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Alejandría reservará sus mejores playas para los extranjeros

El Gobierno pretende duplicar la llegada de turistas extranjeros con una medida que ha suscitado controversia en la ciudad

Vista del puerto de Alejandría, en Egipto, el pasado febrero.
Vista del puerto de Alejandría, en Egipto, el pasado febrero. GETTY IMAGES

Si al clasismo tradicional de la sociedad egipcia se le añade el anhelo de atraer nuevas fuentes de divisas, el resultado puede ser polémico. Como el nuevo plan de la Cámara de las Agencias de Viajes de Alejandría, que consiste en reservar de forma exclusiva para los turistas extranjeros las mejores playas de la segunda mayor urbe de Egipto, situada a orillas del mar Mediterráneo. El presidente de la Cámara, Ali al-Manesterly, anunció recientemente a través de un comunicado de prensa la iniciativa, que forma parte de un plan para estimular el sector turístico en Alejandría, un popular lugar de asueto venido a menos.

De acuerdo con el proyecto, se ampliará el aeropuerto de Burg al-Arab, en Alejandría, para que en 2022 sea capaz de recibir unos cuatro millones de pasajeros al año frente a los 1,2 millones actuales. Asimismo, se doblará la capacidad hotelera de la ciudad para acoger el esperado alud de visitantes. De momento, el Gobierno egipcio ha firmado ya acuerdos con tres países europeos —Italia, Grecia y Chipre— para abrir vuelos directos a la ciudad mediterránea. Para al-Manesterly, la idea de crear playas exclusivas para extranjeros pretende garantizarles “la privacidad que corresponde a sus necesidades”.

En la actualidad, la burguesía de El Cairo prefiere pasar sus veranos en urbanizaciones situadas al oeste de Alejandría, donde las playas son mucho más limpias

“Estoy en contra de esta idea. Es ilegal e inconstitucional que haya playas exclusivas para los extranjeros. Es un tema que ha salido hace muy poco en los últimos días, pero creo que la mayoría no lo ve con buenos ojos”, comenta Maha Hegazy, profesora asociada de inglés en la Facultad de Ingeniería de Alejandría. Los defensores de la iniciativa apuntan que se pretende evitar la incomodidad que sienten algunas turistas ataviadas con un bikini ante las miradas o los comentarios de algunos locales, dado que en Egipto existe un serio problema de acoso sexual. “Podría ser por esta razón, no negaré que es verdaderamente imposible ir a las playas públicas en bikini”, concede Hegazy que, de todas formas, preferiría que, en lugar de prohibir la entrada a los autóctonos, se impusiera un billete de entrada con un precio elevado que filtrara la clientela.

Alejandría fue un popular destino veraniego durante el siglo XX. De hecho, bajo el reinado del rey Faruk, el Gobierno entero se trasladaba a la ciudad entonces aún llamada “la perla del Mediterráneo”, de forma que los altos funcionarios y sus familias pudieran escapar a los estragos de la canícula en El Cairo. Sin embargo, en las últimas décadas, su explosión demográfica, la degradación de las playas y el enraizamiento del movimiento salafista han reducido su atractivo turístico. Los pocos viajeros extranjeros que la visitan lo hacen en excursiones de día, mientras la burguesía cairota prefiere ahora pasar sus veranos en urbanizaciones situadas al oeste de Alejandría, donde las playas son mucho más limpias.

“Las playas reservadas para los extranjeros es la consecuencia lógica de un largo proceso de privatización del espacio público en Alejandría, sobre todo en la primera línea del mar, que responde a unos criterios clasistas y de capitalismo puro y duro”, sostiene Mohamed Ez, un estudiante de Sociología de 27 años, también crítico con la medida.

En la actualidad, es necesario adquirir una entrada en prácticamente todas las playas, incluidas las públicas. El precio oscila entre las 15 y 20 libras (0,75 a 1 euro), e incluye el alquiler de una sombrilla y una mesa. En el caso de las playas privadas de algunos hoteles de lujo, la admisión asciende a unas 250 libras (unos 13 euros), un precio prohibitivo para las clases populares que están pagando una elevada factura en el plan de ajuste estructural pactado con el FMI.

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