Elecciones en Brasil
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Brasil, entre la democracia y el autoritarismo

Es difícil imaginar un escenario en el que Bolsonaro pierda las elecciones y acepte pacíficamente su posible derrota

Pedro Abramovay
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, durante un mitin de campaña en Santos.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, durante un mitin de campaña en Santos.Andre Penner (AP)

Es muy fácil encajar al presidente Jair Bolsonaro en la ola contemporánea de líderes autoritarios que llegaron al poder a través del voto. Su discurso antipolítico, sus ataques a la prensa, a la sociedad civil y al Poder Judicial, su empeño por dejar claro que solo él representa al pueblo brasileño y sus valores, su falta de compromiso para reconocer un potencial resultado electoral que no le favorezca, son todos elementos que llevan a Bolsonaro directamente al panteón del autoritarismo contemporáneo.

La gran pregunta para el domingo es cuál será la suerte de este liderazgo autoritario en Brasil. Hay básicamente dos resultados que la historia contemporánea nos enseña sobre estos líderes. Trump, Orban, Ortega, Erdogan, Modi y tantos otros, todos llegaron al poder por elección. Algunos fueron derrotados en su primera candidatura a la reelección y la democracia pudo demostrar su resiliencia ante estos fenómenos. Otros fueron reelegidos. Y los reelegidos, en todos los casos, lograron implementar su proyecto autoritario de tal manera que ya no parece posible que gane un grupo de oposición.

La historia es el mejor referente para tomar decisiones y es precisamente con estos claros precedentes en mano que saldrán a votar los brasileños. La disyuntiva es entre situar a Brasil en la lista de democracias que resistieron y derrotaron a presidentes sin ningún compromiso con las instituciones democráticas o asociar el país a los que entronizaron a líderes que logran desgastar las instituciones democráticas para perpetuarse en el poder.

Bolsonaro ingresó a la política en 1988, el año en que Brasil promulgó su Constitución más democrática. Su vida política se construyó en oposición a todos los valores democráticos representados por esa Constitución. Si tal como lo señalan la mayoría de las encuestas, Bolsonaro es derrotado este domingo en primera vuelta o en segunda, sería una victoria de los valores cristalizados en la Constitución de 1988.

Pero precisamente porque la historia produce lecciones para ganadores y perdedores, a estas alturas, luego de ver el patético y peligroso espectáculo protagonizado por Trump y sus seguidores el 6 de enero de 2021 en el Congreso de Estados Unidos, ya es posible saber que Bolsonaro no aceptaría una eventual derrota. El actual presidente ha declarado públicamente que cualquier resultado diferente a su victoria en la primera vuelta no puede considerarse normal (aunque las encuestas marquen entre 10 y 15 puntos de ventaja de su oponente, el expresidente Lula da Silva). Bolsonaro ya llamó a los militares a realizar un seguimiento ‘independiente’ de las elecciones y reunió a embajadores extranjeros para decir que hay fraude en el sistema electoral brasileño.

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Así las cosas, es difícil imaginar un escenario en el que Bolsonaro pierda las elecciones y acepte pacíficamente su posible derrota, o que lidere una transición democrática del poder a los elegidos. Sería bueno entender qué aprendió Bolsonaro del fracaso de Trump el 6 de enero. Sus acciones y declaraciones recientes de ninguna manera indican que la lección aprendida es que las instituciones democráticas, al final, prevalecen. Por lo tanto, todo indica que podríamos esperar reacciones más violentas y estrategias más descabelladas para impugnar el resultado e impedir la transición pacífica del poder en Brasil.

Es difícil predecir exactamente cuáles serán los escenarios y movimientos. En Brasil, las elecciones son administradas y conducidas por el Poder Judicial. El Poder Judicial es también el que más enfrentó los arranques autoritarios del presidente en los últimos cuatro años. De esta manera, seguramente será contra el Poder Judicial que Bolsonaro articularía su reacción.

La reacción difícilmente seguiría un guion tradicional de golpe de Estado. No serán necesariamente tanques dirigidos al Poder Judicial. La reacción seguramente comenzará con una retórica feroz, articulando el miedo, los valores religiosos y un llamado a los partidarios a actuar con violencia.

El escenario de una reacción con este guion es el más probable. Las instituciones se están preparando para esto y se han tomado medidas de seguridad. También se espera que la comunidad internacional se apresure a reconocer el resultado anunciado por la Justicia Electoral de Brasil.

Pero, así como en Estados Unidos, este proceso en Brasil dejará heridas abiertas. La historia brasileña ha sido la de pretender que es posible borrar las heridas con el olvido. Incluso antes de las elecciones, los aliados de Bolsonaro ya hablan de articular una amnistía para el actual presidente. Y en este caso, una vez más, la historia debe ser nuestra principal maestra. Cualquiera que se involucre en ataques a la democracia debe saber que tendrá una cita con la Justicia. Así, Brasil podría estar plenamente orgulloso de haber derrotado a un presidente autoritario con el pleno ejercicio de una Constitución democrática.

Pedro Abramovay es director Ejecutivo para Latinoamérica y el Caribe de Open Society Foundations.

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