Editorial
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Alemania reunida

La reunificación del país constituye uno de los mayores éxitos de Europa desde el final de la II Guerra Mundial

La canciller Angela Merkel junto con el gobernador del Estado de Brandenburgo, Dietmar Woidke este sábado durante la celebración por el 30 aniversario de la reunificación alemana.
La canciller Angela Merkel junto con el gobernador del Estado de Brandenburgo, Dietmar Woidke este sábado durante la celebración por el 30 aniversario de la reunificación alemana.POOL / Reuters

La reunificación de Alemania constituye uno de los mayores éxitos de Europa desde el final de la II Guerra Mundial. Por ello, la conmemoración ayer de la integración hace tres décadas de la República Democrática en la República Federal no se puede valorar únicamente mirando al pasado como una restitución histórica tras una imposición consecuencia del reparto de fuerzas después la contienda. La Alemania unida sigue teniendo un enorme impacto positivo en el avance del proyecto europeo común.

A pesar del desafío tanto económico como social e institucional que suponía el proceso, la Alemania reunificada —ya sea con Gobiernos socialdemócratas o democristianos, normalmente apoyados por otras fuerzas como liberales y ecologistas— se ha mantenido en estos 30 años como el principal referente económico de la Europa continental. Además, se ha convertido en una importante influencia estabilizadora a todos los niveles en las democracias nacidas de los regímenes dictatoriales del extinto telón de acero. Y todo ello desde un anclaje incontestable en la idea de la construcción europea. Bajo la batuta de Angela Merkel, Berlín ha adoptado políticas de trascendental importancia para el proyecto común al abrir, para sorpresa de muchos, sus fronteras a un millón de personas durante la crisis de los refugiados o, más recientemente, al cruzar una de sus tradicionales líneas rojas aceptando un endeudamiento europeo para paliar los estragos económicos de la covid-19. El balance también tiene lados oscuros, como la rígida política de austeridad impuesta durante la crisis de la deuda de 2008, que generó graves tensiones en la UE y posiblemente alargó más de lo necesario el camino a la recuperación.

Si bien es verdad que en los últimos años el país ha asistido al auge de la extrema derecha y a la aparición de grupos vinculados a esta —que constituyen un grave problema—, sus instituciones se han mostrado sólidas y sus partidos no han caído en la tentación de la radicalización, haciendo gala de una moderación y pragmatismo que deberían servir de ejemplo en otros países de la UE.

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