Estados Unidos se prepara para un bloqueo largo de Ormuz
“Es más efectivo que los bombardeos”, ha sostenido Trump, tras cumplirse dos meses desde el inicio de la guerra


Ni combates, ni cese de las hostilidades. La ofensiva estadounidense-israelí contra Irán se ha convertido en la guerra de Schrödinger, cuando se han cumplido esta semana 60 días del inicio del conflicto. La única certeza en ella es que el limbo actual se alarga. Las negociaciones se encuentran estancadas, Irán no da señales de ceder ante la presión, y el presidente Donald Trump se prepara para un cierre prolongado del estrecho de Ormuz.
Trump ha dejado claro que, por ahora, su opción es prolongar el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes, convencido de que Teherán comienza a sufrir problemas incluso en el almacenamiento de su crudo al no poder exportar su petróleo. “El bloqueo es, en cierto modo, más efectivo que los bombardeos. Se están ahogando como un cerdo atiborrado. Y va a ser aún peor para ellos”, advirtió este miércoles en una entrevista concedida al digital Axios. Y repitió lo que Estados Unidos asegura que es su gran objetivo en el conflicto: los iraníes “no pueden tener un arma nuclear”.
El presidente estadounidense se muestra desafiante. Esta madrugada publicó un mensaje en redes sociales en el que, junto a una imagen suya elaborada con inteligencia artificial, en la que aparecía armado y con gafas oscuras, advertía a Teherán que “más le vale espabilar pronto”. Y agregó: “No pueden comportarse de manera coherente. No saben cómo firmar un acuerdo no nuclear”.
En su entrevista con Axios, aseguró que la República Islámica “quiere llegar a un acuerdo. No quiere que mantenga el bloqueo. Yo no quiero levantarlo, porque no quiero que ellos tengan un arma nuclear”. Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, defendió la guerra en una comparecencia en el Congreso: “Llevamos apenas dos meses de lucha existencial. Les recuerdo cuánto tiempo estuvimos en Afganistán y cuánto tiempo en Vietnam”.
Pero los costes se acumulan: a los miles de muertos en Irán —y 13 entre las tropas estadounidenses— se suma la escalada en los precios de la energía. Aunque la Administración Trump alardea de que Estados Unidos es el principal productor mundial de gas y petróleo, el precio medio de la gasolina ya es el más alto desde el comienzo de la guerra en Ucrania (4,23 dólares el galón). También se dispara el precio de los fertilizantes y otros productos básicos. El responsable de la contabilidad del Pentágono cifró el gasto militar en lo que va de conflicto en unos 25.000 millones de dólares, en una comparecencia en el Congreso este miércoles. Ya se encuentran en la zona tres portaviones y continúa la llegada de refuerzos, algo que va a ampliar aún más ese coste.

En el lado de Teherán, el impasse y el bloqueo que ahora impone también Estados Unidos acumula igualmente consecuencias: no puede vender su petróleo y su moneda, el rial, cotiza en niveles históricamente bajos frente al dólar.
La popularidad de la guerra en Estados Unidos, muy baja desde el primer momento, se desploma. A mediados de marzo un 38% de los ciudadanos se declaraba de acuerdo con la ofensiva, según una encuesta de Reuters/Ipsos. A finales de abril, esa cifra se ha reducido al 34%.
Trump, por su parte, continúa los bandazos que ha venido dando desde que el 28 de febrero se lanzaron los primeros ataques sobre territorio iraní. Un día da señales de hastío y parece dispuesto a cantar victoria y dar el conflicto por acabado tal y como está. Otro, se inclina por continuar sine die.
El presidente se reunió el lunes en la sala de crisis de la Casa Blanca con su equipo de seguridad nacional, que le presentó una serie de opciones sobre cómo atajar el bloqueo del estrecho de Ormuz, cerrado por Irán desde hace dos meses y por el que Estados Unidos también impide el paso de los barcos mercantes autorizados por Teherán, después de que las negociaciones bajo la mediación paquistaní no hayan llevado a ninguna parte por el momento.
Entre las opciones que se examinaron se encontraba la posibilidad de aumentar o reducir el despliegue militar en torno al golfo Pérsico o que las fuerzas estadounidenses sean más agresivas en sus operaciones en la zona, según informó un alto cargo estadounidense a la cadena de televisión NBC.
Trump se reunió también con representantes de las grandes empresas petroleras el martes, con los que abordó posibles nuevos pasos en el bloqueo del estrecho y los puertos iraníes. Fue el momento en el que Trump se inclinó por continuar el cierre “durante meses, si es necesario”. En este encuentro, organizado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, participaron representantes de firmas como Chevron, Trafi, Vitol y Mecuria.
La situación en Ormuz no fue el único asunto que se abordó en la cita con los ejecutivos, según ha explicado una fuente de la Casa Blanca. También se trataron posibles pasos para paliar los efectos del bloqueo y las alzas en los precios de la gasolina entre los ciudadanos estadounidenses, así como la situación en el sector petrolero de Venezuela.
Mientras tanto, el futuro de las negociaciones mediadas por Pakistán continúa siendo incierto, tras el fiasco de la semana pasada, cuando la anticipada segunda ronda en Islamabad no se llegó a celebrar. La Administración republicana ha mostrado poco entusiasmo por la propuesta iraní de abrir el estrecho en tres etapas, sin resolver la cuestión del programa nuclear.

Este miércoles, Bessent insistió en que el Gobierno estadounidense aumentará su “campaña de máxima presión”. Según el secretario del Tesoro, Irán deja de ingresar 170 millones de dólares cada día que se mantiene el cierre de sus puertos, y se acabará viendo obligado a capitular. Hasta el momento, no obstante, el régimen teocrático no ha dado señales de flaquear. Su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, viajó a Moscú esta semana para reunirse con el presidente ruso, Vladímir Putin, y celebrar “la profundidad y fortaleza de nuestra alianza estratégica”.
“Estamos en un círculo vicioso en el que tanto Estados Unidos como Irán creen que es el otro el que se está llevando la peor parte en la situación actual, y como resultado, cada uno está esperando que sea el otro el que se rinda”, opina Trita Parsi, cofundador del think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft.
Los intentos de la oposición demócrata por imponer límites a Trump en esta guerra tampoco parecen cobrar impulso. Aunque este viernes se cumplirán los 60 días que legalmente tiene la Administración para lanzar operaciones militares en el extranjero antes de verse obligada a recibir la autorización del Congreso —el plazo empezó a contar el día en que la Casa Blanca notificó oficialmente en el Capitolio el comienzo de los bombardeos—, todas las iniciativas para aprobar una resolución que obligue al presidente a atenerse a la resolución de 1973 sobre los poderes de guerra —sea en el caso de Irán, de Venezuela o de Cuba— han fracasado de modo sistemático. En ninguno de los casos los demócratas han conseguido persuadir a un número suficiente de legisladores de la mayoría republicana para sacarlas adelante.


























































