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Sarah Huckabee Sanders, la mujer con el trabajo más difícil de Washington

De 34 años e hija de un exgobernador conservador, sustituye al dimitido Spicer como portavoz de Trump

Sarah Huckabee Sanders, este viernes en la Casa Blanca
Sarah Huckabee Sanders, este viernes en la Casa Blanca AFP

En marzo, Sarah Huckabee Sanders frenaba la especulación sobre si algún día podría convertirse en secretaria de prensa y portavoz de la Casa Blanca. Lo hacía fiel a su estilo: a la defensiva. “¿Cuándo Eric Schultz salía en televisión alguien decía que John Earnest iba a ser despedido? ¿Se escribió alguna vez esa historia?”, dijo en referencia al portavoz y su adjunto durante la fase final de la presidencia de Barack Obama.

Cuatro meses después, la especulación se ha convertido en realidad. Sean Spicer no ha sido despedido. Ha dimitido después de que Donald Trump nombrara al financiero Anthony Scaramucci como jefe de comunicación de la Casa Blanca, el encargado de supervisar al portavoz y toda la estrategia con los medios. En señal de protesta, Spicer se ha marchado y el presidente ha decidido que Sanders pase de adjunta a portavoz oficial.

La designación culmina el meteórico ascenso de esta mujer de 34 años y madre de tres hijos. Ha pasado de ser una asesora en la sombra de su padre, el exgobernador republicano de Arkansas Mike Huckabee, a tener el trabajo más difícil de Washington. Ser la cara visible de un presidente que no tiene reparos en contradecir a sus colaboradores, que considera a los medios de comunicación el “enemigo del pueblo” y que desata incendios con sus mensajes en Twitter.

Será una transición sencilla para Sanders. Desde finales de mayo, ya era la portavoz de facto de la Casa Blanca. Señalado por Trump, Spicer dio un paso al lado. Sus choques constantes con la prensa y sus meteduras de pata lo habían convertido en demasiado protagonista para un presidente que rechaza verse eclipsado. Las ruedas de prensa diarias del portavoz, que eran un espectáculo de confrontación, fueron sustituidas por encuentros sin cámaras con periodistas. Y en la mayoría de ellos, quién habló fue Sanders.

Comparten con Spicer el estilo agresivo y desafiante, pero Sanders tiene una actitud menos condescendiente y sobre todo pierde menos la paciencia. “Seré tan abierta y transparente como sea posible humanamente”, dijo este viernes en su estreno como portavoz oficial en la sala de prensa.

Lo que no se espera es un viraje radical. Como Spicer y Trump, Sanders ataca sin piedad a los medios que considera críticos y se suma a la cruzada contra las supuestas “noticias falsas” que en el universo del presidente se traduce en cualquier información de su desagrado. En junio, protagonizó un encendido choque con un periodista que la interrumpió durante una rueda de prensa después de que ella acusara a los medios de no tolerar el más mínimo error de la Administración y esconder los errores de periodistas.

Pero, a diferencia de su predecesor, la nueva portavoz tiene más músculo político. Es el mundo en el que ha vivido desde pequeña gracias a su padre. “Siempre digo que cuando la mayoría de niños de siete u ocho años estaban fuera saltando a la cuerda, ella estaba sentada en una mesa en la cocina escuchando análisis de resultados de encuestas”, dijo en mayo Mike Huckabee, que fue gobernador de Arkansas entre 1996 y 2007 y que integra la corriente más religiosa de los conservadores.

Huckabee y su hija nacieron en Hope (Arkansas), el mismo pueblo en que lo hizo Bill Clinton, que fue gobernador del Estado antes de alcanzar la Casa Blanca. En cambio, Huckabee nunca logró cumplir su sueño presidencial. Lo intentó en 2008 y 2016, pero se retiró tras las primarias iniciales. A su lado, siempre estaba su hija Sarah.

Tras la suspensión de la candidatura de su padre, que aspiraba a la nominación republicana, ella se unió a la campaña de Trump. Trabajó como asesora del magnate inmobiliario el resto de la campaña y se ganó su confianza. Le atrajeron los paralelismos con el exgobernador. “Una de las grandes cosas que promovía mi padre era cambiar Washington, romper ese ciclo”, dijo. “Pensé que el componente de outsider [de Trump] era importante y pensé que tenía la habilidad de ganar y vencer a Hillary [Clinton]”.

Sanders empezó sus andaduras oficiales en política en 2004 al trabajar para la campaña de reelección de George W. Bush. Luego se mudó a Washington y trabajó para el Departamento de Educación durante la etapa del republicano. Y desde entonces ha permanecido en el universo político de la capital excepto para ayudar a su padre en sus aventuras presidenciales. Creó con su marido una consultora para asesorar a políticos en campañas electorales, lo que la ayudó a conocer la maquinaria y trastienda del poder.

Su papel en la campaña de su padre le valió que la revista Time la incluyera en 2010 en su lista de personajes influyentes con menos de 40 años. Entonces explicó que su héroe era su padre, con el que suele hablar cada día antes de las 6 de la mañana. “Me desafía cada día a ser una mejor persona y siempre le estaré agradecido por ello”, dijo.

Admitió sus diferencias ideológicas con el demócrata Obama, pero le elogió por poner en el foco la necesidad de ayudar a las familias monoparentales. Y cuando se le preguntó dónde se veía en cinco años, contestó: “No sé ni dónde estaré en cinco semanas, menos en cinco años. Pero si estoy todavía involucrada en política espero que nunca pierda de vista por qué me involucré en primer lugar”.

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