Tribuna
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El puercoespín da una voltereta

Los modelos de inflación son peor que inútiles. Hacen que los bancos centrales se sientan satisfechos consigo mismos

Contenedores acumulados en el puerto de Los Ángeles, California, el pasado 15 de octubre.
Contenedores acumulados en el puerto de Los Ángeles, California, el pasado 15 de octubre.PATRICK T. FALLON (AFP)

Si alguien se pregunta por qué los modelos de la pandemia han fallado tanto, que eche un vistazo a los modelos de inflación. En comparación con ellos, la verdad es que los primeros no son tan malos. Es cierto que casi siempre se equivocan, pero lo hacen en el sentido normal en que se equivocan los modelos: a veces son demasiado pesimistas, y a veces demasiado optimistas.

Los modelos macroeconómicos de inflación tienen la singular distinción de ser erróneos y tendenciosos. Funcionan peor que cualquiera de estas cosas: un generador de números aleatorios, un adivino con una gran bola o un mono con una diana. No estoy insinuando que los bancos centrales sustituyan a los economistas en plantilla por monos. Pero si lo hicieran, lo primero que notaríamos sería una moderada disminución del sesgo de las previsiones. Erróneo e imparcial es mejor que erróneo y tendencioso.

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Este gráfico es una versión esquemática de lo que ha ocurrido en la zona euro y lo que preveo que va a ocurrir. La parte izquierda es lo que se llama gráfico del puercoespín. En él, las líneas de puntos representan los pronósticos en diferentes momentos; la línea azul, la tasa de inflación; y la línea roja, el objetivo de inflación. Fíjense en que las previsiones siempre se equivocaban en el mismo sentido. Esto se debe a que los modelos de inflación están programados para predecir que esta volverá al objetivo del 2% establecido por el Banco Central Europeo. Esto es un ejemplo de sesgo condicionado por la política. Si se predijera cualquier otra cifra, se estaría reconociendo indirectamente que la política no es la correcta.

La pregunta que he estado haciéndome es si podríamos ver el puercoespín totalmente invertido, es decir, con las púas hacia abajo, como se representa en la parte derecha del gráfico. Si los pronósticos siguen apuntando a la media, como creo que ocurrirá, preveo que volverán a ser demasiado optimistas, esta vez en sentido contrario.

Aparte del sesgo condicionado por la política, hay otra razón por la que los modelos predictivos de los bancos centrales funcionan tan mal. Las simulaciones no están diseñadas para un entorno inestable por naturaleza, como es la economía mundial desde la crisis financiera. Los modelos no tienen forma de abordar los terremotos financieros, las pandemias y las crisis mundiales de la cadena de abastecimiento con efectos duraderos. En ellos existen las crisis, pero su efecto neto a largo plazo es nulo. La década de 1970 no existe en estos modelos. La estanflación es imposible. Es un universo paralelo sin crisis financiera ni pandemias.

Los que nos preocupamos por la inflación, lo hacemos precisamente por cuestiones que están fuera de los modelos. Si no hubiera habido perturbaciones en la cadena de suministro, escasez de semiconductores ni subida del precio de la energía, no habría motivo para suponer que el entorno deflacionario de la década pasada iba a convertirse de repente en inflacionario en la década de los 20. No estoy seguro de que las perturbaciones que estamos viendo en estos momentos vayan a durar, pero lo que me llega de fuentes de la industria es que ellos creen que sí que durarán. Los modelos dan por sentado implícitamente que estas fuentes se equivocan: lo que no aparece en la simulación, seguramente no puede ocurrir.

Si los modelos científicos funcionaran tan mal, ya se hubiera prescindido de ellos hace tiempo. Pero los economistas y los bancos centrales han invertido tanto en esta clase de proyecciones que, si las desecharan, quedarían en ridículo. Los bancos centrales se aferran a una extraña definición de la credibilidad. No son la clase de personas que dicen: “Lo hemos intentado y no ha funcionado. Ahora vamos a intentar algo diferente”. Igual que un jugador que ve que va a arruinarse, doblan la apuesta.

El BCE ha llegado incluso a hacer que su decisión de interrumpir las compras de activos y subir los tipos de interés dependa de que el pronóstico del modelo se sitúe por encima del objetivo de 2% hasta la mitad del horizonte de previsión. Pero dado que los pronósticos están programados para volver al objetivo, es posible que las condiciones formales para un aumento de los tipos de interés nunca se cumplan, independientemente de la tasa de inflación.

Una manera más apropiada de analizar los pronósticos es tratarlos como una información adicional secundaria. Una característica de los buenos gobernadores de los bancos centrales es que conocen en profundidad la economía real: la productividad y los mercados laborales, la elasticidad de los precios y los salarios, los flujos financieros y sus repercusiones, y los mecanismos de transmisión de las políticas. Un gobernador de un banco central perezoso intelectualmente se fía de los modelos que explican un mundo de incertidumbres desconocidas con certezas conocidas.

Para el resto de nosotros, los modelos y la manera en que los utilizan los bancos centrales solo contienen una información útil: nos dicen que nos abrochemos los cinturones de seguridad si los gobernadores de los bancos centrales no levantan el pie del acelerador.

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