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Nubes negras sobre Turquía

El Gobierno ha logrado contener la depreciación de la lira y moderar la creciente inflación, pero la economía se ha ralentizado y podría entrar en recesión en 2019

Un grupo de personas navegan en aguas del Bósforo, el martes 12 de febrero.
Un grupo de personas navegan en aguas del Bósforo, el martes 12 de febrero. EFE

En enero, varios supermercados turcos dejaron de vender pimientos y berenjenas. Era eso o exponerse a las iras del presidente. Recep Tayyip Erdogan había tachado de “usura” y “traición a la nación” los precios alcanzados por estos dos ingredientes esenciales en la cocina turca: hasta 20 liras el kilo (3,35 euros), más del doble de su precio habitual. La repentina subida tiene sus razones: los temporales han dañado la cosecha de los invernaderos del sur del país, lo que, unido a que la importación de pesticidas, abonos y semillas se ha encarecido por la crisis de la divisa turca, ha disparado los costes. Así que, ante la imposibilidad de bajar los precios, los vendedores retiraron los productos de sus estantes.

El pasado verano, la lira perdió más del 30% de su valor en menos de un mes, disparando el índice de precios al consumo hasta el 25%, la cifra más alta en los últimos 15 años. El Gobierno decretó entonces una “lucha nacional” contra el alza de precios e invitó a las empresas a aplicar descuentos para mantener a raya la inflación. También se congelaron las facturas de la luz y el gas y se redujo el IVA a ciertos artículos de consumo. Además se instó a que la población denunciase cualquier subida anormal de los precios —ante lo cual algunas empresas, en vez de elevarlos, redujeron el gramaje del empaquetado— y se encomendó a la policía local vigilar de cerca los comercios. Incluso se produjeron mediáticas redadas en decenas de almacenes, acusados de acaparar cebollas para especular con ellas.

“Las medidas adoptadas en septiembre, como la fuerte subida de tipos de interés [hasta el 24%] y el Nuevo Programa Económico han logrado estabilizar los activos financieros turcos, incluido el tipo de cambio. El ajuste de la inflación llevará más tiempo”, opina Álvaro Ortiz Vidal-Abarca, economista jefe de BBVA Research en Turquía. La lira ha recuperado valor y, mediante sus heterodoxas políticas, el Gobierno ha logrado contener la inflación (en enero fue del 20,35%). Sin embargo, las medidas anticrisis han provocado una severa ralentización de la economía, fruto también de los excesos de la anterior fase expansiva, en la que se llegaron a registrar crecimientos trimestrales superiores al 11% gracias a generosos incentivos y facilidades crediticias.

Entonces, Erdogan necesitaba vender una imagen exitosa por el referéndum que en 2017 convirtió el país en un sistema presidencialista y por las elecciones anticipadas que certificaron al presidente al frente del sistema en 2018. Este 31 de marzo tendrán lugar otros comicios municipales, muy importantes para el sostén del aparato de Erdogan pues, a través de los ayuntamientos, se gestiona buena parte del negocio con las empresas que han cimentado el poder islamista. Tras esa fecha se retirarán las ayudas y descuentos impositivos aún vigentes. ¿Y después? ¿Cuán duro será el aterrizaje?

Pesimismo

“Se prevé una contracción económica en 2019 [-0,4 %] por la aguda caída de la demanda doméstica desde la segunda mitad de 2018, que será paliada solo parcialmente por el aumento en las exportaciones. La confianza y la demanda doméstica se recuperarán gradualmente y se prevé que el crecimiento se recupere en 2020”, según la OCDE. ABN-AMRO y Nomura creen que Turquía entrará técnicamente en recesión en 2019 al sumar tres trimestres consecutivos de contracción y un crecimiento anual negativo (-1,5%). Garanti es más optimista: el país cerrará el ejercicio en positivo, con un aumento del PIB de solo el 1%.

La abrupta subida de tipos de interés sumada a la debilidad de la lira ha sido el toque de gracia para numerosas compañías endeudadas en divisas fuertes durante la bonanza económica. Según la ministra de Comercio, Ruhsar Pekcan, 846 empresas se han declarado en bancarrota en los últimos meses, empezando por las constructoras, los negocios auxiliares y a la potente industria del electrodoméstico. Pese a que las exportaciones han aumentado, el analista Ozan Sakar, de la consultora CFS, cree que “no todo lo que cabría esperar”, debido al “problema estructural” que aqueja a las industrias turcas: deben importar para producir lo que luego exportarán y están teniendo mucha dificultad para acceder a divisa para financiarlo. “Los bancos están denegando muchos créditos, incluso a empresas importantes”, confiesa una fuente financiera.

Las principales entidades vaticinan que los préstamos impagados pasarán del 4% al 7% en 2019. La caída en la demanda y el incremento del paro llevarán “a un aumento gradual de la tasa de morosidad”, dice Vidal-Abarca. “Se debe a factores de demanda como los elevados tipos de interés y la incertidumbre. Una vez desciendan los tipos en verano, el crédito comenzará a recuperarse”, añade: “La clave está en la estabilidad de la lira. Existe muy poco margen para desviarse de la ortodoxia monetaria y fiscal, pues la lira respondería inmediatamente en los mercados”.

El gobernador del Banco Central ha prometido que la disciplina continuará, si bien es sabida la alergia de Erdogan a las recetas ortodoxas y su pretensión de controlarlo todo: se nombró a sí mismo presidente del fondo soberano y el Parlamento acaba de concederle poderes extraordinarios para gestionar la economía en caso de crisis. “El sistema ha absorbido moderadamente bien los daños sufridos el pasado agosto. Es verdad que la situación es complicada para las pequeñas y medianas empresas, y también para los particulares, pero los bancos turcos están bien capitalizados y tienen liquidez suficiente. Eso significa que el sistema no va a caer”, sostiene una fuente financiera, si bien añade que el obstáculo al regreso de los inversores extranjeros es la “falta de credibilidad”.

“El Gobierno aún tiene margen de maniobra. La deuda pública [30%] y el déficit presupuestario [1,9 %] están en niveles manejables”, explica Sakar: “Además, la Reserva Federal de EE UU ha dado un respiro a los países emergentes anunciando que moderará su subida de tipos”. Por eso, el analista de CFS cree que las nubes negras se irán disipando a partir del verano y las perspectivas mejorarán “si no ocurre nada inesperado”. Eso sí, Turquía es la tierra de los imprevistos.

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