menuda cursilada y nos pongamos dos estrellas sobre cinco para ver si espabilamos un poco.

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Sobre la firma

Jaime Rubio Hancock
Editor de boletines de EL PAÍS y columnista en Anatomía de Twitter. Antes pasó por Verne, donde escribió sobre redes sociales, filosofía y humor, entre otros temas. Es autor de los ensayos '¿Está bien pegar a un nazi?' y 'El gran libro del humor español', además de la novela 'El informe Penkse', premio La Llama de narrativa de humor.

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