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La ONU confirma que los rebeldes de Yemen se están retirando del puerto clave de Hodeida

El Gobierno internacionalmente reconocido acusa a los Huthi de limitarse a cambiar de uniformes

Los rebeldes Huthi de Yemen han empezado a retirarse del estratégico puerto de Hodeida este fin de semana, según ha confirmado la ONU. Se trata del primer paso significativo desde la firma del acuerdo de alto el fuego del pasado diciembre en Estocolmo. Sin embargo, la medida ha sido recibida con gran escepticismo tanto por el Gobierno internacionalmente reconocido como por sus protectores, Arabia Saudí y Emiratos Árabes. La enorme desconfianza entre las dos partes yemeníes ha impedido hasta ahora que aquel pacto ataje la grave crisis humanitaria en que la guerra ha sumido al más pobre de los países árabes.

Un grupo de rebeldes Huthi abandona el puerto yemení de Hodeida, este sábado.
Un grupo de rebeldes Huthi abandona el puerto yemení de Hodeida, este sábado. REUTERS

“Equipos de Naciones Unidas han observado cómo las fuerzas militares [de Ansarullah] salían de los puertos y la Guardia Costera toma el control de la seguridad”, ha declarado el teniente general Michael Lollesgaard, jefe del Comité de Coordinación del Repliegue de la ONU, en un comunicado. Ansarullah, literalmente Partidarios de Dios, es el nombre formal del grupo conocido como Huthi por el clan que lo lidera. Lollesgaard habla de “puertos” en plural porque además de Hodeida, el segundo del país y el principal en manos de los rebeldes, su salida también alcanza a la terminal petrolera de Ras Isa y el pequeño puerto de Salif, un centenar de kilómetros más al norte.

El puerto de Hodeida es la principal línea de abastecimiento para los dos tercios de yemeníes que viven bajo control Huthi desde que este grupo se hiciera con el poder en Saná, la capital, a finales de 2014. Apoyadas por saudíes y emiratíes, fuerzas leales al Gobierno amagaron el año pasado con asaltar ese enclave con el pretexto de cortar los suministros militares iraníes a los rebeldes. Numerosos observadores temieron que trataran de rendirles por hambre. La ONU se movilizó para evitarlo y con el apoyo de la UE logró que ambas partes se comprometieran en Estocolmo a retirarse de sus posiciones para permitir la entrada de ayuda humanitaria y el acceso del Programa de Alimentación Mundial a los depósitos de grano que tiene en las instalaciones portuarias.

“Es un primer paso. Estoy esperanzado, pero aún es un navío frágil”, ha manifestado respecto a la retirada el enviado especial de la ONU para Yemen, el británico Martin Griffiths, en declaraciones a la BBC. “Aún tenemos trabajo que hacer para asegurarnos de que el Gobierno de Yemen queda finalmente contento”.

Del lado gubernamental se acusa a los rebeldes de haberse limitado a un cambio de uniformes. Sus portavoces insisten en que milicianos Huthi se han infiltrado entre los guardias costeros y los policías que forman parte de la administración civil de los puertos.

Tan pronto como se complete el repliegue el próximo martes, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo se ha comprometido a mejorar las instalaciones portuarias, incluidas las torres de vigilancia, los amarres y los canales de navegación.

“Es una carrera contra el reloj para llevar comida, combustible, medicinas y otros productos vitales de la manera más rápida y sencilla posible a millones de personas en todo el país que dependen de la asistencia humanitaria”, ha declarado Lise Grande, la coordinadora humanitaria de la ONU para Yemen.

Si en los próximos días se confirma la retirada Huthi de Hodeida, sería posible contemplar un repliegue más amplio que incluya a las fuerzas progubernamentales y tal vez otros frentes. Pero si resultara una mera treta de los rebeldes, como temen sus rivales, enterraría las tenues esperanzas de paz que despertó la reunión de Estocolmo.

Nadie sabe con certeza cuántos yemeníes han muerto desde que se inició la guerra hace cuatro años. Las víctimas directas se dejaron de contar cuando la cifra rondaba los 10.000. Pero las ONG coinciden en que ya son mucho más numerosos los fallecidos por el hambre y la falta de atención médica que por los combates.

El 80% de los 28 millones de yemeníes necesita algún tipo de ayuda humanitaria, según Naciones Unidas. De ellos, 3,34 millones han resultado desplazados por la guerra, 20 millones carecen de alimentos suficientes, 17,8 millones no tienen acceso a agua potable y 19,7 millones carecen de atención sanitaria adecuada. Para el organismo internacional se trata de la peor crisis humana del mundo. Su Plan de Respuesta Humanitaria para 2019 requiere 4.200 millones de dólares (3.750 millones de euros), pero en la actualidad solo ha conseguido un 20% de esos fondos y está pidiendo financiación a los donantes.

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