Ultraderecha

Alemania pone el foco en las fuerzas de seguridad ante el auge ultraderechista

El Gobierno niega que haya “un problema estructural”, pero contabiliza cientos de casos de extremismo en los servicios de seguridad desde 2017

Thomas Haldenwang (izquierda), presidente de la Oficina para la protección de la Constitución y el ministerio de Interior, Horst Seehofer, durante la presentación del informe sobre extremismo de derechas en la policía el martes en Berlín.
Thomas Haldenwang (izquierda), presidente de la Oficina para la protección de la Constitución y el ministerio de Interior, Horst Seehofer, durante la presentación del informe sobre extremismo de derechas en la policía el martes en Berlín.POOL / Reuters

La mancha ultraderechista se extiende por los servicios y las fuerzas de seguridad alemanes y los casos de infiltrados se suceden en un país en teoría vacunado por la historia. El Ministerio de Interior ha puesto el foco en la policía y otros cuerpos de seguridad, con un informe con el que por primera vez trata de cifrar la dimensión del problema en el país, ante la sucesión de escándalos que han salido a la luz en los últimos meses. El titular de Interior, Horst Seehofer descartó en la presentación del informe este martes que “haya un problema estructural”, pero estimó que los casos constituyen “una vergüenza” y se comprometió a que cada uno sea investigado rigurosamente. “Se aplica el principio de tolerancia cero”, indicó el político conservador bávaro.

En total, los servicios secretos internos han detectado 377 casos de extremismo de derechas en las filas de los cuerpos de seguridad entre 2017 y marzo de 2020 entre cerca de 300.000 empleados. “La gran mayoría, cerca del 99%, están comprometidos firmemente con la Constitución”, dijo Seehofer. Gran parte de los casos del informe se refiere precisamente a la publicación en redes y chats de símbolos y mensajes con contenido anticonstitucional, incluida la glorificación del nacionalsocialismo. En algunos casos se adoptaron sanciones disciplinarias y en otros se ordenó el cese de los agentes. Hubo otros, en torno al 20% de los casos, que se cerraron.

En el recuento no figuran, sin embargo, casos más recientes como el de la policía de Renania del Norte Westfalia, en el que se descubrió cómo agentes intercambiaban en chats imágenes hitlerianas y hasta de un supuesto refugiado en un campo de concentración. La mayoría de los casos -319- corresponden a fuerzas de seguridad regionales y el resto a la federal.

El informe titulado Extremismo de derechas en las agencias de seguridad incluye a la policía y también a los servicios secretos, tanto del ámbito nacional como de los Estados federados. Los casos se reparten por todo el país y el Estado de Hesse, en el oeste del país, es el que más casos concentra, seguido de Berlín. Este verano, un escándalo relacionado con el envío de correos amenazantes supuestamente desde dependencias policiales, le costó el puesto al jefe de la policía de Hesse. Que haya mayor o menor número en un Estado no significa necesariamente que esté más extendido el problema, sino que a menudo responde a un mayor empeño por sacarlos a la luz.

Los escándalos han afectado también en los últimos meses al ejército, donde la ministra de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer, trata ahora de limpiar de ultraderechistas los cuarteles. Hace diez días, la ministra anunció la suspensión del jefe del espionaje militar, al frente de las reformas destinadas a frenar la deriva extremista en las fuerzas armadas, para imprimir “un mayor esfuerzo y dinamismo” a la misión. A principios de verano, Defensa anunció la disolución de una compañía de fuerzas especiales debido a la presencia de una veintena de presuntos ultraderechistas. El informe presentado por Seehofer refleja también las cifras que aportan los servicios secretos militares, pero advierte de que no son comparables, ya que se recogen con una metodología distinta. En total, suman 1.064 casos desde 2017 y hasta la pasada primavera. 400 de ellos no han sido probados y cerca de medio millar de casos siguen siendo investigados.

El presidente de los servicios secretos internos, Thorsten Haldewang, indicó que no se trata de analizar los casos aislados, sino de detectar posibles estructuras y de hacer un análisis de los riesgos. El presidente de la policía federal, Dieter Romann, indicó en la misma conferencia de prensa celebrada en Berlín que no se han detectado redes ni estructuras dentro de la policía.

“Incluso si el número de vulneraciones en relación con el número total de empleados en la seguridad federal y estatal es reducido, podemos asumir que hay una cifra oculta”, reza el informe, que presume que los casos conocidos pueden ser solo la punta de un iceberg mayor. Mathias Middelberg, portavoz de Interior en el Parlamento del bloque conservador CDU/CSU, ha considerado que “ya no se trata de casos aislados”, dijo a la agencia de noticias alemana.

La Oficina para la Protección de la Constitución ha detectado un aumento de simpatizantes de ultraderecha entre la población general, que suman 32.080 frente a los 24.100 del año anterior. De ellos, 13.000 estarían dispuestos a utilizar la violencia.

A pesar de que la evidencia se acumula, Seehofer se ha resistido hasta ahora a encargar un estudio sobre el racismo dentro de la policía, como piden otros políticos alemanes. A cambio, el ministro anunció que se creará una comisión para estudiar la situación del racismo entre la población en general.

Nuevas derechas

El amago de tomar el edificio del Reichstag por parte de ultraderechistas el pasado agosto durante una manifestación de covidescépticos desató la indignación política y la preocupación en un país en el que se sucede la violencia ultraderechista. El asesinato de un político conservador y defensor de los refugiados, la matanza perpetrada por un ultraderechista en Hanau y el ataque a una sinagoga en Halle son algunos de los episodios recientes.

En su informe, los servicios secretos internos advierten, además, de cómo las que denominan “nuevas derechas”, en alusión a la amalgama de grupos extremistas, tratan de propagar contenidos radicales entre grupos sociales moderados y del uso de teorías conspirativas, antisemitas y racistas, con la Red como gran autopista por la que circula el material.

Coincide, además, con una evidente radicalización de la ultraderecha política, Alternativa por Alemania (AfD), el partido ultra que entró por primera vez en el Parlamento en 2017. La radicalización ha dado pie, sin embargo, a una fractura entre radicales y los llamados moderados, que ha sumido al partido en una crisis interna que afecta a la dirección, pero que reverbera también en varias agrupaciones regionales. El escándalo protagonizado por su portavoz federal ha sido el último golpe para un partido que en las encuestas ronda cerca del 11% en intención de voto. La pandemia ha reforzado en Alemania a los partidos en el poder y debilitado a los ultras. El exportavoz, Christian Lüth, fue expulsado a finales de septiembre después de presuntamente haber propuesto gasear a refugiados en una conversación con cámara oculta.

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