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Los militares de Zimbabue negocian con Mugabe su futuro

El presidente más longevo del mundo, que se niega a dimitir pese a la intervención, se reúne con el jefe de las Fuerzas Armadas

Zimbabwe
Los periódicos de Zimbabue informan este jueves de la detención del presidente Mugabe en Harare. AP

Dos días después de que el Ejército de Zimbabue sacase los tanques en la capital del país, Harare, para hacerse con el control de las principales instituciones, la televisión local y, sobre todo, el Palacio Presidencial, el mandatario Robert Mugabe, de 93 años y bajo arresto domiciliario, se resiste a dejar el cargo. Mugabe, que está en el complejo Casa Azul de Harare, se ha reunido este jueves con el jefe de las Fuerzas Armadas, Constantino Chiwenga, y varios ministros en presencia de enviados de la vecina Sudáfrica para mediar, según ha publicado el diario The Herald, que ha publicado fotos del encuentro. La reunión apunta a que negocian la salida del presidente más longevo del mundo.

Según una fuente citada por la agencia Reuters, Mugabe se encuentra detenido junto a su esposa, Grace, y varios aliados políticos. El aún líder del partido gubernamental Unión Africana Nacional de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF) insiste en su intención de agotar el actual mandato, que debiera expirar tras las elecciones previstas en 2018.

El presidente sudafricano, Jacob Zuma, en su calidad de número uno de la organización regional Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADC, siglas en inglés), ha convocado una reunión de urgencia este jueves en Botsuana para tratar la crisis.

La actividad de las calles de Harare mantiene cierta normalidad en medio de un sinfín de especulaciones sobre el futuro de la pareja presidencial, sus aliados y el Gobierno de uno de los países más pobres del mundo. Un sacerdote católico, Fidelis Mukonoris, está mediando entre las partes para una posible salida a la crisis. Según el canal sudafricano SABC, Mugabe, acompañado de los ministros Jonathan Moyo y Saviour Kasukuwere, mantiene que solo el voto en el seno de su partido le haría marcharse.

La SABC ha revelado, en coincidencia con otras informaciones de la prensa extranjera publicadas recientemente, que Zimbabue está posiblemente ante la formación de un Gobierno de coalición transitorio en el que el exvicepresidente Emmerson Mnangagwa, del ZANU-PF, destituido el pasado 6 de noviembre por el propio Mugabe, estaría al frente en alianza con otras formaciones políticas como el Movimiento por el Cambio Democrático (MDC-T) de Morgan Tsvangirai. El líder opositor zimbabuense, que ya venció a Mugabe en la primera vuelta de las elecciones de 2008, ha regresado a Harare tras dos meses de tratamiento oncológico en Sudáfrica. Su secretario general, Douglas Mwonzora, ya ha mostrado su disposición a entrar en un Ejecutivo de transición.

La destitución de Mnangagwa, que mantiene fuertes vínculos con el Ejército y los veteranos de la independencia, grupo de poder en el país, ha sido el detonante de la intervención de los militares, con el general Constantino Chiwenga al frente. “La lógica política”, afirma en un videoanálisis Derek Matyszak, del centro de análisis Instituto para el Estudio de la Seguridad, con sede en Pretoria, “sugiere que la intervención militar será corta y que una vez que se aseguren de que Mnangagwa asume la presidencia, volverán a los barracones”.

La posible hoja de ruta, según Matyszak, pasaría por la vuelta de Mnangagwa a la vicepresidencia para que, una vez que Mugabe renuncie al cargo, pueda asumir el poder en un proceso transitorio, de un máximo de 90 días, en el que el ZANU-PF debiera elegir nuevo líder en congreso extraordinario. El exvicepresidente, que salió del país por presuntas amenazas de muerte tras su cese, ha regresado en las últimas horas.

Por el momento, Mugabe sigue siendo, al menos sobre el papel y de acuerdo a la versión del Ejército, el presidente del país y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Pero su escasa popularidad, tras 40 años en el poder, y la marcha de la economía, de nuevo abocada a la hiperinflación, han derivado en que ni partidos políticos ni sociedad civil haya condenado la intervención militar como "golpe de Estado". Tampoco ha llegado esa condena desde el extranjero. Solo la Unión Africana, presidida en la actualidad por el mandatario guineano Alpha Conde, ha afirmado que "nunca aceptará el golpe de Esta militar" y ha pedido la vuelta a la Constitución por la vía política.