Columna
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La educación sigue igual

A nuestras izquierdas y derechas no les interesa la libertad o la equidad de fondo, sino sólo de pancarta

Manifestación con vehículos contra la Ley de Educación el domingo en el centro de Murcia.
Manifestación con vehículos contra la Ley de Educación el domingo en el centro de Murcia.Marcial Guillén (EFE)

Unas leyes que nacen otras morirán, unos partidos que ríen otros llorarán… Pero la educación sigue igual. Si tienes recursos, eliges tu colegio preferido: el centro público prestigioso del barrio, y si, por desgracia, no consigues plaza puedes pagar las cuotas “voluntarias” de la concertada o incluso un colegio enteramente privado. Si careces de dinero, tienes poca libertad: no te puedes permitir los colegios de pago y, por las perversiones del sistema de asignación de escuelas, es improbable que te toque una pública de calidad.

La Lomloe no cambia este conflicto de fondo, que no es entre educación pública y privada, sino entre la educación selecta (independientemente de la titularidad del colegio) y plebeya. La ministra Celaá tiene razón en que la nueva ley “cambia una filosofía elitista por la equidad”. A nivel metafísico, la ley puede modificar el funcionamiento del cosmos, pero, a nivel práctico, la ley no altera las reglas básicas del juego. De hecho, apenas va a retroceder la escuela concertada, como media España anhela y la otra media teme. La excepción, que debemos aplaudir, es la valiente apuesta que la nueva ley hace por reducir la elevada tasa de repetición escolar en España, ineficiente e injusta, porque perjudica a los niños de entornos más desfavorecidos.

Pero la Lomloe rehúye abordar el meollo de la igualdad de oportunidades y, como sus antecesoras, no busca el consenso. Cuando, si comparas el sistema español con los de nuestro entorno, alcanzar un acuerdo para una educación más inclusiva es fácil. Bastaría con integrar de verdad a la concertada y la pública en una red de centros que compitieran entre sí por unos (idénticos) recursos públicos en pie de igualdad, sin el doping de las aportaciones de los padres. En este pacto todo el mundo cede. El Estado paga más por cada alumno a los colegios concertados y, a cambio, estos ponen en marcha mecanismos para evitar la segregación. Eso sí sería auténtica libertad educativa —de todos los centros para introducir los métodos pedagógicos que creyeran más efectivos y de todos los padres para elegir el mejor colegio para sus hijos sin pensar en el dinero—.

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Pero a nuestras izquierdas y derechas no les interesa la libertad o la equidad de fondo, sino solo de pancarta. Ellos quieren que siempre haya una ley de educación por la que luchar, pero que la vida siga igual. @VictorLapuente

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