La crisis del coronavirus

La pandemia agrava la crisis en la devastada Siria

El Asad destituye a su ministro de Comercio en plenas turbulencias económicas y aplaza por segunda vez las elecciones parlamentarias

Una calle de Damasco, el pasado domingo tras la reapertura de comercios.
Una calle de Damasco, el pasado domingo tras la reapertura de comercios.LOUAI BESHARA / AFP

La pandemia de coronavirus está golpeando la ya devastada economía siria. A la factura económica gigantesca de una guerra que dura ya nueve años —y que el Banco Mundial calcula en al menos 300.000 millones de euros— se unen ahora las turbulencias causadas por el coronavirus. Una de las primeras víctimas políticas ha sido el ministro de Comercio, Atef Nadda, destituido este lunes por Talal Barzai, gobernador de la provincia de Homs. La presidencia no ha dado más detalles sobre el relevo.

Cuatro días antes, el Gobierno sirio anunció el segundo aplazamiento de los comicios parlamentarios, celebrados cada cuatro años, para evitar una mayor propagación del virus. Las elecciones, primero pospuestas en marzo del 13 de abril al 20 de mayo, han sido fijadas para el 19 de julio. Durante los más de nueve años de conflicto se han celebrado seis procesos electorales —las locales de 2011 y 2018, las parlamentarias de 2012 y 2016, el referéndum constitucional de 2012 y las presidenciales de 2014.

El balance oficial es de solo 47 contagiados y tres fallecidos —en Damasco y su periferia— por la covid-19. Las cifras se refieren exclusivamente al territorio del país controlado por el Gobierno —en torno al 70% del total—. Algunos expertos sostienen que se trata de cifras muy por debajo de las reales. “De aumentar el número de infectados se puede producir una catástrofe real”, advirtió este lunes el mandatario sirio.

Con la mitad de los 23 millones de habitantes de preguerra desplazados de sus hogares (5,7 millones refugiados en el extranjero y 7 millones desplazados internamente, en algunos casos en varias ocasiones) el país ha quedado partido en tres entre la insurrecta provincia de Idlib, en el noroeste, la región autonómica kurda en el noreste y el resto del país, en manos del Ejército regular sirio. La pandemia ha traído una tregua en el frente de Idlib sellada el pasado 5 de marzo.

“Las instalaciones médicas sirias se verán colapsadas en caso de superar los 6.500 contagios” calcula en su último informe la London School of Economics (LSE). Tan solo 58 de los 111 hospitales públicos con los que contaba Siria antes del conflicto siguen en funcionamiento, mientras que el 70% del personal médico ha huido al extranjero, recuerda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Con el cierre de fronteras y las medidas de confinamiento, la pandemia ha acelerado la grave crisis económica que atraviesa el país y precipitado el desplome de la libra siria (SYP, por sus siglas en inglés) cuya paridad frente al dólar ha caído en las casas de cambio de 635 SYP en octubre a 1.500 por dólar este mes. La consiguiente subida de precios ha reducido el poder adquisitivo de los sirios a casi a la mitad. El 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, según la ONU. A pesar de que el Gobierno ha distribuido cartillas de racionamiento de combustible y alimentos, el Ejecutivo se ha visto obligado a relajar las medidas preventivas con la reapertura de los comercios y la reactivación de la vida económica.

Rusia, principal aliado de El Asad en el tablero internacional, ha llamado al levantamiento de las sanciones económicas impuestas a Damasco por EE UU y la UE. Por su parte, el Alto Representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, recalcó el martes que las sanciones no deben impedir que se entregue equipamiento esencial y suministros a las zonas más necesitadas durante la pandemia y así evitar que perjudique a la población civil. “Las sanciones contemplan exenciones humanitarias. Esto está en línea con el Derecho Internacional”, subrayó.

Entre las personalidades sancionadas se encuentra Rami Makhlouf, magnate y primo materno del presidente. En clave interna, la virulenta crisis económica ha desatado una guerra intestina en la familia El Asad, con Makhlouf en el punto de mira de la justicia por evasión de impuestos y corrupción. Dueño de la compañía Telefónica Syriatel, los expertos estiman que ha amasado una fortuna superior a los 9.000 millones de euros durante los últimos 20 años. La polémica cobró amplitud en las redes sociales cuando Makhlouf, en paradero desconocido, difundió dos vídeos a principios de mes en los que niega las acusaciones de fraude y arremete contra “los abusos de las fuerzas del orden sirias contra él y su personal”.

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