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La oposición turca califica de “golpe de Estado civil” la anulación de las elecciones municipales en Estambul

Los socialdemócratas descartan el boicot y concurrirán de nuevo a las urnas el 23 de junio

La principal formación de la oposición turca, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), no boicoteará las nuevas elecciones convocadas por la Comisión Electoral Suprema tras anular los resultados que en Estambul habían dado la alcaldía a su candidato, Ekrem Imamoglu. La formación socialdemócrata ha tachado la anulación de las elecciones municipales de “golpe de Estado civil” y “masacre de la justicia”, y algunos de sus diputados pidieron no concurrir a los comicios alegando que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que se ha mostrado muy satisfecho por la repetición electoral, utilizará todos los resortes del Estado y el Gobierno para no perder de nuevo la capital económica del país. Sin embargo, la dirección del CHP ha decidido cabalgar la ola de popularidad en que se halla Imamoglu y utilizar su condición de “víctima”, algo que suele funcionar en la política turca: el propio Erdogan llevó a su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista) a la mayoría absoluta en 2002 tras despojarle la justicia de sus derechos políticos y de su bastón de alcalde de Estambul en una decisión muy criticada por las organizaciones de derechos humanos.

Protestas de los seguidores de la oposición turca durante la noche del lunes al martes tras conocerse la decisión que invalida la victoria del candidato socialdemócrata, Ekrem Imamoglu, al Ayuntamiento de Estambul. En vídeo, declaraciones del representante del APK en la Comisión Electoral y de Imamoglu.

“Me dirijo a esa banda de la comisión electoral: podéis repetir las elecciones cuanto queráis, ganaremos de nuevo”, retó el jefe de la oposición, Kemal Kiliçdaroglu, tras una reunión de diputados y dirigentes de su partido con Imamoglu. “Nuestra democracia ha recibido un duro golpe. Claro que criticamos este proceso [de repetición electoral], pero juntos arreglaremos y curaremos a nuestra democracia”, afirmó Imamoglu, que, tras tres semanas ejerciendo como alcalde, se ha visto despojado de su mandato por la comisión electoral. En su lugar, el Ministerio de Interior ha nombrado como alcalde interino al delegado del Gobierno en Estambul. Su primera decisión fue borrar todos los tuits publicados por Imamoglu en su cuenta oficial del Ayuntamiento de Estambul.

La repetición electoral tendrá lugar el 23 de junio y sólo se votará por el alcalde —no así la asamblea municipal, con mayoría del AKP—; concurrirán los mismos candidatos a menos que se retiren y sólo podrá votar la gente inscrita en el censo en marzo. Ante lo ajustado del resultado de los comicios (Imamoglu obtuvo el 48,79% de los votos frente al 48,62% de su adversario islamista, Binali Yildirim), la estrategia socialdemócrata pasa por convencer a parte de los votantes del AKP y, sobre todo, atraerse el voto de los partidos más pequeños. Media docena de pequeñas formaciones políticas y varias candidaturas independientes recibieron algo más de 225.000 votos, una minucia en unos comicios en que depositaron el sufragio casi nueve millones de personas, pero suficientes para decantar una votación tan ajustada. Por el momento, el Partido Comunista ya ha anunciado que no participará y pedirá el voto para Imamoglu, mientras un pequeño partido islamista anti-Erdogan y una formación de centroizquierda han dado señales de que podrían hacer lo mismo.

Preocupación empresarial

Por otro lado, la anulación electoral supone un revés para el principal eje discursivo de Erdogan. Hasta ahora, todos los pasos que había dado —incluso aquellos que violaban los derechos de sus adversarios políticos, incluso las reformas de la Constitución criticadas por numerosos juristas— se justificaban en la “voluntad popular”. Una y otra vez, las urnas le daban la razón: desde 2002 ha ganado 15 elecciones y plebiscitos.

Aun así, sostiene que cancelar las elecciones es precisamente respetar esa voluntad de las urnas, que un “fraude masivo” había distorsionado. “Nosotros estábamos dispuestos a respetar el resultado de las elecciones”, aseguró Erdogan este martes en un discurso ante su grupo parlamentario. “Pero luego vimos que se había manipulado el voto de al menos 15.000 electores del AKP [...]. Creemos que hubo corrupción organizada, irregularidades y completa anarquía en las elecciones de Estambul. Hemos visto que hubo prácticas ilegales relacionadas con las listas de votantes y los funcionarios de las urnas”.

Al mismo tiempo, el presidente turco cargó contra la principal organización de la patronal turca, TÜSIAD, que admitió seguir con “preocupación” la decisión de repetir los comicios, una decisión que ha provocado una caída de la cotización de la lira turca de más del 2,5% respecto a euro y dólar (y pérdidas de más del 10% en el último mes). “Algunos grupos empresariales están haciendo extrañas declaraciones después de la decisión de la comisión electoral. Se equivocan. Deberían saber cuál es su lugar. Nosotros podemos haber cometido errores, pero a lo que nos enfrentamos hoy es a un sabotaje económico”, criticó Erdogan.

Las críticas exteriores también resuenan en Turquía. El ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, ha tachado la decisión de la comisión electoral de “incomprensible” y un portavoz de la diplomacia francesa ha dicho que “suscita interrogantes”. Más suave ha sido la reacción de la alta representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, que se limitó a pedir que la comisión electoral haga público “cuanto antes” su razonamiento de por qué ha anulado la votación e instó a que el nuevo proceso electoral sea “libre, justo y transparente”.

Dudas sobre elecciones previas

A.M.

A falta de que la Comisión Electoral Suprema de Turquía publique el parecer razonado de su decisión, tan solo una frase en su comunicado del lunes da pistas sobre las causas por las que cree conveniente repetir las elecciones: “Algunas de las mesas electorales fueron conformadas por las juntas electorales de distrito contraviniendo la ley, lo que afectó al resultado de las elecciones”.

Esto sugiere que el organismo judicial que supervisa las elecciones en Turquía no ha dado por buena la teoría del “fraude masivo” y la “conspiración” ventilada por el AKP, sino que se agarra a una cuestión técnica denunciada por el propio partido islamista y sus socios de la ultraderecha: que 225 presidentes y unos 3.500 miembros de las 31.124 mesas electorales de Estambul no eran empleados públicos, tal y como exige la normativa. En Turquía, las mesas electorales se conforman con miembros designados por los partidos y con funcionarios elegidos por sorteo.

Una excusa que analistas como Gökçer Tahincioglu consideran muy pobre: “La mesa se compone de siete miembros, si uno de ellos no es apto, ¿por qué se considera que los otros seis no pueden hacer correctamente su trabajo?”. El CHP se pregunta por qué, si hay dudas sobre las mesas electorales, no son también anuladas las elecciones a concejales y a alcaldes de distrito —ganadas por los islamistas y supervisadas por las mismas personas— o por qué no hay dudas sobre el referéndum de reforma constitucional de 2017 —en el que venció la opción de Erdogan por un estrecho margen— o las elecciones presidenciales y legislativas de 2018, supervisadas por las mismas juntas electorales de distrito que las municipales de marzo. Al mismo tiempo, la formación opositora exige que la Comisión Electoral Suprema dimita en bloque puesto que es la responsable de supervisar las elecciones en último término.

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