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El presidente de Irak rechaza al candidato a primer ministro y amenaza con dimitir

Barham Salih envía una carta al Parlamento en la que explica que no puede aceptar a un aspirante al que se oponen los manifestantes

Barham Salih
Concentración este jueves de jóvenes iraquíes por la muerte de un manifestante en Bagdad. AP

El presidente de Irak, Barham Salih, empieza a perder la paciencia con las propuestas a primer ministro que le ofrece el que se considera principal grupo político del Parlamento. Limitado por mandato constitucional a presentar a la aprobación de la Cámara al candidato de ese bloque, Salih ha amenazado este jueves con dimitir antes de designar a alguien que no cuente con respaldo popular ni del resto de los partidos. Después de tres meses de protestas contra el sistema político, el presidente interpreta que la salida de la crisis exige una figura de consenso que permita guiar la transición hasta que puedan organizarse unas nuevas elecciones.

Salih se ha negado a designar al hombre elegido por Al Binaa, el bloque parlamentario que dirige Hadi al Amari, líder de la principal milicia chií y considerado el hombre de Irán en Irak. Este grupo, que asegura contar con el mayor número de escaños, ha propuesto al actual gobernador de Basora, Asaad al Edani, para sustituir a Adel Abdelmahdi, quien ante la presión popular dimitió el 1 de diciembre. El presidente considera que Al Edani no va a aplacar las protestas que no sólo piden un tecnócrata independiente para el puesto, sino que de forma contundente vienen denunciando la interferencia iraní en la política de Irak. Sin embargo, la Constitución no le permite rechazar al candidato.

“Debido a mi deseo de parar el derramamiento de sangre y mantener la paz, y con el debido respeto a Asaad al Edani, me niego a proponerle”, afirma Salih en una carta enviada al Parlamento. “En consecuencia, pongo mi cargo de presidente a disposición de los diputados para que en su calidad de representantes del pueblo decidan lo que les parezca adecuado”, añade en un texto de dos páginas, firmado en rojo y que lleva fecha de este jueves.

Salih, un kurdo miembro de la Unión Patriótica del Kurdistán, un partido tradicionalmente aliado de Irán, ha tomado distancias con el sistema político que desde hace tres meses se cuestiona en la calle. La propia reserva del puesto de presidente a un kurdo es fruto del reparto sectario de poder que se acordó en 2003 después de que EE. UU. derribara a Sadam Husein. Según fuentes de su oficina, Salih ha viajado este jueves a su casa de Suleimaniya, en la región autónoma de Kurdistán, desde donde más tarde piensa dirigir un discurso a la nación.

“Es la primera vez en la historia del Irak moderno que un presidente expresa su disposición a dejar el cargo. Es un momento histórico”, interpreta el activista y analista político Azzam Alwash. En su opinión, “se trata de una llamada de atención a los políticos [recordándoles] que las reglas del juego han cambiado y que o evolucionan o tienen los días contados”. Tanto o más importante, Alwash se muestra convencido de que “Salih no ha tomado esa decisión sin consultar a Nayaf”. Se refiere a la sede de la autoridad espiritual chií (maryaiya), el gran ayatolá Ali Sistani, que tiene una gran influencia moral sobre la política iraquí y que en la actual crisis ha respaldado las demandas de renovación política de los manifestantes.

De momento, el populista Muqtada al Sadr ha expresado su apoyo al rechazo del presidente a nombrar a Al Edani, un gesto que era de esperar ante la fama del gobernador de Basora. Al Edani se granjeó la antipatía de sus vecinos cuando el año pasado ante una protesta, se bajó del vehículo oficial y se enfrentó a los manifestantes que se quejaban de la falta de servicios en la segunda ciudad iraquí. Así que los carteles contra su nombramiento no han sido ninguna sorpresa. Desde las filas suníes, Osama al Nujaifi, antiguo vicepresidente de Irak y expresidente del Parlamento, ha agradecido a Salih “su valiente posición histórica”, pero le ha pedido que siga al frente porque el país le necesita.

Dese el pasado 1 de octubre, Irak vive una oleada de protestas populares contra la corrupción y el sectarismo que impulsadas por los jóvenes se han extendido a todos los sectores sociales en Bagdad y en el sur del país, las regiones habitadas por la mayoría chií, y que han puesto la influencia iraní en su punto de mira. La represión de las mismas ha dejado medio millar de muertos y 25.000 heridos. Más preocupante aún, en las últimas semanas se han producido varios asesinatos y decenas secuestros de activistas que la ONU atribuye a “milicias” deseosas de acallar el movimiento contestatario.

“Las milicias han dado a entender que el país podría caer en una guerra civil al estilo de Yemen o Siria”, cuenta Alwash en un intercambio de mensajes. Sin embargo, el activista descarta esa posibilidad, ya que se muestra convencido de que “bastaría una palabra de Nayaf y los miembros de las milicias se irían a casa, mientras que los líderes a las órdenes de Irán tendrían que volver al exilio”.

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