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Condenado a cinco años de cárcel en China un defensor del idioma tibetano

Tashi Wangchuk, de 33 años, ha sido declarado culpable de "incitación al separatismo"

Macarena Vidal Liy
Un manifestante taiwanés con un póster de Tashi Wangchuk (d), en Taipéi en 2017.
Un manifestante taiwanés con un póster de Tashi Wangchuk (d), en Taipéi en 2017.SAM YEH (AFP/Getty Images)

Tashi Wangchuk, de 33 años y comerciante de profesión, quería reclamar que los niños tibetanos pudieran educarse en su lengua. Fue a Pekín a intentar presionar a las autoridades, y meses más tarde, en 2015, concedió una entrevista grabada en vídeo al periódico The New York Times. Insistía en que no apoyaba la independencia de Tíbet, solo reclamaba que los pequeños no perdieran su cultura. Fue detenido en enero de 2016. Dos años más tarde, ha sido condenado a cinco años de cárcel por “incitación al separatismo”.

Su abogado, Liang Xiaojun, ha anunciado por Twitter la sentencia, emitida por el Tribunal Intermedio de Yushu, en la provincia china de Qinghai, donde el 90% de la población es de etnia tibetana. Su defendido, ha apuntado, apelará la condena.

El delito de incitación al separatismo está penado con un máximo de 15 años de cárcel en China.

“El veredicto de hoy [este martes] contra Tashi Wangchuk representa una grave injusticia. Se le está castigando cruelmente por llamar la atención de manera pacífica a la erosión sistemática de la cultura tibetana. Calificar el activismo pacífico en defensa del lenguaje tibetano de ‘incitación al separatismo’ va más allá de lo absurdo”, ha declarado Joshua Rosenzweig, director de Investigación para el Este de Asia de Amnistía Internacional.

Esta organización de defensa de los derechos humanos subraya que Tashi Wangchuk, de 33 años, ha pasado ya dos en la cárcel y sin acceso en ningún momento a su familia”.

La enseñanza en tibetano se abandonó en 2012 en favor del mandarín en las escuelas públicas en áreas de población de esta minoría en las provincias de Qinghai y Gansu. Las escuelas privadas con docencia en esa lengua también se vieron obligadas a cerrar, lo que originó diversas protestas, según recuerda Human Rights Watch. China defiende la educación de los niños en mandarín, argumentando que el desconocimiento de este idioma les priva de adultos de oportunidades laborales.

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“El único ‘delito’ de Tashi Wangchuk ha sido reclamar el derecho de las minorías a usar su propio lenguaje, un acto que protegen la Constitución china y las leyes internacionales sobre Derechos Humanos”, ha declarado la directora de HRW para China, Sophie Richardson.

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Sobre la firma

Macarena Vidal Liy
Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Previamente, trabajó en la corresponsalía del periódico en Asia, en la delegación de EFE en Pekín, cubriendo la Casa Blanca y en el Reino Unido. Siguió como enviada especial conflictos en Bosnia-Herzegovina y Oriente Medio. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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