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¿Qué va a pasar a partir de ahora? El Brexit visto desde Bruselas

Todos los escenarios que vislumbra la Unión Europea auguran una complicada relación con Londres

elecciones reino unido
El primer ministro británico, Boris Johnson, sale de un colegio electoral con su perro 'Dilyn', hoy en Londres. AFP

Más ajenas y más propias que nunca. La UE observa las elecciones del Reino Unido como si fuera el desenlace de una crisis política en un país tercero, pero de consecuencias tan trascendentales para el club como si se celebraran en uno de los socios fundamentales. Los 27 miembros de la UE conocerán los resultados durante la celebración de la última cumbre del año en Bruselas. Los comicios británicos del 12 de diciembre tienen para Bruselas un carácter casi plebiscitario, porque el resultado determinará si la UE sufre el próximo 31 de diciembre su primera escisión o si la lenta agonía del Brexit se prolonga aún más. En cualquier caso, la incertidumbre está servida porque con o sin salida del Reino Unido la tortuosa relación entre Bruselas y Londres continuará, con todos los posibles escenarios expuestos a nuevas turbulencias.

Adiós, por fin

Los sondeos auguran una victoria considerable del partido conservador, liderado por el primer ministro saliente Boris Johnson. Ese resultado abocaría, si Johnson cumple sus promesas, a la salida del Reino Unido de la UE el próximo 31 de enero. Para lograrlo, Johnson necesita obtener una mayoría suficiente en el Parlamento para aprobar el acuerdo suscrito con los 27 socios de la Unión el pasado octubre. Ese pacto sustituyó al logrado por la anterior primera ministra, Theresa May, que fue rechazado hasta tres veces por el parlamento de Westminster. El Parlamento Europeo también debería dar su consentimiento aunque, en ese caso, parece haber una mayoría holgada.

Calma chicha

Si el Reino Unido sale el 31 de enero de la UE, el 1 de febrero nadie notará nada aparte de los eurodiputados británicos, que abandonarán sus escaños el Parlamento Europeo, o los jueces británicos del tribunal europeo, que perderán la toga en Luxemburgo. Salvo los cambios institucionales, el acuerdo de salida prevé el mantenimiento del statu quo al menos hasta el 31 de diciembre de 2020. La libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales está garantizada durante ese período entre las dos orillas del canal de la Mancha. Pero esa calma no será más que una tregua. 

Siguiente precipicio

La tregua del período transitorio se había previsto para dar tiempo a que Bruselas y Londres negocien un acuerdo sobre la futura relación política, comercial y diplomática entre la UE y Reino Unido. Pero los trompicones de Westminster se han comido casi la mitad de ese período (que era de 21 meses, de marzo de 2019 a diciembre de 2020) y ahora solo durará 11 meses si la salida se produce el 31 de enero.

Bruselas ya ha advertido de que es prácticamente imposible negociar un acuerdo comercial en un plazo tan corto. Y que con toda probabilidad será necesario una prórroga (de uno o dos años), que Londres debe solicitar el 30 de junio como muy tarde. Johnson ha asegurado durante la campaña electoral que no pedirá esa extensión por lo que el año que viene las dos partes podrían encontrarse de nuevo ante el abismo.

"Es posible que se repita el precipicio y que vuelva el riesgo de un Brexit brutal después del Brexit", avisa una fuente diplomática. Si Londres no solicita la prórroga y el acuerdo comercial no se cierra a tiempo, el 1 de enero de 2021 la UE y Reino Unido volverían a encontrarse en el escenario que se ha evitado en 2019 de fronteras colapsadas y sectores económicos al borde del pánico.

Marcha atrás

El sueño para muchos eurócratas y la pesadilla para otros tantos. La posibilidad de que las elecciones del jueves deparen un Parlamento con mayoría proeuropea mantiene vivas las esperanzas de una parte de Bruselas, que todavía aspira a que una mayoría del pueblo británico ponga fin al Brexit. Para otros, sin embargo, el frenazo del Brexit solo serviría para mantener en la Unión a un socio completamente dislocado cuya profunda división interna paralizaría aún más a un club comunitario que ya avanza con muchas dificultades.

El principal representante del bando partidario de la marcha atrás era Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo hasta el pasado 30 de noviembre. Por ahora, nadie ha recogido su antorcha aunque el sueño del frenazo tiene muchos adeptos en Berlín, La Haya, en los países nórdicos y en los de Europa central y del Este. El resto, encabezado por Francia, o se han resignado a la ruptura o consideran que sería contraproducente frenarla de mala manera.

Ni dentro ni fuera

El sueño y la pesadilla podrían fusionarse si las elecciones dejan de nuevo un Parlamento sin una mayoría clara y el Gobierno resultante, sea de un signo u otro, no logra ni consumar el Brexit ni frenarlo del todo. En ese escenario, la UE tendría que elegir entre la opción poco probable de precipitar la salida sin acuerdo el próximo 31 de enero o la incómoda posibilidad de prorrogar por tercera vez el plazo del plazo del Brexit.

Las dos prórrogas anteriores ya provocaron un choque entre los socios que se quedan, con el presidente francés, Emmanuel Macron, cada vez más reacio a prolongar la agonía. En esta ocasión, el problema podría ser aún mayor porque Johnson ya inició la desconexión nada más llegar al poder en julio del año pasado.

El primer ministro dio la orden a sus ministerios y diplomáticos de empezar a retirarse de los grupos de trabajo del Consejo de Ministros de la UE, espantada que se inició el 1 de septiembre. Y a continuación se negó a designar un candidato británico para la nueva Comisión Europea, presidida por Ursula von der Leyen desde el 1 de diciembre. La Comisión ha abierto un expediente disciplinario contra Londres por negarse a designar comisario. Y el conflicto podría agriarse si el Brexit no se produce el 31 de enero y Londres se niega a reintegrarse plenamente en las instituciones. Ni dentro ni fuera, pero el mismo dolor de cabeza para la UE.

Referéndum, ¿pero dónde?

La oposición laborista liderada por Jeremy Corbyn promete un segundo referéndum sobre el Brexit, para ratificar o anular la salida aprobada en el plebiscito de 2016. La probabilidad de esa segunda vuelta es escasa, a juzgar por los sondeos, que dan a los laboristas la segunda posición. Pero Bruselas sospecha que, aun así, los comicios de este jueves podrían ser la antesala de otras consultas que podrían desestabilizar al Reino Unido y actuar como espoleta para otros países de la UE.

El Gobierno de Escocia ya ha anunciado su intención de convocar un nuevo referéndum de independencia si el Reino Unido abandona la UE. La tensión territorial será evidente porque en Escocia los partidarios de seguir en la UE cosecharon el 68% de los votos en el referéndum de 2016. Y en Irlanda del Norte, donde anida la tentación de reunificarse con la República de Irlanda, el Brexit también perdió, con solo el 44,2% de los votos.

Bruselas podría verse ante la tesitura de las turbulencias en un gran país de Europa y, en el caso extremo de ruptura, con nuevos Estados llamando a las puertas de la UE. Una posibilidad que inquieta, por razones internas, en socios como España, Francia o Italia, donde varias regiones cuentan con movimientos que también aspiran a la independencia y posterior integración en la Unión.

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