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COLUMNA

Petro: ¿Cripto candidato?

Petro sabe hablarle al electorado, que llenó de subsidios en su paso por la Alcaldía de Bogotá

No es sobre la moneda del régimen de Nicolás Maduro. Es sobre Gustavo Petro, el fenómeno político de las encuestas en Colombia por estos días, cuando faltan menos de 4 meses para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, una de las seis que se llevarán a cabo en América Latina en 2018.

El Stabilis amenazado por un exguerrillero, exalcalde de Bogotá destituido de su cargo por el entonces procurador Alejandro Ordóñez, quien politizó su función preventiva y disciplinaria y convirtió en el héroe del balcón del Palacio de Liévano a Gustavo Petro, de lejos un hombre de izquierda, hábil político, que interpreta las causas ciudadanas más sensibles que habitan en las plataformas sociales, pero son reales en los hogares, como la de los animalistas por ejemplo.

Administrador pobre, populista y autoritario, desafía con su retórica y respuesta pura y dura a los medios de comunicación. Por lo menos debería provocar la reflexión de todos los llamados influenciadores y de quienes se han dedicado por años a creer que por negarle los micrófonos evitaban su ascenso. Petro hoy es primero o segundo en todas las mediciones de intención del voto, que, valga la pena decir, ni en su caso ni en ninguno otro llegan al 20 por ciento y cuando aún más del 50 por ciento no sabe por quién va a votar.

Petro sabe hablarle al electorado, que llenó de subsidios en su paso por la Alcaldía de Bogotá, y a los ciudadanos del Caribe, y ha sabido interpretar que a los jóvenes y a otros grupos poblacionales les duele la complicidad de las élites del poder social y empresarial con las maquinarias corruptas en que se han sostenido por años políticos tradicionales, de los cuales algunos siguen apostándole al sillón presidencial.

Pero no es el único que está marcando firme en las encuestas. Como tampoco se esperaría que su fortaleza de hoy dure más allá de las elecciones parlamentarias del 11 de marzo. Muchos apuestan a que le pasará como al bitcoin y se desvanecerá, no sin antes hacer algunos estragos.

En la misma fecha de las parlamentarias, la coalición que reúne a la derecha uribista y al pastranismo escogerá en una consulta interpartidista entre el más joven de los candidatos, Iván Duque, y una mujer, Marta Lucia Ramírez, los dos favoritos con una tercería que yo esperaría improbable de Ordóñez, el mismo que inhabilitó a Petro. Se presume que una vez organizada la fórmula de la derecha, la ecuación cambie. Y entonces el ganador de ésta se pelee con German Vargas Lleras el paso a la segunda vuelta.

Tampoco en estas encuestas se ha medido la apuesta del hacedor de la paz con las FARC y ex ministro y constituyente Humberto de la Calle de apostar por Clara López, una mujer de izquierda en su fórmula vicepresidencial, para profundizar su proyecto de erradicar la pobreza y consolidar el proceso de implementación de la paz lograda con el desarme de la guerrilla. El ‘Bernie Sanders’ colombiano, analogía que se ha ganado a los 70 años en los escenarios universitarios, no marca bien en los sondeos, pero su discurso es bastante más potente y su experiencia probada.

Otro fenómeno no menos importante que lo que hoy ocurre es el que representa otro ex alcalde, de Medellín, Sergio Fajardo, quien encabeza dos de las tres encuestas de esta semana en Colombia. Buscando el centro y apoyado en el Partido Verde de Claudia López y el izquierdista Polo de Jorge Robledo, ha logrado conectar con un sector nada despreciable de los colombianos que lo perciben un outsider, aunque lleve más de 30 años haciendo política.

Fajardo tiene en su haber el discurso anticorrupción y en su estilo joven a los 60 años una preferencia que no ha logrado quitarle Vargas Lleras, a pesar de que ha intentado que se confronten las ideas del antioqueño con sus programas para mostrarlo como una figura de forma y poco fondo en la propuesta de modelo de país.

La polarización que ha caracterizado el ambiente en los últimos años entre el gobierno de Juan Manuel Santos y su apuesta por acabar el conflicto y su antecesor, Alvaro Uribe, pareciera no estar marcando en las encuestas. O bien por un agotamiento natural de la ciudadanía por la discusión cuando se torna estéril o porque aún no está elegido el nuevo Congreso, que definirá las nuevas mayorías, esas que se están peleando voto a voto el Centro Democrático y Cambio Radical. Sin que olvidemos que el Partido Liberal ha mostrado una capacidad enorme de supervivencia, a pesar de las fracturas irremediables en su interior.

En los próximos meses, cuando ya estén sumados y restados los candidatos, será fundamental escucharlos a fondo para quitarles la máscara de sus slogans, probar sus niveles de tolerancia, coherencia y liderazgo, medir hasta dónde son capaces de ensuciar a los contrincantes de sus propios pecados, saber qué piensan de los temas reales que importan al ciudadano, de la tragedia humanitaria en la frontera con Venezuela, hasta dónde serán capaces de negarse a continuar con los programas en que comunidades enteras privilegian el sustento legal y rechazan el dinero fácil, saber si de verdad creen que haber logrado desarmar a las FARC es un tema menor, para entonces sí poder escoger a la mejor persona en toda la dimensión de la palabra.

Toca por ahora seguir analizando encuestas, esas mismas que han fracasado en sus predicciones en Estados Unidos, Inglaterra y en la Colombia profunda y religiosa que no acostumbra a reconocer el voto o se abstiene. Y hasta el final, desear que todos los periodistas recordemos que en cada elección nos jugamos el prestigio personal y sobre todo el de una profesión que si no se reconoce a sí misma como la única que no debe ni puede tener partido, terminará sin audiencias.