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Querencias dominicanas

Inhabilitados López y Capriles, la oposición venezolana hubiera debido participar en las elecciones generales, teniendo en cuenta que el hartazgo y la pericia bolivariana acrecentándolo eran bazas suficientes

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro durante una rueda de prensa.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro durante una rueda de prensa.Ariana Cubillos / AP

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Las fechas importan para ponderar la participación de la oposición venezolana en las regionales de noviembre, y la temeridad de febrero de 2018, al levantarse de la mesa de negociaciones de República Dominicana después de haber consensuado con el chavismo un borrador de garantías electorales que incluía la fecha de las presidenciales y el reconocimiento de sus resultados. El abrupto abandono de las reuniones, arbitradas por José Luis Rodríguez Zapatero, respondía a las incitaciones belicistas de Trump durante el verano de 2017 y a la incapacidad del movimiento antigubernamental de presentar un candidato unitario, que probablemente hubiera ganado pese al ventajismo oficial, la precariedad y trampas de las garantías y los dirigentes en la cárcel o en el exilio.

Se optó por la solución imperial, subestimando la capacidad del Miraflores para convivir con la ruina económica, gracias a la ayuda material y coercitiva de Rusia, Irán, Turquía y China, y la emulación del numantinismo cubano. La fórmula que disimularía la desunión opositora y la salida por peteneras de la dominicana fue renunciar a las elecciones descalificando su marco regulatorio. La invasión sugerida por la Casa Blanca como revulsivo de una insurrección civil y castrense no se produjo y sumió en la frustración a sus partidarios. “Gran desengaño, gran lección, aunque con daño” (Anónimo). Maduro se hizo con la presidencia y el alias de El Usurpador, que honra cuando arrebató las instituciones y atropella los derechos humanos. El expresidente uruguayo José Mujica descifró el problema: a Estados Unidos y a Maduro les importa un carajo la democracia.

Juan Guaidó, prefabricado por el entorno de Trump y la facción de López, perdió espacio, recobrado parcialmente por Capriles, sometido a la obediencia o la irrelevancia cuando el vicario fue nombrado presidente interino en plaza pública en 2019. El chavismo participa en las negociaciones de México sin apremios insalvables ni marines en la costa, con Nicolasito, primogénito de Maduro, en la delegación para que vaya aprendiendo.

La profundización de los avales de República Dominicana hubiera ahorrado tiempo y desgarros familiares en un país gripado por la polarización ideológica, las sanciones norteamericanas y un régimen alérgico a la alternancia, responsable de la emigración de cinco millones de compatriotas, eventuales votantes de la oposición. Hace tres años, el chavismo prometió un equitativo acceso a los medios de comunicación y someter las presidenciales a las auditorías técnicas y estándares de las legislativas de 2015, ganadas por la oposición. La supervisión afectaría a todos los componentes del sistema, con protocolos y presencia de la observación internacional.

Queda por ver si la ronda de México profundiza los consensos de Santo Domingo. Inhabilitados López y Capriles, la coalición antigubernamental hubiera debido participar en las generales con fulano de tal, teniendo en cuenta que el hartazgo y la pericia bolivariana acrecentándolo eran bazas suficientes.

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