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La mermelada, el precio a pagar por el error del Brexit

El alineamiento normativo con la UE supone un cambio de nombre de la legendaria compota hecha con naranjas de Sevilla: ya no será ‘marmalade’, como se la conoce en el Reino Unido, sino ‘citrus marmalade’

Mermelada de corte fino, fabricada con naranjas de Sevilla. Andrew Davies / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)

Hay bulos o medias verdades que pueden cambiar la historia de un país, y otros que simplemente son acogidos con indiferencia, porque no es momento de revoluciones. Cuando Boris Johnson ejercía de corresponsal en Bruselas para el The Daily Telegraph, su historia sobre el pretendido empeño —falso― de los burócratas comunitarios por suprimir las patatas fritas con sabor a cóctel de gambas, tan populares entre los británicos, se convirtió en una ola añadida al temporal del Brexit. Otra afrenta que había que evitar.

Más de una década después, con un país convencido ya de que su salida de la UE fue un desastre económico y político, el Gobierno del laborista Keir Starmer se ha empeñado en reparar todo lo posible aquel destrozo, y trabaja desde hace dos años en propiciar un mayor acercamiento con el bloque comunitario. Su último propósito anunciado es el de buscar un mayor alineamiento normativo —“alineamiento dinámico”, lo llaman― con Bruselas. Es decir, cambiar la regulación británica en materia agroalimentaria o fitosanitaria cuando cambie en la Unión Europea, para facilitar de ese modo un comercio sin tanta fricción.

Hace pocos años, una idea como esa era lo más parecido al demonio para la legión de euroescépticos que veían en cada cesión a Europa una capitulación de su soberanía. Hoy, con un mundo en convulsión perpetua y la economía británica en horas bajas, ya no hay ganas de reavivar la batalla del Brexit.

Por eso resulta sorprendente que cuando la BBC, nada menos que la BBC y no cualquier tabloide estridente y antieuropeo, adelantaba hace unos días que uno de los precios del alineamiento normativo con Bruselas sería el nombre de la mermelada, la noticia apenas provocó algún levantamiento de ceja, la irritación y escándalo de algún político conservador despistado, y el escepticismo general ante lo que parecía otra nueva media verdad repleta de matices. El acuerdo consiste en que la popular marmalade, la que come el osito Paddington, debe llamarse citrus marmalade. Parece un cambio baladí, pero tiene todo un trasfondo.

En el Reino Unido, solo es mermelada (marmalade, en el original en inglés) la compota hecha con cítricos, aunque para la mayoría de los.británicos, es la que lleva naranjas amargas de Sevilla, azúcar y agua. Lo demás recibe el nombre de jam o jelly, según la textura. Puede ser de fresa, de melocotón o cualquier otra fruta. Pero mermelada solo puede ser la de naranja.

Si uno entra a los exquisitos almacenes de Fortnum & Mason, en la londinense calle Piccadilly, proveedores históricos de la familia real, hay toda una pared con estanterías repletas de distintas variedades de mermelada. Con trozos de cáscara de naranja o sin ellos; más dulce o más amarga; más triturada o con más tropezones; incluso con aromas añadidos, como el de champán, pero sin excesos.

En la década de los setenta, cuando el Reino Unido acababa de entrar en la entonces Comunidad Económica Europea con la fe del converso, utilizó su legendaria capacidad negociadora y de presión para que solo se llamara mermelada a la de naranja, para desventaja de muchos países donde el término se usaba desde siempre para referirse a cualquier compota. En 2004, Bruselas relajó la regla, y en diversas regiones se volvió a utilizar.

Con el Brexit se acabó cualquier excepción británica. Todo volvió a su cauce. Ahora, sin embargo, es muy probable que el Gobierno de Starmer se vea obligado a exigir a sus empresas que llamen al producto “mermelada de cítrico” si quieren venderla en el continente. Algunos lo hacen ya. Otros se resisten, por el momento. La casa Frank Cooper’s sigue llamando a la suya Oxford Marmalade, la favorita de James Bond. Es la más habitual en las casas británicas. Este corresponsal tiene también una en su nevera, aunque sería complicado calcular cuánto tiempo lleva allí.

En 2022, durante la celebración del Jubileo de Platino de Isabel II, la reina se prestó a participar en uno de esos vídeos deliciosamente empalagosos, tan de marca británica, en el que compartía té con el osito Paddington. Cuando el célebre personaje infantil sacó de su sombrero el famoso sándwich de mermelada que siempre lleva consigo, la reina sacó otro de su eterno bolsito de piel negra. “Para más tarde”, decía, sin necesidad de más explicaciones.

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