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Muere Jacques Chirac, expresidente de Francia, a los 86 años

El político gobernó desde 1995 a 2007 y llevaba varios años retirado de la vida pública

Jacques Chirac, en un discurso en 2007. En vídeo, el perfil del expresidente de Francia.

El expresidente francés Jacques Chirac ha fallecido este jueves a los 86 años, tras una larga enfermedad que lo tuvo los últimos tiempos alejado de los focos que durante tantas décadas atrajo. Personaje clave e imprescindible de la política francesa desde la segunda mitad del siglo XX, Chirac, que conoció casi todas las esferas del poder —fue ministro y primer ministro antes de llegar al Elíseo, tras usar la alcaldía de París como trampolín político, aunque sus actuaciones al frente del Ayuntamiento de la capital le valieron una condena jurídica— era un personaje sumamente carismático, valorado tanto por sus seguidores como detractores, que le reconocieron, entre otros, su firme oposición a la guerra de Irak.

La noticia de su deceso fue transmitida por su familia. “El presidente Jacques Chirac murió esta mañana rodeado de su familia. En paz”, declaró su yerno Frederic Salat-Baroux, esposo de Claude, la única hija del expresidente que lo sobrevive.

El mundo político francés rindió inmediatamente homenaje a Jacques Chirac. El que fuera su hogar durante 12 años, el Elíseo, anunció que abrirá sus puertas desde esta noche hasta el domingo para quienes deseen dejar un mensaje de condolencias en el vestíbulo de honor del palacio presidencial francés. También la Alcaldía de París abrirá sus puertas para recibir los mensajes de los ciudadanos para quien fuera su regidor durante casi dos décadas. Además, el lunes será una jornada de duelo nacional y se celebrará un “servicio solemne” en la iglesia Saint Sulpice de la capital, anunció el Gobierno poco antes de un discurso formal del presidente, Emmanuel Macron, quien suspendió los actos previstos para homenajear a su predecesor.

Chirac era un “gran francés”, un “hombre de Estado que queríamos y que nos quería”, un hombre que, “compartiéramos o no sus ideas o combates”, hacía que todos los franceses se “identificaran en ese hombre que se nos parecía y nos unía” y que sabía “ganarse tanto la simpatía del agricultor como de los magnates de la industria”, destacó el actual inquilino del Elíseo.

“Encarnaba una cierta idea de Francia, veló siempre por su unidad y cohesión y la protegió de los extremismos y del odio”, continuó Macron en su breve alocución. Además de representar una nación “independiente y orgullosa, capaz de levantarse contra una intervención militar injustificada” como la guerra de Irak, Chirac encarnaba, también, “una cierta idea del mundo”. “Luchó por una Europa de los hombres más que del mercado, una Europa más fuerte y protectora, basada en una amistad franco-alemana inquebrantable y comprometiéndose pronto por el medioambiente”, recordó.

La Asamblea Nacional, que se encontraba reunida cuando se conoció la noticia, saludó la vida de Chirac con un minuto de silencio. “Jacques Chirac forma parte de la historia de Francia. Una Francia a su imagen, fogosa, compleja, a veces atravesada por contradicciones, siempre animada por una incansable pasión republicana”, dijo el presidente del hemiciclo, Richard Ferrand.

El político de centroderecha (París, 1932) ocupó el Elíseo entre 1995 y 2007. Una época convulsa en la que, entre otros, alcanzó fama internacional con su firme no a la Guerra de Irak lanzada por el presidente estadounidense George W. Bush en 2003. El ultimátum norteamericano “compromete el futuro de un pueblo, el futuro de una región, la estabilidad del mundo. Es una decisión grave”, advirtió, en vano, el 18 de marzo de 2003, unos días antes de que comenzara el conflicto bélico cuyas consecuencias lastran la actualidad internacional.

También fue el primer jefe de Estado francés que, en 1995, reconoció la responsabilidad de Francia en la deportación de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, algo eludido por todos sus predecesores de la V República francesa. Chirac también supo ver, mucho antes que otros, el peligro que suponía el cambio climático. "Nuestra casa arde", dijo en referencia al planeta dijo en su ya famoso discurso durante la Cumbre de la Tierra en Johanesburgo, en 2002. Pasará asimsimo a la historia por haber sido el político que se enfrentó por primera vez en una segunda vuelta electoral a la ultraderecha, en las presidenciales de ese mismo 2002 en las que logró derrotar al entonces líder del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, tras conseguir aunar a todas las fuerzas, incluidas las de la izquierda, en un “frente republicano”.

Pero Jacques Chirac será recordado, también, como el único expresidente francés en haber sido condenado por la justicia por malversación de dinero público y abuso de confianza. Cuando se conoció el veredicto, en 2011, Chirac ya estaba muy enfermo —sufrió un problema cardiovascular en 2005— y retirado de la vida pública y no tuvo que cumplir los dos años de prisión a los que fue condenado por las decenas de empleos ficticios que autorizó durante su periodo al frente del Ayuntamiento de París que, paradójicamente, fue el trampolín a su salto al Elíseo. Antes de su etapa como alcalde y como presidente de la República, Chirac fue ministro del Gobierno de Georges Pompidou a principios de los setenta (de Relaciones Parlamentarias, de Agricultura y de Interior). Durante su primer mandato como presidente, tuvo que gobernar en cohabitación con un Gabinete socialista liderado por Lionel Jospin. Pese a que fueron duros rivales políticos, este destacó hoy su labor. “Tuve el privilegio de gobernar Francia bajo su presidencia. Fue un periodo políticamente complejo (…) pero en política extranjera, nos cuidamos siempre de hablar con una sola voz”, recordó en la emisora France Inter.

El también socialista y expresidente François Hollande resaltó asimismo su visión internacional. “Mucho antes que otros, comprendió el desafío del calentamiento global, el desarrollo de África y de la paz en Oriente Próximo. Por ese motivo, rechazó en 2003 que nuestro país entrara en la guerra de Irak, cuyas consecuencias trágicas vemos hoy”, dijo en un comunicado, en el que también valoró su capacidad de “establecer un vínculo con los franceses”.

“Chirac quedará como el hombre del discurso de Vel d’Hiv [en el que admitió la responsabilidad de Francia en el Holocausto], el presidente que se opuso a la guerra en Irak, el apasionado de las civilizaciones y el hombre por el que voté en 2002. Sé que ocupa ya un bello lugar en el corazón de los franceses”, afirmó en Twitter el ex primer ministro socialista francés y excandidato a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls.

“Hoy desaparece una parte de mi vida”, declaró por su parte el también expresidente Nicolas Sarkozy, que lo sucedió en el Elíseo y que fue ministro de Interior bajo Chirac.

La actual líder de la ultraderecha Marine Le Pen, a cuyo padre derrotó Chirac en 2002, también reconoció el valor de un político con el que mantuvo “muchas divergencias” pero que, subrayó, “fue capaz de oponerse a la locura de la guerra de Irak”.

El pesar traspasó las fronteras galas. “Europa pierde hoy una de sus figuras destacadas, Francia pierde a un gran hombre de Estado y yo a un amigo fiel”, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. La noticia del “magnífico aliado y amigo” fue recibida con “gran tristeza” por la canciller alemana, Angela Merkel, mientras que el primer ministro británico, Boris Johnson, valoró a un “formidable líder político” cuya pérdida “sentirá Francia durante generaciones”.

Desde España, el presidente en funciones, Pedro Sánchez, dijo que con Chirac “se marcha un líder que marcó la política europea”. Pese a que Irak los puso en bandos opuestos, el expresidente José María Aznar recordó mientras tanto que con Chirac, “probablemente el último gran clásico de la política francesa”, mantuvo una relación “en muy distintas circunstancias no siempre fáciles, pero sí sinceras y respetuosas”.

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