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Ganó 560 millones de dólares en lotería pero para cobrarlos tiene que identificarse y ella no quiere

La estadounidense quiere mantener el anonimato por temor a ser asediada

Un boleto de Powerball
Un boleto de Powerball

Muchos darían lo que fuera por estar en su lugar. Una mujer de New Hampshire ganó en enero la friolera de 560 millones de dólares en la lotería Powerball, una de las más famosas de Estados Unidos. Pero se ha encontrado con un problema: para cobrar el premio debe revelar su identidad y ella no quiere hacerlo por temor a ser asediada y sufrir una “invasión significativa de su privacidad”.

La mujer ha pedido a un juez poder incumplir las reglas de la lotería: cobrar el premio millonario manteniendo su anonimato. “Es una residente desde hace tiempo de New Hampshire y es una persona activa en la comunidad. Desea mantener ese trabajo y la libertad de ir al supermercado o acudir a eventos públicos sin ser conocida”, esgrime el abogado de la afortunada, en los documentos judiciales citados por medios locales. En esos papeles, ella se identifica bajo el seudónimo de Jane Doe.

El letrado incide en otro argumento: la mujer desea “estar alejada de la fama y la mala suerte que ha afectado frecuentemente a los ganadores de lotería”.

Antecedentes no le faltan. Graigory Burch Jr. ganó en 2015 un premio de 434.272 dólares en la lotería estatal de Georgia pero a los dos meses fue asesinado en su casa por siete personas enmascaradas. Su familia lo atribuyó a la fama adquirida en el sorteo.

Otro ejemplo funesto es el de Abraham Shakespeare, que en 2006 ganó 30 millones de dólares. Dos años después, le contactó una mujer, llamada Dorice Moore, que le dijo que estaba escribiendo un libro sobre cómo la gente se estaba aprovechando de él. La realidad es que fue ella quién más se aprovechó: logró convencerlo para que le dejara ser su asesora financiera, se hizo con el resto del dinero ganado y acabó matando a Shakespeare.

Pero, por ahora, los responsables de la lotería de New Hampshire se han negado a acceder a la petición de secretismo de la misteriosa mujer. El reglamento establece que, para evitar posibles fraudes, debe difundirse el nombre del ganador, su lugar de residencia y la cuantía del premio.

La única posibilidad legal que tenía la mujer era comprar el boleto de lotería como integrante de un fondo anónimo, pero lo desconocía y no lo hizo. Ahora alega que cometió un “error enorme” cuando firmó con su nombre real en la parte trasera del billete porque, si ahora alterara sus datos, el premio quedaría anulado.

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