La reina Isabel II ordena una revisión de la política de diversidad de la casa real británica

Las acusaciones de racismo de Meghan Markle y el príncipe Enrique fuerzan a Buckingham Palace a abordar el asunto

La reina Isabel II comparte balcón en Buckingham con el resto de la familia real el pasado 10 de julio
La reina Isabel II comparte balcón en Buckingham con el resto de la familia real el pasado 10 de julioAnwar Hussein

La casa real británica ha decidido que no basta con “discutir en familia y en privado” las acusaciones de racismo vertidas por Meghan Markle y el príncipe Enrique en su entrevista con la presentadora estadounidense, Oprah Winfrey. Fue el asunto más sensible y potencialmente dañino de aquella conversación, y el único que puso de acuerdo a medios conservadores y progresistas británicos sobre la urgencia de dar una respuesta. Isabel II ha dado ya los primeros pasos y ha encargado una revisión, pausada pero firme, sobre las políticas de diversidad racial, étnicas o de orientación sexual que se aplican en la contratación del personal del palacio de Buckingham (residencia de la reina), Clarence House (residencia y centro administrativo de Carlos de Inglaterra) y el palacio de Kensington (el entramado que sostiene la labor del príncipe Guillermo y Kate Middleton, los duques de Cambridge).

“Ya existen las políticas, los procedimientos y los programas, pero no hemos visto el progreso que nos hubiera gustado ver y aceptamos la necesidad de hacer más y mejorar las cosas”, admitía una fuente de la casa real al Mail On Sunday, el diario que ha adelantado la noticia. El equipo de la reina comenzará a recabar las opiniones independientes de expertos, empresarios y personalidades del Reino Unido para constatar la percepción pública del modo en que Buckingham maneja un asunto tan delicado en el país como la raza. Entre los planes previstos está la idea de contratar a un “director de diversidad” que pueda impulsar la idea en el entramado real.

Los duques de Sussex aseguraron, en su entrevista con Winfrey, que un miembro de la familia real había expresado su preocupación por el futuro color de piel del bebé que esperaba en esos momentos Markle. La pareja se encargó poco después de matizar que el responsable de esos comentarios no había sido ni la reina ni su esposo, Felipe de Edimburgo. Dejaron sin embargo la duda en el aire sobre el autor del comentario, que se vio agravada cuando el príncipe Enrique confirmó a la presentadora que la cuestión del racismo había sido un factor fundamental en su decisión de abandonar el Reino Unido La entrevista provocó una crisis de opinión y reputación que dividió a los británicos. La primera respuesta, contenida pero tibia, llegó a través de un comunicado del palacio de Buckingham en el que se aseguraba que “tomaba muy en serio esas acusaciones”, pero que “los recuerdos de lo sucedido podían variar”. Apenas dos días después, era el príncipe Guillermo quien aseguraba, ante la pregunta directa de un periodista, que “su familia no es racista ni de lejos”, con un tono visiblemente irritado.

Buckingham ha decidido ahora reconducir los ánimos con una revisión completa de sus políticas de diversidad, que aún deberá demostrar si se trata de un mero ejercicio de relaciones públicas o un esfuerzo sincero por abordar el problema. En cualquier caso, no se trata de la única respuesta al terremoto provocado por Meghan Markle y el príncipe Enrique. La casa real sigue también adelante con una investigación interna sobre las acusaciones de acoso laboral realizadas por varios exempleados contra la duquesa de Sussex, quien ha calificado el asunto como una nueva “campaña de difamación”.

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Y el pasado domingo, la revista semanal del diario The Sunday Times dedicaba su portada a un príncipe Guillermo en uniforme de gala e incluía un extenso reportaje (“exclusiva real”, anunciaban) con acceso directo a los amigos y colaboradores del segundo en la línea de sucesión al trono británico. Diez años después de su matrimonio con Kate Middleton, la revista presenta a Guillermo como un hombre de su tiempo que ha asumido con tranquilidad el papel que le espera en el futuro, y recuerda sus intervenciones en apoyo de la comunidad LGTB en el Reino Unido, o la pequeña reprimenda que dio en su discurso de los premios Bafta a la Academia Británica del Cine sobre “la necesidad de asegurar una mayor diversidad en el sector y en los premios, algo que no debería ser objeto de discusión en estos tiempos”.

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Un respiro para el Daily Mail

La justicia del Reino Unido ha dado tiempo al tabloide 'Daily Mail' para digerir su derrota en la batalla contra Meghan Markle. Un alto tribunal ha paralizado hasta el 6 de abril su condena de rectificación contra el diario, para que los propietarios dispongan de tiempo para recurrir la sentencia. La duquesa de Sussex demandó a Associated Newspapers Limited, la editora del periódico, después de que publicara el contenido casi íntegro de la carta manuscrita que envió a su padre en los días previos a su boda con el príncipe Enrique, en mayo de 2018. Markle no solo vio reconocido por el tribunal su derecho a la intimidad, sino también los derechos de autor sobre un material cuya publicación no había autorizado. La justicia ordenó al 'Daily Mail' que llevara a primera página la rectificación, la publicara íntegramente en la página tres del diario, y la mantuviera en ese espacio durante toda una semana.

La tormenta desatada por los duques de Sussex con su entrevista a Oprah Winfrey no solo provocó una crisis en la casa real británica. Sus principales acusaciones iban dirigidas contra los medios sensacionalistas británicos, que en un primer momento contraatacaron de un modo virulento. La primera baja fue el periodista y presentador Piers Morgan. La cadena ITV le retiró del popular programa 'Good Morning Britain', después de que arremetiera con virulencia contra Markle al día siguiente de la entrevista. Horas después, Ian Murray, el director de la Sociedad de Editores, que agrupa a los principales diarios, también tuvo que dimitir por la dura carta de respuesta a los Sussex publicada por la asociación.

Sobre la firma

Rafa de Miguel

Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.

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