ANATOMÍA DE TWITTER
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

¿Has oído lo del obispo de Solsona?

Siempre nos ha gustado compartir y comentar historias

Xavier Novell.
Xavier Novell. Marcel·lí Sàenz

La historia de Xavier Novell ha sido una de las más comentadas en Twitter desde que se supo que había renunciado al obispado de Solsona por amor. Normal: la trama venía con más giros y sorpresas que una serie documental sobre crímenes reales. No era un religioso cualquiera, sino un obispo muy conservador. La mujer de la que se ha enamorado es autora de novelas eróticas. No, espera, eróticas y satánicas. Y, cuando ya parecía que no podíamos con más emociones, resulta que el obispado teme que Novell haya sido poseído por el demonio. Se entiende que más de uno sospechara que todo esto en realidad es la campaña de promoción de alguna película de Álex de la Iglesia.

Se trata de un buen ejemplo de lo que compartimos y comentamos en Twitter. Que es lo que nos ha gustado compartir desde siempre: una buena historia. De entrada, nos gusta hablar de los demás: según un estudio del antropólogo Robin Dunbar, los cotilleos y las historias personales ocupan el 65% de nuestras conversaciones en espacios públicos. El estudio es de 1997, antes de las redes sociales, pero Twitter es, clarísimamente, un espacio público. Y el de Novell es un buen asunto para iniciar cualquier conversación. Mucho mejor que el tiempo, por muy loco que esté.

Es un relato en el que hay muchas emociones. No solo el enamoramiento de sus protagonistas, sino también nuestro propio asombro como lectores al conocer cada dato. Y cualquier contenido con un componente emotivo se comparte más en redes: según un estudio de la Universidad de Nueva York, es al menos un 20% más probable que retuiteemos un mensaje si este apela a las emociones o a la moral.

Todo esto tiene su lado negativo: como tuiteamos en caliente, sin pensárnoslo mucho, es posible que escribamos mensajes que nos avergüencen al cabo de años. O incluso horas. Como los buscadores no olvidan nada, a menudo vemos cómo estos mensajes del pasado se echan en cara a sus autores, siempre sin contexto y, por supuesto, sin tener en cuenta que todos nos equivocamos y que todos tenemos derecho a cambiar de opinión. Igual que Novell, claro.

Hay usuarios de Twitter, a menudo políticos y periodistas, que optan por ir borrando cada cierto tiempo su archivo para ahorrarse disgustos. Sí, se tienen que deshacer de tuits graciosísimos con miles de me gusta, pero al menos podrán seguir aspirando a un ministerio. Justamente pensando en este derecho a meter la pata, Twitter está probando una nueva funcionalidad que permitirá ocultar tuits antiguos sin necesidad de eliminarlos por completo, con el objetivo de alimentar a la vez nuestra prudencia y nuestra vanidad: ni perdemos nada ni arriesgamos nada.

Alguno dirá que estos peligros tampoco son nuevos y que siempre hemos tenido que rendir cuentas con nuestras biografías. Al fin y al cabo, a ver cómo le explica Novell a sus suegros que ahora está en paro, pero que hasta hace poco era el obispo de Solsona. Sin embargo, hay diferencias importantes y no solo porque es mucho más fácil tuitear que llegar a obispo: el buscador de Twitter es como si alguien hubiera grabado todas las tonterías que hemos dicho en la barra de un bar. Y ese escrutinio no lo aguanta ni el Papa de Roma.

Sobre la firma

Jaime Rubio Hancock

Es el editor de boletines de EL PAÍS y columnista en 'Anatomía de Twitter'. Antes pasó por Verne, donde escribió sobre redes sociales, filosofía y humor, entre otros temas. Estudió Periodismo en la UAB y Humanidades en la UOC. Es autor del ensayo '¿Está bien pegar a un nazi?' (Libros del KO).

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