Columna
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Sexo sin lengua

Hay que joderse con el virus. Décadas de prácticas para volver al magreo del instituto sin siquiera besos de tornillo

Una pareja se besa en la Piazza Navona de Roma.
Una pareja se besa en la Piazza Navona de Roma.MARCO IACOBUCCI / IPA / GTRES

El coronavirus ha venido de donde venga a jodernos vivos. Nos ha arrebatado a los que más queríamos, nos ha quebrado la bolsa y la vida, ha puesto patas arriba nuestros usos y costumbres y nos ha inoculado el miedo al otro hasta la médula. Recién salidos de las peores semanas, en las que bastante teníamos con llorar a los muertos, salvar enfermos y mantenernos alejados del prójimo como si apestáramos, muchos de quienes dormimos solos no habíamos caído en que el virus se nos ha metido también en la cama expulsando a posibles terceros, ya sean habituales, eventuales o fijos discontinuos. Quienes...

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