IRÁN

El ultraconservador Ebrahim Raisí gana las elecciones en Irán

El jefe del Poder Judicial ha obtenido 17,9 millones de votos del total de 28,9 millones emitidos

El presidente electo, Ebrahim Raisi (a la izquierda), junto con el presidente iraní, Hassan Rouhani, antes de la rueda de prensa este sábado en Teherán. En vídeo, declaraciones de ambos mandatarios.EFE | VÍDEO: REUTERS
ENVIADA ESPECIAL, Teherán - 19 jun 2021 - 13:34 UTC

Sin sorpresas. Ebrahim Raisí ha ganado las elecciones presidenciales del viernes en Irán, con amplia mayoría, pero bajo la sombra de la participación más baja de la historia de la República Islámica (48,8%). El ultraconservador jefe del Poder Judicial ha obtenido el 62% de los 28,9 millones de votos emitidos, según ha anunciado este sábado el ministro del Interior, Abdolreza Rahmani-Fazli. Tanto sus dos principales rivales como el presidente saliente, Hasan Rohaní, le felicitaron sin esperar al resultado oficial.

Rahmani-Fazli ha informado de que, concluido el escrutinio, Raisí obtenía 17,9 millones de votos, seguido por el ex jefe de la Guardia Revolucionaria Mohsen Rezaí, con 3,4 millones (12%); el moderado ex gobernador del Banco Central Abdolnaser Hemmatí, con 2,4 millones (8,5%); y el diputado Amir Hossein Ghazizadeh Hashemí, no ha llegado al millón (3,4%). El resto, un 14%, han sido votos nulos, según el ministro.

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A pesar de que el resultado sigue el guion previsto, Kian se sorprende de las cifras. “Casi 18 millones de votos”, repite en voz alta este ingeniero en paro que gana algún dinero con la plataforma de movilidad Snapp, el Uber local. “No creo que todos sean realmente simpatizantes de Raisí, muchos como el portero de casa de mis padres, votan porque creen que es un deber religioso, pero tampoco están contentos”, asegura.

Fruto de ese descontento es la participación más baja en unas presidenciales desde la revolución de 1979, aunque las legislativas del año pasado se quedó en el 43%. Quizá también el elevado de papeletas nulas. Los llamamientos a boicotear las elecciones, también contemplaban el voto en blanco para quienes necesitan contar con el sello de voto en su shenasnameh (libreta de familia). Tanto esos votos como el elevado índice de abstención son interpretados por activistas y opositores como un ejercicio de desobediencia civil en un régimen que hasta ahora exhibía la nutrida asistencia a las urnas como prueba de legitimidad y respaldo popular. Algunos analistas consideran, no obstante, que se ha producido un cambio y que ahora se acepta una elección con poca participación.

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Control de los tres poderes

Ambos factores proyectan sin embargo una sombra sobre la legitimidad del futuro presidente, un protegido del líder supremo, Ali Jameneí. Con su elección, el ala dura del régimen tendrá el control de los tres poderes del Estado desde hace una década. Los ultraconservadores (ellos se denominan principalistas) ya barrieron el año pasado en las elecciones parlamentarias y controlan el poder judicial, además de las fuerzas armadas (que dependen directamente del líder supremo).

En su primera reacción tras el anuncio de los resultados, el presidente electo ha prometido que su Gobierno “va a hacer todo lo posible para asegurar los medios de vida de la gente”. Raisí, de 60 años, hizo su campaña bajo el eslogan “Administración popular, Irán fuerte”, haciendo énfasis en la lucha contra la corrupción, combatir la pobreza, crear empleos y contener la inflación. Ese mensaje ha calado en muchos iraníes que se encuentran al límite por los efectos económicos de las sanciones estadounidense y la pandemia de covid-19. Pero el respaldo obtenido está lejos del que obtuvo Rohaní en 2013 y 2017 (la ley le impide un tercer mandato consecutivo), con participaciones del 73%.

El hasta ahora jefe del Poder Judicial ha sido mucho más parco en sus comentarios de política exterior. Como el resto de los candidatos, ha dicho que su Gobierno continuaría las negociaciones para reactivar el acuerdo nuclear. Aunque esa área es prerrogativa del líder supremo, quien ha dado su visto bueno a las negociaciones de Viena, algunos observadores opinan que el triunfo de Raisí puede complicar su desarrollo. Para empezar, es previsible que quiera nombrar nuevos negociadores, algo que sólo podrá hacer a partir de agosto cuando tome posesión. Su recelo de Occidente, y de EE UU, en particular, podría dificultar el entendimiento en ese terreno.

El presidente norteamericano Joe Biden ha prometido reintegrar a su país al acuerdo nuclear si Teherán, por su parte, da marcha atrás en las violaciones del mismo con las que ha respondido al abandono de EE UU. Pero más allá de las dificultades técnicas para fijar los pasos para ese retorno, Washington no esconce que el pacto de 2015 es un primer paso y que el objetivo último es alcanzar un entendimiento para que Irán deje de apoyar a las milicias que operan en varios países árabes y ponga coto a su programa de misiles. Aunque ambos asuntos son competencia del líder supremo, éste escucha al presidente y Raisí será probablemente menos favorable a hacer concesiones.

El hecho de que la Administración Trump sancionara al presidente electo en 2019 por la represión interna también puede suponer un obstáculo. Amnistía Internacional ha pedido que se investigue a Raisí por crímenes contra la humanidad. Le responsabiliza “del asesinato, la desaparición forzada y la tortura a disidentes políticos” por su participación en la llamada comisión de la muerte a finales de la década de los ochenta del siglo pasado.

“Como jefe del Poder Judicial, Ebrahim Raisi, ha presidido sobre una represión creciente de los derechos humanos que ha provocado la detención arbitraria de cientos de disidentes pacíficos, defensores de los derechos humanos y miembros de grupos minoritarios perseguidos”, ha tuiteado Agnès Callamard, nueva secretaria general de AI y ex relatora de la ONU para las ejecuciones extrajudiciales.

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