Macron se juega su quinquenio en las elecciones legislativas ante un pujante Mélenchon

Los sondeos para la cita del próximo domingo sitúan a la izquierda como primera fuerza de oposición frente a un macronismo debilitado

Emmanuel Macron, el viernes en París.
Emmanuel Macron, el viernes en París.CHRISTOPHE PETIT-TESSON (EFE)

Una victoria electoral rotunda no siempre garantiza la estabilidad en el poder. El presidente francés, Emmanuel Macron, derrotó con 17 puntos de ventaja la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, en las elecciones presidenciales de abril. Pero, para gobernar sin sobresaltos en los próximos cinco años, deberá revalidar su actual mayoría absoluta en las legislativas del 12 y el 19 de junio.

La rival de Macron ya no es Le Pen. Está desdibujada en esta campaña y, de todos modos, suele fallar en las legislativas: hoy no tiene ni grupo parlamentario en la Asamblea Nacional. El rival es Jean-Luc Mélenchon, el veterano líder de la izquierda anticapitalista y euroescéptica, quien se perfila como la mayor amenaza para el presidente centrista en el nuevo quinquenio.

“Hoy la oposición a Macron somos nosotros”, declara Danièle Obono, diputada por París del partido de Mélenchon y candidata a la reelección. “El régimen macronista está inquieto”.

Mélenchon quedó tercero en las presidenciales, con 7,7 millones de votos, el mejor resultado de su historia. Se quedó a 400.000 votos de la segunda vuelta. Se afianzó como el hombre fuerte de la izquierda, y ha logrado unir bajo su tutela a socialistas, ecologistas y comunistas.

“Elegidme primer ministro”, repite Mélenchon desde hace semanas. El eslogan resulta eficaz. Le permite aparecer como única alternativa. Y proyecta la idea de que es posible la conquista del poder.

El dirigente izquierdista cree que, si la llamada Nueva Unión Popular Ecologista y Social (NUPES) obtiene una mayoría en la Asamblea Nacional, el presidente se verá forzado a nombrarle al frente de un nuevo Gobierno. Es la revancha de las presidenciales.

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Peligra la mayoría absoluta

No lo tendrá fácil. Los sondeos coinciden: Ensemble (Juntos), que es el nombre de la candidatura macronista, será la que contará más diputados. Pero no es seguro que supere los 289, el umbral de la mayoría absoluta. Ahora tienen 347 diputados.

Macron, que gobernó sin oposición durante el primer quinquenio, podría tener que conformarse con ser la primera fuerza con una mayoría relativa, no absoluta. Este escenario entorpecería al proceso legislativo y le obligaría a buscar pactos con otras fuerzas.

“Las legislativas son una cuestión de movilización”, comentaba hace unos días Frédéric Dabi, director general de Opinión en el instituto demoscópico Ifop. “Si Emmanuel Macron moviliza, gana. Si la izquierda moviliza a su campo, puede obtener muchos diputados y, aunque quizá no pueda ganar, sí podría imponer a Macron una mayoría relativa”.

Las presidenciales han consagrado la desaparición del viejo sistema de partidos en el que se alternaba en el poder la izquierda socialdemócrata (la de los presidentes François Mitterrand y François Hollande) y la derecha moderada (la de Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy). Se ha consolidado un nuevo esquema tripartito: el hipercentro de Macron, la izquierda de Mélenchon y la derecha nacionalista y populista de Le Pen. La nueva Francia tripartita se plasmará, con matices, en la Asamblea Nacional.

Una proyección de Ifop da a los macronistas entre 275 y 310 diputados sobre 577; a los mélenchonistas, entre 170 y 205; a la derecha histórica de Los Republicanos, que sobrevive y sacaría entre 35 y 55; y a Le Pen, entre 20 y 50.

Las legislativas son, en realidad, 577 elecciones en 577 distritos. En cada uno de ellos pasan a la segunda vuelta los dos más votados en la primera y los que superen el 12,5% de inscritos (votantes más abstencionistas). Cada distrito elige a un diputado.

La ventaja de los macronistas de Ensemble es situarse en el centro del tablero ante opciones que una mayoría percibe como radicales. En la segunda vuelta, sus candidatos deberían congregar a los votantes que quieren frenar a los candidatos de Mélenchon o de Le Pen. Suele haber, en este sistema, una prima al moderado.

“Yo deseo que, en la continuidad de la elección presidencial, los franceses opten por la solidez de una mayoría estable y seria para protegerlos ante las crisis y para actuar ante el futuro”, declaró Macron este sábado en una entrevista con Le Parisien y varios diarios regionales. “El proyecto de Jean-Luc Mélenchon y de la señora Le Pen”, añade, “es el desorden y la sumisión”. Se refiere a la supuesta sumisión de sus rivales a la Rusia de Vladímir Putin.

La entrevista marca la entrada en campaña del presidente. La novedad es la creación de un Consejo Nacional de la Refundación, inspirado en el Consejo Nacional de la Resistencia que, tras la II Guerra Mundial, sentó las bases de la Francia moderna. Esta entidad, integrada entre otros por ciudadanos de a pie elegidos por sorteo, debe encargarse de impulsar las reformas. Pero no desde el palacio del Elíseo ni París, sino asociando a la ciudadanía.

Macron cargó, en la entrevista, también contra la pretensión de Mélenchon de ser primer ministro. Y recordó que este ni siquiera se presenta a un escaño en estas legislativas, aunque no es insólito que en Francia el primer ministro no sea diputado. También avisó de que, aunque la NUPES ganase las elecciones, él no tendría por qué nombrar a su líder como jefe de Gobierno: “Ningún partido político puede imponerle un nombre al presidente”.

Un interregno complicado

Lo habitual es que, después de unas presidenciales, los franceses renueven la confianza en el jefe del Estado recién elegido otorgándole una mayoría parlamentaria para que aplique su programa. Pero este interregno entre las presidenciales y las legislativas ha sido complicado para Macron.

El nuevo Gobierno, encabezado por la tecnócrata de centroizquierda Élisabeth Borne, no entusiasma. Y se le acumulan los problemas. Dos mujeres han acusado de violación al ministro de Solidaridades y Discapacidades, el antiguo dirigente derechista Damien Abad. Sigue en el cargo. El caos organizativo y los incidentes, hace una semana, en la final de la Champions League entre el Real Madrid y el Liverpool han dejado en mala posición al ministro del Interior, Gérald Darmanin, y han dañado la imagen de Francia.

A todo esto se suma la inflación, que el Gobierno quiere contrarrestar con medidas para fomentar el poder adquisitivo. Y otro obstáculo: la impopularidad de la promesa estrella de Macron para el quinquenio, la reforma de las pensiones y el aumento de la edad de jubilación de los 62 años actuales a los 64 o 65. Mélenchon promete bajarla a los 60.

Una complicación añadida es que 15 de los 27 ministros, además de la primera ministra Borne, son candidatos a las legislativas. El presidente ha dejado claro que quienes pierdan tendrán que marcharse.

Las legislativas tienen algo de plebiscito sobre el Gobierno. Es el argumento de los mélenchonistas, pero afrontan una dificultad de peso, similar a la de Le Pen: movilizar, en unas elecciones tradicionalmente con alta abstención, a un electorado menos proclive a ir a las urnas que el de Macron.

“Si esta gente vuelve a votar, ganamos”, dice la diputada Obono en alusión a los votantes de Mélenchon en las presidenciales. “Que Jean-Luc Mélenchon haya dicho ‘elegidme primer ministro, hay una tercera vuelta de las elecciones presidenciales’, ha captado la atención de la gente”.

“Hay cuatro bloques en Francia: el macronista, el de la extrema derecha, el popular y el abstencionista”, describe Danielle Simonnet, candidata en París de lo que ella llama el “bloque popular” o mélenchonista. “Lo que necesitamos”, añade, “es movilizar a los nuestros y, al mismo tiempo, movilizar a los abstencionistas”.

Simonnet ya ve a Mélenchon en el palacio de Matignon, sede de la jefatura del Gobierno. Y augura que, en este caso, los poderes establecidos “no se quedarán de brazos cruzados”. “Subiremos el salario mínimo por decreto, restauraremos el impuesto sobre la fortuna, pondremos en marcha la revolución fiscal”, enumera. “No se dejarán hacer”.

Es viernes por la tarde, y Simonnet participa junto a Obono en un “aperitivo popular” en la plaza Edith Piaf, en el este de París. Ha llegado un invitado estrella. Fue el Mélenchon británico, el hombre que lideró sin éxito el Partido Laborista: Jeremy Corbyn. De paso por París, el político británico ha aprovechado para apoyar a Danièle Obono y a Danielle Simonnet. Lanza vivas al socialismo y se hace fotos con los vecinos y simpatizantes.

“La unidad de la izquierda en Francia es bienvenida por vuestros amigos y camaradas en Gran Bretaña”, les dice Corbyn. “¡Ganad esta elección! ¡Por las dos Danielles! ¡Por los jóvenes y por la decencia en nuestra sociedad!”

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Sobre la firma

Marc Bassets

Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

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