Análisis
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Navalni, el nombre que Putin nunca pronuncia en público

Tanto el presidente como su jefe de prensa evitan referirse al opositor ruso, ingresado en un hospital alemán tras denunciar un posible envenenamiento

Una manifestante muestra una cartel con el rostro de Navalni, en una protesta en San Petersburgo, el 20 de agosto.
Una manifestante muestra una cartel con el rostro de Navalni, en una protesta en San Petersburgo, el 20 de agosto.ELENA IGNATYEVA / AP

Como si fuera una expresión maldita, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, evita mencionar en público el nombre y el apellido de Alexéi Navalni y hasta ahora lo ha conseguido, pese a las muchas ocasiones en las que ha sido interpelado sobre el político de oposición más conocido de su país. Navalni yace hoy en Berlín víctima de una sospechosa intoxicación, pero su nombre no es pronunciado por el presidente. Es más, la costumbre del máximo líder ruso se ha extendido también a su jefe de prensa, Dmitri Peskov, que, interpelado por los periodistas, se limita a designarlo con los términos “él”, “el paciente” y “el enfermo”.

Si se busca en la página oficial de web del Kremlin el nombre de Navalni se obtienen más de una veintena de menciones, la mayoría de ellas correspondientes a preguntas formuladas a Putin en actos públicos. Las preguntas y la forma de responderlas por parte del presidente arrojan cierta luz sobre la actitud del máximo líder ruso. También indican que el político de oposición que ha centrado su labor en la lucha contra la corrupción fue capaz de despertar simpatías incluso en un ámbito tan afín al poder como lo eran los campamentos de verano del lago Seliguer (en la región de Tver, entre Moscú y San Petersburgo) a principio de esta década. De las 24 entradas que arroja la página de web del Kremlin tecleando el nombre de Navalni (en el caso genitivo), cuatro pertenecen al periodo de la presidencia de Dmitri Medvédev y la más antigua es de 2011.

La mención más reciente de Navalni en la página del Kremlin es posterior a la indisposición del político y se dio durante la conversación entre Putin y el primer ministro de Italia, Guiuseppe Conte. El 26 de agosto, “por iniciativa de la parte italiana” tuvo lugar una conversación telefónica en la que además del coronavirus, Bielorrusia y Libia “se abordó también la situación en torno a la hospitalización de A. Navalni”, dice la nota de prensa redactada en modo impersonal (“se abordó”). “De parte rusa se subrayó la inadmisibilidad de las acusaciones precipitadas e infundadas a este respeto” y también “el interés por una investigación concienzuda y objetiva de todas las circunstancias de lo sucedido”.

Distribuidas por años, el mayor número de menciones de Navalni ante Putin se registra en 2013 (por lo menos seis) y en 2018 (cinco menciones). En la sesión anual con el Consejo de Derechos Humanos y Desarrollo de la Sociedad Civil (órgano consultivo adscrito a la presidencia) correspondiente a diciembre de 2018, el profesor de derecho, Iliá Shablinski, mencionó a Navalni ante Putin al denunciar la exclusión de los candidatos de oposición en las elecciones, incluidas las presidenciales, que se habían celebrado en marzo de aquel año y en las que Putin salió vencedor.

“A las elecciones no se le permitió [competir] a Alexéi Navalni debido a dos sentencias judiciales que le privaron del derecho de registrarse de acuerdo con la ley vigente, pero ambas sentencias fueron examinadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos que no vio en estos asuntos base para una condena penal”, explicó Shablinski a Putin. El profesor exigió el cumplimiento del sistema internacional de defensa de los derechos humanos en Rusia (que es miembro del Consejo de Europa y se somete al tribunal de Estrasburgo) y Putin se limitó a contestar con una referencia general a la existencia de “filtros aún más rigurosos” en otros países democráticos.

Aquella fue la “única vez” en que Shablinski (miembro del consejo entre 2012 y 21019) vio a Putin “irritado” y “descontento”, según manifestó el jurista en julio pasado en el Echo de Moscú. Dado que el tribunal europeo no encontró motivo de delito en Navalni, “las sentencias contra él tendrían que haberse anulado” y Navalni debería haber participado en las elecciones presidenciales”, sentenció. Putin, sin embargo, ignoró el tema y tampoco solicitó, como había prometido, una investigación sobre las infracciones electorales denunciadas por el profesor.

En la reunión del consejo de derechos humanos correspondiente a 2017, el historiador Nikolái Svanidze, llamó la atención del presidente sobre las prohibiciones de mítines y actos públicos incluido uno de Navalni en San Petersburgo. Putin mostró poca simpatía por los manifestantes. Tras afirmar que no tenía “ninguna duda” sobre la actuación de los órganos de orden público y el sistema judicial, el líder ruso añadió que “algunos grupos de gente que protesta o de organizadores de estos acontecimientos “agravan la situación intencionadamente ellos mismos para atraer la atención”. En su opinión, criticar a las autoridades les garantizaba “un espacio informativo en Internet o los medios informativos”.

En 2013, en el campamento de verano de Seliguer, un tal Antón Maramygin, que se presentó como cosaco, se ofreció a mostrar a “todos los navalnis” que el pueblo apoya el rumbo de nuestro presidente y “si es necesario incluso con el látigo”. Pero las preguntas que se le formularon a Putin en aquella cita reflejaban simpatía por la figura de Navalni. Un tal Gleb elogió a Navalni como “una personalidad interesante” “al que le salen bien muchas cosas” y, al comentar que Navalni era arrestado y liberado repetidamente, Putin comentó: “Puede ser que así atrae la atención sobre él”. Y a la pregunta de si Navalni era un proyecto de Putin, éste respondió que “cada persona concreta, si es que es un proyecto, lo es solo de sus padres”.

En la visita de Putin a Seliguer en 2012, Dimitri Ternovski, un mando en campamento, se quejó al presidente de que sus declaraciones sobre su trabajo habían sido manipuladas por el primer canal de la televisión rusa de tal modo que parecía haber dicho que Navalni no había ido a Seliguer porque no tenía “nada que decir”.

En el programa “línea directa” de abril de 2013, a Putin le preguntaron si las autoridades temen a Navalni. El presidente respondió que “quienes luchan contra la corrupción” “ellos mismos deben ser de una limpieza cristalina”, pues “de lo contrario “esto se transforma en autopromoción y propaganda política”.

Interpelado sobre su insistencia en designar a Navalni como “el paciente”, “el enfermo” y “el ciudadano de la Federación Rusa”, Peskov se mantuvo en sus trece y agregó que “eso no cambia la esencia del asunto”. “Nosotros más que nadie estamos interesados en averiguar la causa de lo que pasó con el enfermo”, subrayó el jefe de prensa del presidente ruso.

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