Un Bundestag mastodóntico: ya tiene 735 diputados y no deja de crecer

La complicada ley electoral alemana de dos votos asegura la proporcionalidad aumentando el número de escaños

El nuevo grupo parlamentario de los socialdemócratas, con el vicecanciller Olaf Scholz en el centro, reunido en uno de los edificios del Bundestag. Es el grupo más numeroso, con 206 miembros.
El nuevo grupo parlamentario de los socialdemócratas, con el vicecanciller Olaf Scholz en el centro, reunido en uno de los edificios del Bundestag. Es el grupo más numeroso, con 206 miembros.TOBIAS SCHWARZ (AFP)

Al Bundestag están a punto de estallarle las costuras. Las elecciones federales celebradas el pasado domingo no solo han dejado un panorama político dominado por la incertidumbre; también han empeorado uno de los problemas que arrastra hace años el sistema parlamentario alemán. El Bundestag está inflado, es demasiado caro y está perdiendo eficiencia, coinciden todos los expertos. El motivo: hay demasiados diputados. A diferencia de lo que ocurre en otras cámaras de representación, el Bundestag no tiene un número fijo de asientos. Este varía según el recuento de los votos de las elecciones aplicando una complicada fórmula que compensa escaños para asegurar la proporcionalidad. El Parlamento alemán desveló el lunes su nuevo número de miembros: 735. Son 26 más que la legislatura pasada y 137 por encima de los que en teoría debería tener.

Pese a que la cifra sigue creciendo, muchos respiraron aliviados. Varias estimaciones habían predicho que el Bundestag podía ampliarse hasta superar los 800 escaños e incluso estallar acercándose a los 1.000. Es otro de los efectos secundarios de la fragmentación del voto. “El sistema funcionó muy bien hasta los años setenta. No había problemas para equilibrar los dos principios que rigen el sistema electoral alemán porque había dos partidos mayoritarios y uno minoritario”, explica el politólogo Sebastian Bukow, director del departamento de política interna de la Fundación Heinrich Böll. Sin partidos dominantes, con dos que rondan el 25% del voto (democristianos y socialdemócratas) y otros tres en la horquilla del 10% al 15% de los sufragios (Verdes, liberales y la derecha populista de AfD), darles el peso que les corresponde exige seguir aumentando los asientos.

Vista general de la sala de plenos del Bundestag, en el edificio del Reichstag, en Berlín.
Vista general de la sala de plenos del Bundestag, en el edificio del Reichstag, en Berlín. Markus Schreiber (AP)

El Bundestag, en realidad, debería tener 598 diputados. Los ciudadanos emiten dos votos, uno para elegir con un mandato directo a un candidato de su circunscripción —hay 299; el más votado en cada territorio obtiene escaño— y otro en el que se marca la cruz de un partido político. Esta segunda elección debería permitir repartir otros 299 asientos. Pero las reglas de proporcionalidad de la ley electoral obligan a compensar a los partidos con lo que se conoce como mandatos o escaños excedentes. Si una formación obtiene más mandatos directos de los que le correspondería por la segunda votación, el Bundestag debe aumentar el número total de asientos para repartirlos entre el resto y que al final los escaños sean proporcionales. Hasta ahora, los grandes beneficiados de este sistema habían sido los democristianos de la CDU y, sobre todo, la CSU bávara.

El resultado de una ley pensada para otra época es que ahora el Parlamento alemán es el segundo por número de miembros, solo por detrás del chino (la Cámara baja española tiene 350 escaños). Con la diferencia de que China tiene 1.400 millones de habitantes y Alemania, 83. Cada diputado del Bundestag representa a casi 113.000 ciudadanos, una ratio muy alejada, por ejemplo, de los casi 800.000 a los que representa cada miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos (con 435 congresistas). Más asientos en el hemiciclo equivalen a más coste. Al sueldo que perciben los diputados hay que sumar los empleados a los que tienen derecho a contratar, entre cinco y siete cada uno.

La Asociación de Contribuyentes Alemanes lleva años haciendo campaña a favor de una reforma que ponga fin al crecimiento descontrolado del Bundestag. Esta semana encargó una encuesta rápida a la empresa Civey que preguntaba a los ciudadanos qué les parece el número de diputados de esta legislatura. El 94,1% contestó que son “demasiados”. Reiner Holznagel, presidente de la asociación, asegura que es el momento de modificar la ley electoral. “Está en juego la credibilidad de la democracia parlamentaria”, opina. La organización, siempre atenta al destino que se da a los impuestos que pagan los alemanes, calculó hace meses el coste extra de un Parlamento con 709 escaños: 333 millones de euros más que si tuviera los 598 previstos en la ley. Su última campaña, titulada “Paren el Bundestag XXL”, reclama reducirlo a 500 miembros.

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Además del dinero, hay otro argumento de peso para replantearse la viabilidad de un Parlamento desmesurado: no hay espacio físico para tantos diputados. Claudia Roth, vicepresidenta del Bundestag por Los Verdes, se lo decía preocupada a Der Spiegel hace unos días: “¿Dónde van a sentarse en el pleno? ¿Dónde se reúnen los comités, algunos de los cuales tendrán el tamaño de un Parlamento regional? ¿Dónde se reúnen los grupos?”. Los edificios de oficinas se han quedado pequeños. Actualmente hay otro en construcción cerca de la parada del metro que da servicio al barrio gubernamental de Berlín, pero no va a llegar a tiempo para la constitución del nuevo Bundestag, prevista para el 26 de octubre. La funcionalidad del trabajo parlamentario también está en entredicho. En general, todos los miembros de la Cámara pertenecen al menos a un comité técnico, que es donde se trabajan a fondo los asuntos. Pero estos no pueden crecer indefinidamente.

Los intentos recientes de reformar el sistema electoral no han tenido demasiado éxito. En general, a los antiguos partidos mayoritarios no les interesa porque se benefician de los mandatos directos y de su compensación, explica Bukow. Especialmente la CDU y su partido hermano bávaro CSU, que son los que más han presionado para que no cambie el procedimiento. Una pequeña modificación acordada la pasada legislatura no ha solucionado el problema, como muestra el aún más voluminoso Parlamento salido de las urnas. Los nuevos diputados tendrán que decidir si ya ha llegado el momento de cortar el crecimiento sin freno de un Bundestag cada vez más abotargado.

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Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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