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‘Vaterfugio’, ‘concilío’ o ‘besaca’: por qué es necesario un diccionario para entender la maternidad actual

El libro ilustrado ‘Madrebulario’, de Marta Puigdemasa y Paola Villanueva, pone nombre e invita a reflexionar con inteligencia y humor sobre más de 150 experiencias que implican la crianza

Madre hijo
'Madrebulario' es un diccionario ilustrado que pone nombre a más de 150 experiencias maternales y de crianza.Vera Livchak (Getty Images)

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Que la maternidad es transformación lo descubrieron Marta Puigdemasa (41 años, Lleida) y Paola Villanueva (38 años, Sevilla) casi al mismo tiempo. Ambas amigas parieron en plena pandemia, entre abril y mayo de 2020, y al poner en común lo que sentían coincidieron en lo mucho que les había sorprendido que hoy en día, con todo lo que se ha avanzado y toda la información disponible, se siguieran ocultando o edulcorando las partes más oscuras o delicadas de la maternidad.

Pensaron entonces que hacía falta visibilizar otro tipo de maternidades más ambivalentes, más imperfectas y menos exigentes. En definitiva, maternidades realistas con las que identificarse y que les sirvieran para entender mejor lo que les estaba pasando. Así nació Madrebulario, un diccionario ilustrado que pone nombre a más de 150 experiencias maternales y de crianza hasta ahora invisibilizadas y que pretende reflejar la diversidad de vivencias que, al mismo tiempo, son tan universales. “Decidimos hacer un diccionario porque creemos que el simple hecho de tener una palabra para expresar algo que te pasa te hace sentir menos sola. Este era nuestro objetivo: decir a las futuras generaciones de madres que no están solas, que estamos aquí, pasando por lo mismo”, afirma Puigdemasa. Ella se ha encargado de los textos, y Villanueva de las ilustraciones.

PREGUNTA. Definen su Madrebulario como “cosas de madres que no salen en el diccionario”.

MARTA PUIGDEMASA. Es una forma de decir que las madres vivimos un montón de experiencias muy singulares que están muy poco presentes en la esfera pública y mucho menos reconocidas por las instituciones oficiales. Son cosas que se conversan en casa, se confiesan entre madres (suerte tenemos de los mamicheos) en el parque, en los grupos de lactancia, con la psicóloga perinatal o a veces ni eso, se quedan en nuestras cabecitas de madre particulares y nos crean inseguridades, traumas y ansiedades que poniéndolos en común, seguramente, se podrían evitar o minimizar. Compartir y reírnos en comunidad de nuestras miserias, entender que lo que nos pasa es más habitual de lo que nos parece, es siempre una buena terapia. Y tiene que hacerse más.

PAOLA VILLANUEVA. Madrebulario forma parte de un movimiento mucho más grande que quiere colocar la maternidad fuera del hogar para situarla en el debate público. Con esto, nos sumamos a una conversación que quiere desmitificar una maternidad libre de ambivalencias, romper tabúes, señalar injusticias o desromantizar el ideal de madre como ángel del hogar. Esto también se refleja en cómo hablamos, las palabras que usamos y las que no tenemos todavía.

P. ¿Cuál es su palabro favorito y por qué?

MP. Nuestras favoritas evolucionan junto a nuestro momento vital en la maternidad. Es verdad que ahora que nuestras hijas han crecido ciertas palabras del diccionario ya no te remueven tanto, porque ya has pasado de pantalla.

PV. Al inicio, estaba en una besaca [estado lamentable en el que te quedas después de una noche sin dormir] continua, descubrí en el cuarto de baño mi vaterfugio [unión de las palabras váter y refugio]. Cuando me reincorporé al trabajo remunerado, empezó el concilío [conciliar + lío] que tantos dolores de cabeza me sigue dando. Este es probablemente uno de mis palabros favoritos, aunque también uno de los que más me cabrea. Últimamente, las famigrañas [dolores de cabeza recurrentes que suelen sufrir las madres al hacerse cargo de todas las tareas] van cediendo y va creciendo un amiñoramiento [sentir añoranza de las amigas]. También es recurrente tener muchas ganas de que llegue el solosdecer [momento de calma cuando tu prole está dormida]. De forma transversal, la maroridad siempre está presente.

Paola Villanueva y Marta Puigdemasa (a la derecha), autoras de 'Madrebulario'.
Paola Villanueva y Marta Puigdemasa (a la derecha), autoras de 'Madrebulario'.

P. ¿Puede que la maroridad sea uno de los palabros más importantes?

MP. Diría que es imprescindible. La sororidad entre madres. Esas miradas de complicidad cuando tu criatura te monta un pollo en plena calle, esos pañales o toallitas compartidos y toda la ayuda que mujeres totalmente desconocidas se prestan entre ellas, en el contexto de una gran ciudad en la que normalmente ni se saludarían entre sí, solo por el hecho de ser madres, es supernecesaria. Las madres necesitamos compartir. Necesitamos una tribu que hoy en día no viene de forma natural; no estamos todas en la plaza del pueblo. Necesitamos empatía. Y les debemos eso de vuelta al resto de madres.

P. Madrebulario se trata de un proyecto colaborativo en el que han participado más de 70 mujeres a través de un cuestionario online. ¿Por qué ese proceso ha sido importante?

MP. Los términos del diccionario salen principalmente de nuestra propia experiencia, de nuestro día a día con nuestras hijas, de pelis que vemos, libros que leemos, conversaciones que tenemos con amigas y conocidas. Pero, desde el principio, queríamos que fuera un diccionario inclusivo, que abarcase la máxima diversidad de maternidades posibles. La mayoría de estas personas no han aportado palabras en sí, sino experiencias, sentimientos, pensamientos. Y precisamente recopilando experiencias nos dimos cuenta de que, aunque existen infinitos tipos de maternidades, había muchas vivencias significativas comunes que se repetían en el formulario. Muchas estábamos pasando por cosas similares. Y eso nos pareció que hacía más grande el proyecto, más representativo, más universal.

P. ¿Por qué piensan que necesitan encontrarlas en otras mujeres que han pasado o están pasando lo mismo?

PV. En mi caso, reconocerme y encontrarme en/con otras personas le da un nuevo sentido a mi experiencia. Me ayuda a entender mejor, a canalizar mejor cualquier situación, a contextualizar mi vivencia y sentirme menos sola. Concretamente, como madre y ciudadana de una ciudad grande, añoro esas conversaciones entre balcones que sucedían en las plazas del pueblo. Esos lugares y aquellos momentos en los que se criaba con la ayuda de las y los vecinos y era más fácil tener familia cerca. Creo que necesitamos encontrarnos para acompañarnos, pero también para resistir y sacudir el individualismo de nuestra sociedad capitalista.

P. Escribía la antropóloga feminista Julia Cañero que es difícil renunciar a los privilegios que otorga la no maternidad en este sistema centrado exclusivamente en el empleo y el consumo. ¿Se necesita también reinventar la forma en la que se entiende lo que es la maternidad?

PV. Pienso que revisar nuestros modelos de consumo, éxito, productividad o incluso felicidad, como plantea Eva Illouz en Happycracia, puede favorecer relaciones más sostenibles, afectivas y empáticas. Somos madres y criamos en estos modelos, por lo que reinventarlos quizá podría también reinventar un sistema más cariñoso que cuide más a las madres, que no cuestione a las que no quieren serlo, que reconozca que no hay una única manera de ser madre y que nos acompañe mejor en esta responsabilidad individual y colectiva.

P. ¿Se exige demasiado a las madres?

PV. Se nos exige demasiado a las madres y a las mujeres en general. Los movimientos y las acciones feministas llevan décadas señalando injusticias, desigualdades y violencias hacia las mujeres. En el caso de las madres, además de la exigencia por complacer la mirada masculina a través de modelos de belleza, emociones o comportamientos, se suman los estereotipos de una madre. Como escribe Adrienne Rich en Nacemos de mujer, la maternidad tiene una identidad unívoca, está libre de ambivalencias, es fuente de un amor incondicional y, además hoy, triunfa profesionalmente llegando a todo sin despeinarse.

MP. Por otro lado, me parece importante reconocer también nuestro papel en el tema de la culpa. Porque a veces también contribuimos a echárnosla encima. Nos autoexigimos demasiado, seguramente presionadas por la sociedad, y a veces sentimos que no tenemos derecho ni a quejarnos, porque cuando eres madre se supone que tienes que estar siempre contenta de serlo. Siempre, desde antes de tener a mi hija, me había molestado la frase de “no hay nadie como mami”, y no supe por qué hasta que fui madre: aceptar esa frase es aceptar toda la responsabilidad, toda la carga, porque si “no hay nadie como mami”, la culpa de todo siempre será de mami. Así que creo que deberíamos borrarla de nuestro disco duro y aceptar que nuestras criaturas pueden estar igual de bien con sus papás. Esto es lo que considero que podemos hacer por nuestra parte.

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