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“Es hipócrita defender los derechos humanos en Siria cuando no lo hacemos en Guerrero”

La propuesta de López Obrador para ocupar la cancillería cree que la diplomacia mexicana debe retomar el principio de no intervención

Héctor Vasconcelos junto a una estatua de su padre, José Vasconcelos.
Héctor Vasconcelos junto a una estatua de su padre, José Vasconcelos. El País

Héctor Vasconcelos (Ciudad de México, 1945) es hijo de uno de los intelectuales más importantes de México, José Vasconcelos, y de Esperanza Cruz, una reputada pianista que estudió con Manuel M. Ponce. Si Andrés Manuel López Obrador triunfa en las elecciones de julio, este politólogo e internacionalista egresado de Harvard con estudios de posgrado en Cambridge y Oxford se convertirá en secretario de Relaciones Exteriores. Como diplomático, Vasconcelos tiene experiencia como cónsul en Boston (Massachusetts) y fue embajador en Dinamarca, Noruega e Islandia. En sintonía con el candidato de Juntos Haremos Historia (Morena-Encuentro Social-Partido de los Trabajadores) el diplomático cree que la mejor política exterior es una buena política interior. Vasconcelos cree que México debe limpiar la casa antes de alzar la voz en la comunidad internacional.

Pregunta. ¿Cómo califica la política exterior del Gobierno de Enrique Peña Nieto?

Respuesta. Durante los últimos lustros, sino es que décadas, la política exterior se ha centrado excesivamente a Estados Unidos y Canadá. Esto tiene su razón de ser: su proximidad geográfica y que más del 80% de nuestras exportaciones van a ese mercado. Yo pienso que se exageró en este énfasis en detrimento de nuestra relación con América Latina. Ha quedado muy desdibujada la posición de México como miembro de la comunidad latinoamericana. También hemos descuidado regiones como la Unión Europea y el sudeste asiático y la relación potencial con China e India, dos actores de tal importancia con los que hay que explorar a fondo las posibilidades de intercambio.

P. Andrés Manuel López Obrador suele repetir que la mejor política exterior es una buena política interior. ¿No cree que México debería recuperar un rol protagónico en América Latina?

R. No es esa nuestra idea. Una cosa es recuperar nuestros lazos culturales y económicos con América Latina. Pero no pensamos, al menos en la parte inicial del próximo sexenio, tener un papel protagónico. Esto obedece a causas de fondo. Creemos profundamente que la manera de que México tenga un peso en el mundo es fortaleciéndonos internamente. ¿Qué quiere decir esto? Eliminar la corrupción y lograr un Gobierno con mayor credibilidad, un Gobierno que realmente surja de las urnas y los votos de los ciudadanos. Primero queremos poner nuestra casa en orden. No queremos ser candil de la calle y oscuridad en la casa.

P. ¿Lo es ahora?

R. Creo que sí. Hemos estado muy listos para adoptar la defensa de derechos humanos en otras regiones y en otros países cuando no tenemos vigencia de los derechos humanos en México. Primero vamos a asegurarnos que se respeten en Guerrero, Oaxaca, Tamaulipas, Michoacán, ya no digamos en Ciudad de México. No deja de ser hipócrita y grotesco estar defendiendo los derechos humanos en Siria o Afganistán cuando no los estamos defendiendo en la sierra de Guerrero.

P. ¿Qué implica limpiar la casa?

R. La violencia que desató el combate a la delincuencia organizada, mal planeado y mal estructurado, de [Felipe] Calderón para legitimarse políticamente ha creado una situación inédita en México. Tenemos alrededor de 85 muertes violentas al día. Mientras no resolvamos eso, ¿no es un poco frívolo rasgarse las vestiduras por violaciones de derechos humanos en otras partes? Primero hay que recuperar nuestro equilibrio como sociedad. Entonces tendremos credibilidad para tener una voz internacional más potente.

No pensamos tener un papel protagónico en América Latina

P. ¿Potente para qué?

R. Para contribuir al orden internacional y la búsqueda de la paz en los conflictos y a la no violación de los derechos humanos. Hay ciertos principios de la diplomacia que están en la Constitución como la no intervención en asuntos internos de otros países, la autodeterminación de los pueblos, la búsqueda de la paz en los conflictos, la cooperación para el desarrollo. México ha defendido estos principios a lo largo de buena parte de su historia y queremos retomarlos. Permitieron que México tuviera un perfil internacional destacado y que se obtuviera, por ejemplo, el Tratado de Tlatelolco y la actuación en la Asamblea General de la OEA de Punta del Este, en 1962. En esos momentos México dio un buen ejemplo y no estaba en una crisis del tamaño de la actual. Había una relación entre lo que defendíamos afuera y lo que teníamos adentro. Hoy ese equilibrio está roto.

P. ¿Es lo que está pasando con el tema de Venezuela?

R. Absolutamente. Este intervencionismo mexicano — y no es que no hayan situaciones extremadamente difíciles y deplorables en Venezuela— pero ¿por qué no el Gobierno mexicano resuelve los gravísimos problemas que hay en determinadas zonas del país que están fuera de control del Estado?

P. ¿No le parece importante ser críticos con lo que el Gobierno de Nicolás Maduro ha hecho con la oposición política, por ejemplo?

R. Cuando hay violaciones graves a los derechos humanos México tiene que denunciarlas. Pero hay diferencia entre eso e intervenir, de una parte o la otra, en conflictos internos. El no querer intervenir tiene raíces históricas muy profundas en este país. En el siglo XIX México tuvo que defenderse de intervenciones extranjeras de Estados Unidos, Francia y venía de 300 años de ocupación española. ¿Cómo podemos defendernos? No interviniendo en los asuntos a cambio de que tú no intervengas en los míos.

Lo último que desea Estados Unidos es una situación de caos en México

P. Muchos candidatos a la presidencia de México creen que al llegar al poder tendrán una buena relación con Estados Unidos. Al llegar a Los Pinos se dan cuenta de lo difícil que es eso…

R. Se nos critica mucho el creer que vamos a tener una buena relación o que le vamos a caer bien al presidente Trump. No somos ingenuos. Lo que sí creemos es que es posible hacerle ver al Ejecutivo norteamericano —con la ayuda de legisladores, gobernadores, empresarios, académicos y gente de los medios de comunicación— que es del interés de Estados Unidos que México sea un país estable, con mayor crecimiento económico sin este grado de violencia generalizada, sin corrupción y con menor desigualdad. Lo último que desean es una situación de caos en México. Entre más estable sea la situación de México habrá un mayor mercado interno y mayores intercambios comerciales y de inversión. En esto basamos lo que López Obrador llama una alianza para el crecimiento y el desarrollo.

P. El canciller Videgaray tiene una buena relación con el yerno de Trump. ¿No se siente en desventaja ante alguien que tiene acceso a la Casa Blanca.?

R. Al contrario. El actual canciller estableció una línea paralela a la institucional a través una relación con un miembro de la familia presidencial dejando un poco del lado los mecanismos tradicionales. ¿Cuál es el resultado después de un año y cuatro meses de Gobierno? No se ha logrado la renegociación del TLC, el muro está en vías de construcción y Trump trata de conseguir recursos por todos los medios para construirlo. La animadversión hacia nuestros compatriotas en Estados Unidos está ahí si es que no se está agudizando. ¿Cuál fue el objetivo de esta vía paralela? Yo creo que es un rotundo fracaso.

P. ¿Cómo debe entender el mundo un eventual triunfo de López Obrador?

R. Si ganamos la elección y se respeta nuestro triunfo y no hay fraude electoral creo que toda América Latina y el resto del mundo van a ver con muy buenos ojos que México abra un nuevo capítulo en su historia. Hace casi 100 años que el PRI y el PAN están en el poder. Casi un siglo con dos partidos es un lapso enorme y los resultados al día de hoy son lamentables. Creo que si López Obrador obtiene una victoria clara y limpia no tiene por qué haber la inestabilidad que algunos temen. Todos debemos de apostar en serio a la limpieza del proceso electoral.