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GUERRA CONTRA IRÁN
Tribuna

Emiratos abandona la OPEP: impacto diferido, realineamiento anticipado

La salida solo ayudará en la reducción del precio del petróleo cuando Ormuz se abra, pero el país aprovecha la guerra para aumentar su producción y marcar su propia estrategia geopolítica en la región

El antiguo secretario general de la OPEP, Haitham Al Ghais, durante una conferencia de la OPEP celebrada en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) en 2022.Kamran Jebreili (AP)

En cualquier otro momento, la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP ―la Organización de Países Exportadores de Petróleo― habría supuesto un acontecimiento mayor para el mercado del petróleo, al tratarse del cuarto productor del cartel tras Arabia Saudí, Irak e Irán. Aunque su capacidad de producción es de casi cinco millones de barriles diarios, solo por detrás de Arabia Saudí, las cuotas del cartel la limitaban a unos 3,5, generando un malestar crónico en el emirato.

Con Ormuz cerrado, el impacto sobre el mercado del petróleo solo se producirá una vez se normalice la situación en el golfo Pérsico, pues los EAU apenas exportan ahora dos millones de barriles diarios por el oleoducto que salva el estrecho para desembocar en Fuyaira, ya en el golfo de Omán. Cuando el estrecho se abra, y solo entonces, un aumento de la producción emiratí por encima de su cuota OPEP actual ayudaría a reducir los precios del crudo; si el tránsito por el estrecho siguiera padeciendo perturbaciones, Emiratos podría acelerar su proyecto de construcción de un nuevo oleoducto para doblar la capacidad de exportación desde Fuyaira a más largo plazo.

Los responsables emiratíes ya han anunciado que ese futuro aumento de la producción será gradual y preservará la estabilidad de los mercados, descartando una guerra de precios con su vecino saudí, el único productor de la OPEP capaz de incrementar la producción muy por encima de su cuota. Pero además del impacto inmediato o diferido en los precios del petróleo, la decisión emiratí admite una lectura más disruptiva para la geopolítica de la energía.

Aunque la OPEP bien podría hacer suya la cita de Mark Twain según la cual las noticias de su muerte han sido exageradas, esta vez el golpe para el cartel es considerable. Otros productores han abandonado la OPEP, pero Angola, Ecuador, Indonesia o Qatar eran peones en el tablero petrolero, no piezas mayores. A esto se suma que Venezuela, lejos de jugar su tradicional papel de halcón en el cartel, está exento de cuotas, no puede aplicar su propia política petrolera y parece más bien otro candidato para abandonarlo.

La motivación emiratí no es nueva: tras invertir masivamente en los últimos años para aumentar su capacidad de producción, quiere materializarla y recoger los beneficios, especialmente para acelerar la recuperación de una economía fuertemente castigada por la guerra. Pero tampoco puede descartarse un cierto realineamiento geopolítico del país que más ataques iraníes ha recibido, degradando su sector energético y su atractivo como polo turístico y financiero.

Es también el que más beligerante se ha mostrado con Irán, en claro contraste con sus vecinos, especialmente Arabia Saudí. Junto con Bahréin, es el único país del Golfo que ha firmado los Acuerdos de Abraham con Israel y uno de los que tiene relaciones más estrechas con Estados Unidos, varios países europeos, Corea del Sur o Australia, todos los cuales le han ayudado a defenderse de los ataques iraníes.

Aunque la motivación primordial sea aumentar el margen de maniobra de su estrategia petrolera, la guerra contra Irán constituye una oportunidad para dejar la OPEP sin afectar a los mercados e, incidentalmente, marcar distancias geopolíticas con las estrategias de otros productores.

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