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El ‘impeachment’ a Trump irrumpe en el debate de los candidatos demócratas

Tres aspirantes a enfrentarse a Trump en 2020 desafían al liderazgo del partido y defienden un proceso de destitución abocado al fracaso pero con potencial rédito en las primarias

La senadora y candidata demócrata Elisabeth Warren. En vídeo, la senadora defiende el 'impeachment' el pasado sábado.

El informe Mueller ha abierto las primeras grietas en el muro de contención que había levantado Nancy Pelosi alrededor de su exaltada bancada demócrata. La presidenta de la Cámara de Representantes había logrado acallar las ansias por iniciar un impeachment al presidente, proceso de destitución abocado al fracaso y que, advierte Pelosi, ahuyentaría a los votantes moderados. Pero ahora el debate se ha abierto de lleno en el partido: tres candidatos a enfrentarse a Trump en 2020 defienden iniciar el proceso. Una cuestión de principios, dicen, pero que oculta también un cálculo político.

Hasta la fecha, propios y ajenos elogiaban la destreza con que la veterana reina demócrata había logrado acallar las ansias por un impeachment, el proceso de destitución de un presidente por delitos cuya iniciativa la Constitución entrega a la Cámara Baja. Pelosi llamaba a la cautela. El proceso, para prosperar, algo que no ha sucedido nunca en la historia, requiere una mayoría de dos tercios en el Senado, Cámara que en la actualidad cuenta con mayoría republicana. Solo un informe Mueller “convincente y aplastante para los dos partidos”, dijo Pelosi, en el que el fiscal especial de la trama rusa acusara sin matices al presidente de conspiración con Moscú o de obstrucción a la Justicia, podría aconsejar iniciar el proceso. De lo contrario, sí a continuar investigando al presidente desde el Capitolio, pero no a perder el tiempo en un proceso que no se puede ganar y que solo ahuyentaría al votante moderado y regalaría argumentos al presidente para presentarse como víctima de unos demócratas radicalizados.

El informe Mueller, publicado en su integridad la semana pasada, difícilmente habrá convencido a ningún republicano de quebrar la piña que forma el partido en torno a Trump. Tras casi dos años de investigación, el fiscal especial exonera al presidente de conspiración con Rusia. Mueller no presenta cargo alguno, a diferencia del fiscal Kenneth Starr, que en 1998 presentó 11 para destituir a Bill Clinton, en el último precedente de inicio de un impeachment (que luego fracasó en el Senado). Mueller tampoco acusa a Trump de obstrucción a la Justicia. Pero aporta 10 episodios que, a su juicio, pueden constituir material para acusarlo por ese delito.

Este último es el principal cabo técnico al que se agarran quienes desean abrir el proceso de destitución. Algo que, hasta la fecha, apenas defendía un puñado de legisladores recién llegados y que, gracias en parte a las artes de Pelosi, no se había convertido en objeto de debate entre los aspirantes a enfrentarse a Trump en 2020. Pero ahora el impeachment se ha colado a las altas esferas del partido, hasta el punto de que tres de los principales candidatos demócratas, las senadoras Elizabeth Warren y Kamala Harris y el exministro Julián Castro, lo han apoyado públicamente.

“Ignorar los reiterados esfuerzos de un presidente por obstruir una investigación sobre su propio comportamiento desleal infligiría un daño grande y duradero a este país, sugeriría que tanto el actual como futuros presidentes serían libres para abusar de su poder de maneras similares”, escribió Warren el viernes en Twitter. “Creo que el Congreso debe tomar medidas hacia el impeachment”, aseguró Harris el lunes en televisión.

Los congresistas demócratas mantuvieron el lunes una teleconferencia, en la que quedaron en evidencia las divisiones del partido. Nancy Pelosi trató de apaciguar las aguas, con una carta previa enviada a sus legisladores en la que denuncia “el comportamiento altamente inmoral e inescrupuloso” de Trump, pero llama a priorizar las investigaciones ya en marcha en la Cámara, en lugar de perseguir el impeachment, que difícilmente puede reportar a los demócratas beneficios políticos.

Quienes defienden iniciar el proceso lo presentan como una cuestión de ética contra cálculo político. “No existe una excepción de conveniencia política en la Constitución”, dijo Warren el lunes en televisión, en alusión a los argumentos de Pelosi. “Esto no va de política. Va de principios”, añadió.

Pero lo cierto es que también se puede adivinar un cálculo político en los candidatos que abrazan el impeachment. Solo que en otro estrato. Pelosi, desde su tribuna en el Capitolio, piensa en el votante general; el foco de los candidatos demócratas, en cambio, está en el partido, que es el que elige en las primarias. Aunque es un proceso que poco haría por conquistar indecisos, tres cuartas partes de los votantes demócratas, según las encuestas, están a favor del impeachment. El debate entre los candidatos demócratas se produce ya más a la izquierda de lo habitual. Y enarbolar la bandera del impeachment es una manera eficaz —y exenta de mayores riesgos— de ganar posiciones en el ala progresista del partido.

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