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El mexicano que persigue una declaración universal de la emigración

Bajo el mandato de la ONU, Juan José Gómez-Camacho tiene 500 días para que todos los países lleguen a un texto común. Ya ha conseguido consensuar tres palabras: “segura”, “ordenada” y “regulada”

Juan José Gómez-Camacho, representante de México en las Naciones Unidas.
Juan José Gómez-Camacho, representante de México en las Naciones Unidas.

“El 15% del dinero de los emigrantes se envía a sus países de origen; el 85% se queda en los de acogida. Acabemos con los mitos y prejuicios”. Desde hace tres meses, Juan José Gómez-Camacho, representante permanente de México en las Naciones Unidas, se encarga de una misión que parece imposible, que los 193 países de la ONU firmen un texto común sobre la emigración. Le quedan 500 días y solo les ha arrancado tres palabras de consenso. 

“Hace seis meses no teníamos nada”, explica, optimista, en Estoril, donde ha participado en unas conferencias sobre las migraciones. Nacido en Ciudad de México hace 53 años, Gómez-Camacho se dedica exclusivamente —conjuntamente con el representante de Suiza— a esta misión, encargada por la Asamblea General de la ONU, que tiene que acabar a finales de 2018. “El texto que salga tendrá la relevancia del conseguido con el cambio climático. Si es mediocre, perdurará durante mucho tiempo su mediocridad; por eso es importante la calidad del acuerdo”. 

El embajador se encuentra en una fase evangelizadora, una fase dedicada a eliminar prejuicios entre los mismos negociadores del texto.”La complejidad del fenómeno de la emigración crea múltiples interpretaciones. Es un fenómeno diversificado, político, psicológico, sociológico, económico; pero sobre todo es el único fenómeno transnacional. El problema no se resuelve con decisiones domésticas, sino con la colaboración entre países”. 

A Gómez-Camacho le cuesta pronunciar la palabra “problema”, prefiere calificarlo de “fenómeno” o de “círculo” que crea convulsiones no solo en el país de destino, sino también al de origen. “No hay países de acogida por un lado y por otro países de salida; todos somos a la vez países de emigrantes y de inmigrantes”. 

The New Arrivals

Cuatro millones de inmigrantes han llegado a España en dos décadas en avión, en patera o saltando la valla. Más de un millón de personas pidieron asilo en Europa el año pasado. EL PAÍS cuenta, en un proyecto de 500 días con los diarios The Guardian, Der Spiegel y Le Monde, cómo se adaptan estos nuevos europeos y cómo Europa se adapta a ellos. Una mirada a un fenómenos que está transformando España y el continente

De entrada rompe prejuicios sobre los 245 millones de personas que circulan por las fronteras el mundo. “No se dedican a quitar el trabajo de los autóctonos. La emigración es una fuente de desarrollo, produce enormes beneficios en el país de acogida. Son el 3,3% de la población mundial, pero producen el 9% de su riqueza”. 

En 2030 la fuerza laboral aumentará hasta 560 millones en el mundo, la mayoría en el África subsahariana y en el sur de Asia. Mientras que en estas zonas las personas con edad laboral aumentarán un 55%, en Europa caerán un 9%. “Los emigrantes —un 70% trabajadores van hacia esos países envejecidos y se convierten en un factor importante de estabilidad: aseguran el rejuvenecimiento de la población y aseguran el sistema de seguridad social pues con sus contribuciones sostienen el pago de pensiones a un creciente número de jubilados autóctonos”. 

El futuro texto no distinguirá entre tipos de emigración ni contemplará sanciones o amenazas, “de haberlo pretendido ya hubiéramos fracasado”. En eso se han puesto de acuerdo. Tampoco mencionará la cuestión de los refugiados. “En el triángulo de Honduras, Guatemala y Panamá hay violencia, pobreza, sequías naturales por el cambio climático. ¿Las personas que abandonan esos países son refugiados? Lo que no hay duda es que tienen que salir de sus países a la fuerza; son emigrantes, en eso nos centramos”. 

El diplomático mexicano promete un documento práctico, que defina acciones concretas, que logre cambios en la situación del emigrante y en la forma en que los Gobiernos la encaran, aunque para prevenir la emigración propone un único remedio: “el desarrollo del país de origen; asegurar su crecimiento económico es la mejor medicina”.

El misionero de lo imposible no quiere sacar a relucir políticas ni personajes concretos, ni a Trump, que se empeña en levantar la valla en Río Grande, ni a Farage, el xenófobo británico con el cual compartió púlpito horas antes. “La fuerza del Pacto por la Emigración es que sea global; de nada valdría que lo firmara solo un grupo de países”. 

En diciembre, los representantes de las distintas naciones se reunirán en la ciudad mexicana de Guadalajara para intentar escribir el primer borrador. “De momento hemos logrado el consenso con tres condiciones: la emigración ha de ser segura, ordenada y regulada. Tres palabras; pueden parecer pocas, pero son tres grandes pasos”.

El proyecto The New Arrivals está financiado por el European Journalism Centre con el apoyo de la Fundación Bill & Melinda Gates.

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