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La izquierda alemana rinde homenaje a Rosa Luxemburgo en el centenario de su asesinato

Miles de personas se concentran en Berlín para recordar a la líder revolucionaria y a Karl Liebknecht

Manifestantes de izquierda, en el acto de homenaje por el centenario de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, este domingo en Berlín.
Manifestantes de izquierda, en el acto de homenaje por el centenario de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, este domingo en Berlín. Getty Images

Varios miles de personas rindieron este domingo un homenaje a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, los dos lideres revolucionarios que fueron asesinados por soldados de los llamados Cuerpos Francos de Berlin el 15 de enero de 1919. Según portavoces del partido Die Linke (La Izquierda), unas 10.000 personas visitaron el monumento socialista en el cementerio central de Friedrichsfelde, en el barrio berlinés de Lichtenberg.

Los presidentes federales del partido, Katja Kipping y Bernd Riexinger, así como los jefes de la fracción del Bundestag, Sahra Wagenknecht y Dietmar Bartsch, depositaron coronas con claveles rojos y gerberas. Oskar Lafontaine, líder de la facción de La Izquierda en Sarre, y Gregor Gysi, jefe del Partido Europeo de Izquierda, también participaron en la conmemoración silenciosa que se ha convertido en un ritual para la organización.

Desde la caída del muro, en noviembre de 1989, el aniversario del asesinato de los dos líderes revolucionarios ha atraído a miles de personas al memorial. Este domingo, a pesar de la lluvia y el frío, miles de personas también participaron en una marcha que se convocó bajo el lema Luxemburg-Liebknecht-Ehrung 2019.

Los organizadores de la marcha, que se autodefinieron como una alianza de partidos, organizaciones y grupos autónomos de izquierda, señalaron en un comunicado que la habían convocado para manifestarse a favor de “la paz y la solidaridad internacional, contra la explotación, contra el desmantelamiento de los derechos democráticos y el aumento de los peligros fascistas”.

La marcha que transcurrió sin incidentes en el sector este de la capital no cautivó a los transeúntes a pesar de las banderas rojas y los llamamientos a favor de la paz y loa solidaridad internacional. La televisión germana dedicó pocos segundos en sus informativos para mostrar el acto central en el memorial y algunos aspectos de la marcha.

En cambio, los informativos destacaron un comunicado dado a conocer por la Fundación Federal para el Estudio de la Dictadura de la RDA (Bundesstiftung Aufarbeitung der SED-Diktatur) que advertía de que la manifestación anual de la izquierda recibiría una atención especial con motivo del centenario del asesinato

“Esto conduce en parte a perspectivas no críticas y a una romantización de la política comunista, tanto en la primera fase como en el curso posterior de la República de Weimar”, dijo la directora de la Fundación, Anna Kaminsky. Es necesario promover un enfoque diferenciado y crítico de las dos figuras simbólicas de la revolución, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Por un lado, Luxemburgo y Liebknecht han sido utilizados durante años para la propaganda socialista real en la República Democrática Alemana”.

Poco antes del asesinato, el Gobierno socialdemócrata de entonces, surgido tras la abdicación del emperador Guillermo II, y deseoso de restablecer el orden en víspera de las elecciones que darían nacimiento a la República de Weimar, había ordenado a los Cuerpos Francos una represión brutal de la llamada Revuelta espartaquista, iniciada por Luxemburgo y Liebknecht, un movimiento integrado por marxistas e izquierdistas que trató de derribar la recién nacida República de Weimar e implantar un sistema comunista semejante al establecido en Rusia tras la Revolución de Octubre de 1917.

El movimiento, cuyos líderes también fundaron el Partido Comunista de Alemania (KPD), fracasó tras la reacción de las fuerzas conservadoras que movilizaron al Ejército y a los denominados Freikorps (milicias paramilitares derechistas) para sofocarlo.

Esta represión y el doble asesinato sellaron la ruptura entre socialdemócratas (SPD) y comunistas, que facilitaría el advenimiento del nazismo en 1933. La división entre las dos fuerzas todavía perdura.

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