Editorial
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Buenas intenciones

El factor decisivo para recuperar el turismo es garantizar la seguridad sanitaria de los turistas.

Un grupo de personas hacen cola para entrar en el Real Alcázar de Sevilla.
Un grupo de personas hacen cola para entrar en el Real Alcázar de Sevilla.PACO PUENTES / EL PAIS

El programa de ayuda al turismo solo puede analizarse, de momento, por sus intenciones. El Gobierno va a poner sobre la mesa 4.250 millones de euros como recursos de apoyo a un mercado que ha sufrido una parálisis total al menos durante un mes y medio, que espera un verano mediocre tirando a malo (las cadenas hoteleras van a abrir, en el mejor de los casos, el 55% de sus plazas) y que probablemente no experimentará una recuperación total, es decir, una capacidad de generación de ingresos similar a la de antes de la covid-19, hasta 2021. El cálculo de 80.000 millones perdidos por la pandemia, aunque peque de algún grado de exageración, da una idea de la magnitud de los daños soportados por un sector que, a grandes rasgos, significa en torno al 12% del PIB.

Como en el caso del automóvil, sin reactivación del turismo no habrá recuperación del PIB en los próximos meses. Sería deseable vivir en una economía más industrializada y menos terciarizada, pero el presente manda. El Gobierno, de nuevo con Pedro Sánchez dando solemnidad a la ocasión, ha presentado un plan que simplemente es un enunciado de objetivos, firme pero impreciso. De entrada hay que lamentar que la cuantía de las ayudas no llegue a los 4.300 millones. Dada la importancia relativa del turismo en el PIB, la cantidad parece escasa; otros países, con menos peso del turismo en su renta, han aprobado ayudas mayores. Esta comparación es relevante, pero no decisiva; porque en último extremo la situación de las finanzas públicas varía mucho de unos países a otros. Hay que contar con que el equipo económico empieza a sentir o a temer las consecuencias de la pandemia sobre el déficit y la deuda.

A falta de una evaluación más precisa, que podrá hacerse cuando se conozcan las partidas y las aplicaciones, hay que decir que el cuadro de objetivos y las prioridades marcadas están bien orientados. El factor decisivo para recuperar el turismo es garantizar la seguridad sanitaria de los turistas. Sin este paso, el resto de las medidas será un fracaso. Hay que insistir en que este criterio está íntimamente relacionado con el sostenimiento de las empresas y con su tamaño relativo, porque los grupos hoteleros y de restauración con solidez financiera pueden dedicar sin problemas recursos para asegurar la ausencia del virus. Pero los más pequeños pueden tener problemas para convencer a sus potenciales clientes de la seguridad en la higiene. En tanto que también es un problema reputacional, lo correcto es invertir en información sobre las garantías de salud. Y la idea de subvencionar a las aerolíneas por su aportación de viajeros no es mala; pero hay que cuidar que la gestión de la ayuda no sea más costosa, en tiempo y en personal, que la propia subvención.


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