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La UE afronta dividida la gran reforma del euro

Los socios de la moneda única deben completar la arquitectura fiscal y financiera para lidiar con futuras crisis en plena desaceleración económica

Emmanuel Macron y Angela Merkel, en junio de 2018 en Meseberg (Alemania).
Emmanuel Macron y Angela Merkel, en junio de 2018 en Meseberg (Alemania). REUTERS

Una década ha tardado la Unión Europea en sacar al último enfermo de la UCI. Tras haber drenado el déficit en sus cuentas públicas, España saldrá en junio del brazo corrector de la UE. Bruselas, que llegó a tener bajo su tutela a 24 países, deja atrás un prolongado periodo de austeridad cuyas cicatrices aún no se han acabado de cerrar en Madrid, Atenas o Lisboa. En plena desaceleración económica, Europa afronta ahora el reto de culminar una reforma del euro que evite que una nueva recesión se lleve a la moneda única por delante e implique nuevos sacrificios a sus ciudadanos.

 Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos vivió también hace una década una crisis financiera de dimensiones brutales. Sin embargo, los shocks que sufrieron Florida o California se absorbieron más rápidamente que los de Grecia o España. Además de la política monetaria, Estados Unidos contaba con una arquitectura federal que casi inexistente en la zona euro: bancos que operaban en varios estados, herramientas fiscales, un fondo de garantía de depósitos o un seguro de desempleo. Tras la crisis de la deuda soberana de 2012, que puso en riesgo la supervivencia del euro, la UE empezó a construir ese edificio. Siete años después, cuando Europa empieza a ver las orejas al lobo con la desaceleración económica, todavía está todo a medio hacer.

El presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, dieron un impulso el año pasado en la cumbre de Meseberg a la reforma del euro. Solo seis meses antes, un grupo de economistas de primera fila de ambos países, con antiguos y actuales asesores gubernamentales, les habían marcado en un documento los pasos que necesita dar la zona euro. Entre los firmantes estaban los franceses Jean Pisany-Ferry y Philippe Martin y los alemanes Jeromin Zettelmeyer e Isabel Schnabel.

Los acuerdos de Meseberg recogían el grueso de las demandas de esos economistas y daban un nuevo impulso al eje francoalemán frente al grupo de los halcones, capitaneado por Holanda y Finlandia, férreos defensores de la disciplina fiscal y reacios a compartir riesgos. Merkel y Macron se comprometían a crear un fondo y líneas de liquidez para evitar que los ciudadanos deban pagar de su bolsillo futuras quiebras bancarias, la constitución de un fondo de garantía de depósitos comunitario —clave para romper el círculo vicioso entre las finanzas públicas y privadas— y un presupuesto de la zona euro dentro del cual podría estudiarse un seguro de paro comunitario.

Apenas un año después, los mismos economistas acaban de publicar un nuevo trabajo en el que tachan de “decepcionantes” los avances que se han producido desde entonces. El cortafuegos para los bancos en apuros es insuficiente, el fondo de garantía de depósitos sigue atascado en el Eurogrupo y los halcones quieren reducir las dimensiones del presupuesto de la zona euro y evitar que pueda servir para amortiguar los shocks que sufra un país.

El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, opina que ese presupuesto es “demasiado limitado” y apuesta por un instrumento que permita “reducir divergencias, fomentar la confianza y resistir shocks”. “Es importante que tenga una función estabilizadora porque ahora no hay mucho espacio para la política monetaria. En la próxima crisis se podrá contar con el Banco Central Europeo, pero no de la misma forma”, coincide el investigador de Bruegel Grégory Claeys.

España desentierra el seguro de desempleo comunitario

Alemania y Francia han hallado en España un aliado para dar la batalla en el seno del Eurogrupo. La ministra de Economía, Nadia Calviño, ayudó a salvar los muebles el pasado diciembre, cuando el duro enfrentamiento entre Francia y Holanda estuvo a punto de dar al traste con cualquier avance. Tras acordar un pacto de mínimos entonces, España pugna junto a Francia para un instrumento fiscal ambicioso con carácter anticíclico.

Aunque ese presupuesto acabe reducido a una suerte de fondo para promover inversiones, Moscovici avisa: “La historia no acaba ahí”. “Espero que nuestros amigos holandeses sean razonables y, como fundadores de Europa, estén al frente de la construcción europea y no en la cola”, añade.

No obstante, la UE deberá retomar otros asuntos. España y Alemania codirigen una comisión técnica para tratar de desencallar el fondo de garantía de depósitos, que sigue suscitando recelos en Berlín. Más complejo se antoja sacar adelante un seguro de desempleo comunitario, pero España lo ha desenterrado este mes con una propuesta que ha introducido a nivel técnico junto a Francia y el gobierno de Pedro Sánchez lo fijó como una de sus prioridades en la cumbre de Sibiu (Rumania). Europa, en fin, deberá decidir en el próximo ciclo político si supera el síndrome de comparar siempre su arquitectura fiscal y financiera con la de los Estados Unidos sin dar pasos firmes para completar los cimientos del euro.

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