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Japón ejecuta a dos condenados a muerte

Desde la vuelta al poder del primer ministro japonés Shinzo Abe en diciembre de 2012, el país nipón ha terminado con la vida de 36 prisioneros

El ministro japonés de Justicia, Takashi Yamashita, hoy en rueda de prensa en la sede del Ministerio de Justicia en Tokio (Japón).
El ministro japonés de Justicia, Takashi Yamashita, hoy en rueda de prensa en la sede del Ministerio de Justicia en Tokio (Japón). EFE

Dos condenados a muerte fueron ejecutados este jueves en Japón, con lo que ya son 15 las personas ajusticiadas este año (un récord desde 2008), tras las de julio de 13 exmiembros de la secta Aum, responsable del atentado mortal con gas sarín en 1995 en el metro de Tokio. Los condenados eran Keizo Hawamura, de 60 años, y Hiroya Suemori, de 67, por haber estrangulado al jefe de una empresa de inversiones y a un empleado en 1988, indicó en una rueda de prensa el ministro de Justicia, Takashi Yamashita. 

Desde la vuelta al poder del primer ministro japonés Shinzo Abe en diciembre de 2012, 36 prisioneros han sido ejecutados. El país es, junto con Estados Unidos, el único democrático del primer mundo que practica la pena capital. Más de 100 condenados a muerte esperan la ejecución de su pena en las cárceles niponas, alrededor de la mitad de ellos desde hace más de diez años, aunque la ley precisa que la pena capital debe ejecutarse seis meses después de que se confirme la sentencia, una norma que casi nunca se cumple.

"Las ejecuciones en Japón son secretas y solo se avisa a los prisioneros unas horas antes. Sus familias, sus abogados y el público son informados después", denunció en un informe reciente Amnistía Internacional. "Varios detenidos con discapacidad mental e intelectual fueron ejecutados o esperan en el corredor de la muerte", denunció la ONG. Japón tiene además el triste récord mundial de haber mantenido a una persona condenada a muerte por error durante más años, 46. Se trata de Iwao Hakamada, un exboxeador que fue sentenciado a la horca (el único método utilizado en Japón para terminar con la vida de los presos) en 1968 y que recobró la libertad en 2014 tras un larguísimo proceso. Hakamada salió de prisión con graves problemas mentales, fruto del estrés acumulado durante décadas, en las que cada día despertó sin saber si era el último.

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