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Kirkuk se suma al referéndum de independencia del Kurdistán iraquí

La provincia, rica en petróleo, es objeto de disputa entre el Gobierno de Bagdad y el autónomo de Erbil

El gobernador de Kirkuk anuncia este martes su adhesión al referéndum del Kurdistán.
El gobernador de Kirkuk anuncia este martes su adhesión al referéndum del Kurdistán. AFP

La Asamblea Provincial de Kirkuk ha decidido este martes que esa provincia de Irak participe en el referéndum de independencia convocado por la vecina Región Autónoma de Kurdistán para finales de septiembre. De los 26 diputados presentes, 24 han votado a favor (en su mayoría kurdos) y dos se han abstenido, aunque faltaban 15 miembros, ya que los representantes árabes y turcomanos han boicoteado la sesión. El resultado refleja la complejidad étnica de Kirkuk, una provincia rica en petróleo que la Constitución sitúa bajo control de Bagdad, pero los kurdos reclaman como propia y cuyo control ejercen en la práctica desde que la defendieron del avance del Estado Islámico (ISIS) en junio de 2014.

“Hoy es un día histórico”, ha declarado Ahmad Askari, jefe en la Asamblea de la Unión Islámica Kurda (un partido asociado con los Hermanos Musulmanes) que defendía la moción, citado por el portal de noticias Rudaw. Askari, que ha pedido a las autoridades kurdas que inicien cuanto antes los preparativos para el referéndum del 25 de septiembre, ha explicado el resultado favorable porque “Kirkuk es una parte inseparable de Kurdistán”.

En realidad, esa provincia cuyo subsuelo guarda una décima parte de las reservas de petróleo de Irak, es el principal de los “territorios en disputa” entre el Gobierno central y el autónomo. Los kurdos llevan reclamando Kirkuk desde el derribo de Saddam Husein en 2003. Sin embargo, la que ellos consideran su capital histórica, es también reclamada por árabes y turcomanos, y cuenta además con una pequeña minoría asiria (cristianos). Imposible establecer el peso demográfico de cada grupo (el último censo en 1957 cifraba en 178.000 los kurdos y poco más de 100.000, el resto). Los kurdos denuncian la arabización del siglo pasado y todos los demás, la influencia kurda de la última década.

De ahí, el boicoteo de árabes y turcomanos a todo lo que tenga que ver con el referéndum. No obstante, junto a los islamistas kurdos también han votado a favor de participar en la consulta tres diputados árabes, dos turcomanos y uno cristiano. Aunque los dirigentes de esas comunidades temen la absorción kurda, algunos de sus integrantes ven ventajas a la protección que les proporcionan los Peshmerga (soldados kurdos), tras la espantada que protagonizó el Ejército iraquí ante el avance del ISIS hace tres años.

Desde Bagdad se ha tachado la decisión de “ilegal e inconstitucional”. Kirkuk, recordaba Saad al Hadithi, portavoz del primer ministro, no pertenece a la región autónoma y, por lo tanto, “no puede tomar ese tipo de decisiones sin aprobación del Gobierno federal”. Pero la realidad es que ese mismo Gobierno tampoco ha cumplido el mandato de la Constitución de 2005 de organizar un referéndum para resolver la cuestión de los territorios en disputa antes de finales de 2007. Para las autoridades de Erbil—capital de Kurdistán iraquí—, la Carta Magna proporciona amparo legal a la consulta que están organizando.

En principio, ni es vinculante ni hay dudas sobre cuál va a ser el resultado. La independencia es una vieja y firme aspiración de los kurdos que sus dirigentes han contenido debido a la enorme oposición que genera en los países vecinos (y de EE. UU.). La existencia de importantes comunidades kurdas en Irán, Turquía y Siria hace temer un efecto contagio. Además, un Kurdistán independiente carecería de acceso al mar, por lo que su viabilidad depende de las buenas relaciones con su entorno.

Pero más allá de cuestiones legales y geoestratégicas, el referéndum constituye un pulso entre Erbil y Bagdad por el reparto del presupuesto nacional. A principios de 2014, el Gobierno central suspendió sus trasferencias al regional kurdo por el empeño de éste en vender directamente el petróleo que obtiene en su territorio, lo que puso a Erbil en una situación muy difícil al no poder abonar los salarios de sus funcionarios. La disputa sólo se desbloqueó parcialmente cuando Bagdad aceptó que Kurdistán exportará directamente parte de su petróleo, ante la necesidad de contar con su ayuda para hacer frente al ISIS.

Muchos observadores ven en la consulta una “carta política” con la que el presidente kurdo, Masud Barzani, buscaría oficializar su control de los campos de petróleo del oeste de Kirkuk, reforzando a su formación política, el Partido Demócrata de Kurdistán (PDK), frente a sus socios de Gobierno, pero rivales políticos, de la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK). “Es también una forma de distraer a los kurdos de los fracasos del Gobierno autónomo”, señalan fuentes de Gorran, un partido kurdo de oposición, que recuerdan que Barzani ha extendido su mandato sin pasar por las urnas en dos ocasiones desde 2009 y el Parlamento no se ha reunido desde 2015. El próximo noviembre están convocados comicios legislativos y presidenciales.

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