Editorial
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Por la libertad

Solo desde la fortaleza y un coraje ejemplares se puede afrontar una barbarie como la decapitación de un profesor en Francia

Homenaje improvisado a las puertas del colegio en Conflans Saint-Honorine, este sábado.
Homenaje improvisado a las puertas del colegio en Conflans Saint-Honorine, este sábado.BERTRAND GUAY / AFP

La decapitación de un profesor en Francia por un terrorista islamista no es solo un atentado espeluznante contra una vida humana, sino un ataque a la laicidad, a la libertad de expresión, de pensamiento y a la institución de la enseñanza, pilares de los valores republicanos que el país vecino puede enarbolar con orgullo en una Europa democrática.

El terrorismo islamista ha venido desafiando con virulencia esos valores y la convivencia en Francia en los últimos años. Los atentados indiscriminados contra los miembros de la revista Charlie Hebdo, contra los turistas y paseantes que se congregaban a ver unos fuegos artificiales en Niza o contra los clientes de la discoteca Bataclan y otros locales, por mencionar los más emblemáticos, han supuesto una arremetida frontal contra la tolerancia y el modo de vida en el país. En las últimas semanas, el inicio del juicio contra los sospechosos del atentado contra la revista por publicar unas caricaturas de Mahoma fue el contexto elegido para un nuevo ataque a la libertad de expresión. Charlie Hebdo no solo ha sufrido la pérdida de sus principales creadores y de un equipo humano insustituible, sino que ha mantenido su valentía intacta hasta el punto de volver a publicar las caricaturas en vísperas de ese juicio. El poder de la sátira como instrumento de la inteligencia y la libertad frente a la intolerancia ha encontrado una heroicidad fuera de lo común en la revista. El caso del profesor salvajemente decapitado el viernes después de dar una clase a sus alumnos sobre la libertad de expresión y de exponer el caso de las caricaturas de Mahoma se suma ahora, desgraciadamente, a este campo de batalla por los valores republicanos que nunca debió ser sangriento, sino pacífico y que solo debió librarse en el terreno de los argumentos. El presidente Macron ha defendido esos valores republicanos, incluida la escuela. Es vital que, frente a los discursos del odio tentados por el terrorismo, la Francia y la Europa democráticas mantengan una calma, una fortaleza y un coraje ejemplares ante la barbarie. Solo desde ahí puede defenderse la libertad.

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