Columna
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Mario, lo que tú llamas “payasada” nosotros lo llamamos sangre

Las recientes declaraciones del Nobel de Literatura a favor de Bolsonaro dan pistas sobre la crisis de las democracias

Mario Vargas Llosa, en la 46ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el 6 de mayo.
Mario Vargas Llosa, en la 46ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el 6 de mayo.LUIS ROBAYO (AFP)

Durante una conferencia en Montevideo, el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa se posicionó sobre las elecciones brasileñas del próximo octubre. El escritor peruano dijo: “Las payasadas de Bolsonaro son muy difíciles de admitir para un liberal. Ahora, entre Bolsonaro y Lula, yo prefiero a Bolsonaro”. No es la primera vez que el consagrado escritor hace declaraciones políticas controvertidas, para utilizar un eufemismo. Pero defender a Jair Bolsonaro contra Luiz Inacio Lula da Silva es subir varios tonos, incluso para Vargas Llosa. Nunca fue tan importante diferenciar a un liberal de un extremista de derecha, pero declaraciones como estas difuminan las fronteras y contribuyen a la corrosión de la democracia.

Veamos qué es lo que el supuesto liberal Mario Vargas Llosa, personaje que ha frecuentado círculos intelectuales refinados en Europa durante décadas, considera que son “payasadas de Bolsonaro”: el ataque persistente a las urnas electrónicas y al proceso electoral para justificar un golpe de Estado en caso de no reelegirse; la agresión recurrente a las instituciones que no ha conseguido controlar, como el Supremo Tribunal Federal; los casi 700.000 muertos por la covid-19, resultado de la ejecución comprobada de un plan para diseminar el virus y obtener la “inmunidad de rebaño”, atacando sistemáticamente la utilización de mascarillas y las vacunas; el apoyo a mineros ilegales, madereros y ladrones de tierras públicas responsables de la destrucción de la Amazonia y la muerte de defensores de la selva; el desmantelamiento de la legislación ambiental construida durante décadas; los constantes ataques a las mujeres, a los pueblos originarios y a los negros; las cada vez más evidentes relaciones con grupos paramilitares que controlan el crimen organizado. La lista de “payasadas” no cabe en esta columna, sería necesaria una edición dominical entera de EL PAÍS, con suplementos incluidos.

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Pero el supuesto liberal Mario Vargas Llosa prefiere a Bolsonaro antes que a Lula porque el expresidente, favorito en los sondeos, “estuvo preso” y los jueces lo condenaron “por ladrón”. Vargas Llosa no debe de saber que Lula pasó 580 días en prisión, sí, pero después el Supremo Tribunal Federal anuló las condenas por errores procesales y determinó que volvieran a realizarse los juicios, lo que lo convierte en inocente hasta que se demuestre lo contrario. Si se hubieran mantenido las condenas, Lula no podría presentarse a las elecciones.

Lo que está en juego en las elecciones de octubre en Brasil es la democracia. Por más críticas que se le puedan hacer a Lula —y hay muchas—, es un demócrata. Bolsonaro, contra quien pesan varias comunicaciones por genocidio en el Tribunal Penal Internacional, defiende la dictadura militar, considera al principal torturador del régimen un héroe y ha convertido a Brasil en un país en estado de golpe.

Para un liberal genuino, los actos de Bolsonaro no deberían ser “difíciles de admitir”, sino imposibles de aceptar. Admitirlos como un mal menor es no respetar la vida de los más frágiles y la propia democracia. Que, entre la civilización y la barbarie, una persona con la resonancia pública de Mario Vargas Llosa se manifieste abiertamente a favor de la barbarie, reduciendo a “payasada” actos que han costado la vida de tantos y llevan al punto sin retorno a la mayor selva tropical del mundo, explica muy bien por qué las democracias están en crisis y da pistas sobre los instintos autoritarios y racistas de parte de las élites intelectuales de Latinoamérica. A Vargas Llosa debemos decirle: lo que llamas “payasada” nosotros, que sufrimos a diario la violencia impuesta por Bolsonaro, lo llamamos sangre.

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