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El enviado de la ONU para el Sáhara presenta su dimisión

Christopher Ross ha recibido muchas críticas de Marruecos a lo largo de sus ocho años en el cargo

Christopher Ross junto al exsecretario general de la ONU. Ban Ki-moon, en 2009.
Christopher Ross junto al exsecretario general de la ONU. Ban Ki-moon, en 2009.

El estadounidense, Christopher Ross, de 73 años, ha presentado su dimisión como enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, tras ocho años en el cargo, según, señaló este lunes el responsable de Asuntos Políticos de la ONU, Jeffrey Feltman. “[Ross] no ha podido llevar a las partes de vuelta a las negociaciones y por ello, con la elección de un nuevo secretario general, ha ofrecido su dimisión”, señaló Feltman en declaraciones recogidas por la Agencia EFE. Será por tanto el nuevo secretario, Antonio Guterres, el encargado de aceptar la dimisión. De momento, Ross continúa en su puesto.

Ross, era un alto funcionario del Departamento de Estado en Washington y había sido embajador en Siria y en Argelia. Las tensiones con Marruecos llegaron después de que Ross se reuniera con varias organizaciones independentistas que denunciaban violaciones de los derechos humanos. Al mismo tiempo, en 2012, la Administración del presidente Barak Obama reclamó que la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso) pudiese supervisar en la zona el respeto de los derechos humanos. La propuesta no prosperó gracias a la oposición de Francia, Rusia y España. Ross quedó marcado en Rabat, de la misma manera que había sucedido en 2004 con el exsecretario de Estado de EE UU, James Baker, quien también tuvo que renunciar como mediador.

En aquella época, el entonces ministro español de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, se sumó a las críticas de Marruecos hacia Ross: “Sería bueno que [Ross] avanzase en el dosier [del Sáhara Occidental] más rápido y se centrase en los temas centrales de ese dosier en vez de perderse en temas accesorios”. Ante la insistencia de Ban Ki-moon por respalda a su enviado, Marruecos terminó aceptándolo de nuevo, pero el recelo permaneció latente. De hecho, desde 2015 Marruecos le había vetado su presencia en el Sáhara Occidental.

El conflicto del Sáhara Occidental, que permanecía en el olvido para buena parte de la comunidad internacional, ha cobrado relevancia después de las tensiones que se han vivido desde el pasado agosto en la zona tapón de Guerguerat, una franja de unos cinco kilómetros entre Mauritania y el muro construido en el desierto por Marruecos. La franja está considerada como tierra de nadie. Pero el pasado agosto Marruecos decidió acometer unas obras de asfaltado y el Frente Polisario desplazó más soldados a las zonas. En las últimas semanas ambas partes se encontraban apenas separadas por 120 metros de distancias.

El rey de Marruecos, Mohamed VI, llamó por teléfono a Antonio Guterres el viernes 24 de febrero para que detuviese las “incursiones repetidas de elementos armados del Polisario” y de sus “actos de provocación”. El monarca solicitó a Guterres que tomase las medidas urgentes y necesarias” para poner fin a una “situación inadmisible”. Las fuerzas del Polisario en la zona estaban impidiendo el paso a los camiones provenientes de Marruecos que lucían en su exterior el mapa del reino alauí con el territorio del Sáhara Occidental incorporado, como suelen representarse todos los mapas en Marruecos.

La respuesta de Guterres a esa llamada fue conminar a las partes a hacer todo lo posible por rebajar la tensión en la zona. Mohamed VI respondió a las 48 horas, el pasado domingo 26 de febrero, ordenando la retirada de las tropas de Guerguerat. Sin embargo, el Frente Polisario decidió mantener las suyas por entender que el caso de Guerguerat no es aislado y forma parte de un conflicto que “debe ser resuelto a través del referéndum de autodeterminación acordado en 1991”, según expresó en un comunicado el Ministerio de Exteriores de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).